Cuatro mujeres que se han apoderado de las barras boricuas
Desde veteranas hasta la nueva generación curiosa e inquieta, nos cuentan sus historias, motivaciones, inspiraciones y retos.
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Es un escenario, pero también un confesionario, una escuela, un refugio y, para muchas, su segundo hogar.
Las mujeres, poco a poco, han tomado su lugar en las barras, un territorio que, por mucho tiempo, fue casi exclusivo de hombres.
Hoy, en Puerto Rico, se han convertido en las protagonistas de experiencias que mezclan arte, hospitalidad, sabor, orgullo patrio, pero, sobre todo, una resistencia que abre oportunidades a las que vienen detrás.
“Quiero aportar”
Para Joy Figueroa, la barra es sinónimo de familia, de lealtad. Lo experimentó desde el inicio, cuando con 18 años se iba con sus primos a Café Seda, en el Viejo San Juan.
“Ellos tenían la llave”, recuerda. “En aquel entonces, 1999, no había muchas mujeres”.
Quería ser bióloga marina, pero le encantó la industria, la gente, y construyó una carrera que la ha llevado por Miami, Hawái y Las Vegas.
Para crear cocteles, se inspira en “las historias, en los sabores de la niñez, en lo tropical”. Por eso, el coco siempre está presente.
Cuando está detrás de la barra, busca que se cree un “intercambio de energía”, que se lleven “el buen recuerdo de un ser humano”, que se vayan contentos y felices. “Eso es lo importante para mí”, menciona.
Quizás, por eso, sus retos como mujer han sido más internos. “Pasar por la menopausia tras la barra es lo peor”, afirma.
Hace apenas unas semanas, Joy regresó al país. Y desde el restaurante Andaluz, tiene ganas de compartir lo vivido en sus 28 años de experiencia.
“Quiero aportar, estar presente, ser un recurso, apoyar las barras, el talento nuevo, mostrarles el camino, lo que a mí me funcionó”, sostiene.
“Estoy muy orgullosa”
Esa chispa de mentoría también mueve a Manisha López Mojica, cuya trayectoria de 25 años refleja tenacidad.
Era adolescente cuando, por insistencia, la contrataron en una bodega en Nueva York. Comenzó cocinando bacon. Pero “sabía que quería bregar con gente, hablar con gente”. Hasta que logró llegar a la barra.
“Esta industria me pagó la universidad”, cuenta.
Aunque luego trabajó en el mundo corporativo, buscaba turnos en bares los fines de semana.
“Cuando complací todos los sueños de mis papás, a mis 30, dije: ‘Me voy a Puerto Rico’”, narra.
Durante sus vacaciones en la isla veía la construcción del hotel Condado Vanderbilt. “Quiero trabajar ahí”, pensaba. Insistió hasta conseguir la entrevista. Y la contrataron.
“Siempre ha sido un reto ser mujer”, acepta. Los clientes la obviaban e iban “directo a los hombres”.
Hoy, siente satisfacción del reconocimiento que ha recibido por su talento. Pero no baja la guardia. Sabe que, aunque el ambiente ha cambiado, las jóvenes aún enfrentan obstáculos.
“Por eso, siempre quiero apoyarlas”, dice. “Estoy muy orgullosa de las mujeres boricuas en la coctelería. Han llevado nuestra cultura mundialmente. Me alegra que se estén poniendo fuertes”.
Cuando desarrolla sus tragos, busca retos y balance, pero su meta es la hospitalidad absoluta.
“Quiero que mis clientes se quieran quedar, que digan: ‘Wow, está tan bueno y eres tan chévere, dame otro, haz lo que quieras’”, puntualiza desde AWWA, donde es gerente de operaciones.
“Todos merecen el mismo amor”
Y si la barra es un escenario, como asegura Roxy Eve Narváez Santiago, entonces ella es la bailarina principal.
Con una carrera de dos décadas, que la ha llevado desde Nueva Orleans hasta Vietnam, integra su formación en danza con la coctelería.
“Es entender que estás en una tarima, que eres una presencia y que siempre te están observando”, destaca.
Comenzó en 2006, en nightclubs de Nueva York, cuando las mujeres “eran solo figuras, decoración”.
Le gusta usar ingredientes de temporada, locales, innovativos, pero también clásicos. Y, si amanece “aventurera”, busca desde la barra de SatoFino, “empujar los límites del sabor”.
“Como mujeres, nuestra existencia en los espacios empuja esos límites”, reflexiona.
Admira a matriarcas como María Antonia Cay, conocida como “Toñita”, la “leyenda que creó el Caribbean Social Club”.
Pero acepta que no todo es brillo. Señala microagresiones: desde uniformes que no se adaptan al cuerpo femenino hasta barras diseñadas físicamente para hombres.
No obstante, celebra que Puerto Rico esté “superadelantado a otros lugares de Latinoamérica y Estados Unidos en la visibilidad de mujeres con inteligencia, capacidad y elegancia”. Lo que llama “la trifecta”.
Para ella, el servicio siempre prima. No importa quién se siente delante.
“Tú puedes servir una cerveza igual de elegante que un martini, que un champán”, declara. “Todo el mundo merece el mismo amor”.
“Hay comunidad”
De la nueva generación, Kitzia “La Gitana” Torres representa a la juventud que llega a aportar magia, optimismo.
Con 23 años y sensibilidad artística, ha convertido la barra en un espacio multisensorial. Se inspira en los rituales diarios, en las plantas medicinales que sembraba su bisabuela, en el palo santo, el incienso y los humos.
“Es más lo que provoca”, argumenta. Porque para Kitzia, el coctel es un vehículo hacia el temple, hacia la paz. “Más allá de alcoholizarnos, es la experiencia”.
Le gusta “leer a la gente”. Decirles: “Pienso que necesitas un whisky a la roca porque te ves de la pinga’”, suelta y ríe.
Ha sufrido el machismo y el mansplaining de quienes la subestiman. “Por qué no le diste tu número, si te iba a dejar más propina”, le ha dicho una gerente.
Encontró la coctelería por casualidad. Cuando hace cinco años decidió que su vida necesitaba un cambio. Pero en su corta carrera, con paradas en Escocia, Las Vegas y España, su nombre ha subido como las burbujas.
Por eso, mira hacia el futuro con hambre. “En diez años, voy a tener mi barra. Se llamará La Gitana”, adelanta.
Aunque sabe que el camino no es fácil, se enfoca en construir. “Hay comunidad, hay unión”, resalta.
Coctelería por una buena causa
Estas cuatro mixólogas participarán de la edición de verano del Puerto Rico Cocktail Week, del 24 al 26 de mayo en el hotel Wyndham Palmas Beach, en Humacao.
Por segundo año consecutivo, el evento se moverá al este del archipiélago para descentralizar el impacto de la industria y fortalecer el desarrollo profesional fuera del área metropolitana.
La plataforma, considerada una de las principales vitrinas de la coctelería caribeña, busca elevar el talento boricua a nivel internacional, mientras impulsa el bienestar de sus trabajadores.
Por eso, además de reunir a figuras de la industria, como la ganadora del World Class Bartender of the Year, Kaitlyn Stewart, parte de los esfuerzos irán dirigidos al fondo de emergencia Tip Jar, creado para ofrecer ayuda económica y emocional a los obreros de la hospitalidad en momentos de crisis.


