¿Por qué decirle “pu…” a una mujer es un insulto repudiable?

Por José R. Pagán / Para Primera Hora 07/13/2019 |02:43 p.m.
Ante las serias implicaciones de que haya sido el Primer Ejecutivo quien la haya usado, la palabra en cuestión ha ganado presencia en muchas plataformas de comunicación. (Archivo)  
Conoce el origen de la palabra y cómo evolucionó con el tiempo.

Hay palabras que se perpetúan en la historia de los pueblos, según el contexto en que son usadas y, no menos importante, quién hace uso de ellas como parte del discurso colectivo. En nuestra Isla, hace varios días, se menciona con insistencia un vocablo compuesto por cuatro letras, una “p” al principio y una “a” al final, que fue usada por el gobernador Ricardo Rosselló para referirse en un chat a Melissa Mark Viverito, expresidenta del Concejo Municipal de Nueva York. 

Sin duda, se trata de un término con una carga negativa indiscutible, con un gran matiz de uso despectivo y que, en muchas ocasiones, como esta, ha sido usado con la mera intención de insultar, aunque la mujer a la que se haga referencia no responda a la realidad literal del término.

No obstante, ante las serias implicaciones de que haya sido el Primer Ejecutivo quien la haya usado, y ante el disgusto general que esto ha provocado en la ciudadanía, la palabra en cuestión ha ganado presencia en muchas plataformas de comunicación. Las preguntas que pueden saltar al aire para algunos son: ¿Cuál es el origen de este vocablo? ¿Por qué se asocia a connotaciones tan poco positivas? ¿Cómo se ha convertido en una forma de insulto a través del tiempo?

Lo cierto es que, según la Real Academia de la Lengua Española, es incierto el origen de esta palabra, sin embargo, hay versiones muy interesantes al respecto. Una de ellas apunta a que se deriva del italiano putta, que quiere decir “muchacha”, así como también se plantea que se derive del latín putida, que significa “podrida”. Esto como referencia al hecho de que las mujeres que practicaban la prostitución solían tener mal olor en sus cuerpos.

De acuerdo con el doctor Miguel Casas Gómez, especialista en linguística, la palabra en cuestión se convirtió hace siglos en un eufemismo, es decir, en una expresión más suave o decorosa con que se sustituye otra considerada de mal gusto, grosera o demasiado franca. Antes se hablaba de “mujer pública” en referencia a las mujeres que practicaban la prostitución, luego se dió paso al uso de la palabra “puta”. Es un caso parecido a la palabra “viejos”, que luego quedó sustituida en el lenguaje políticamente correcto por “ancianos”, que a su vez se volvió negativa. Llegó entonces “personas de la tercera edad”, que tienen una carga semántica más liviana.

El Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico de Joan Corominas coincide en que procede de la palabra puttaputto (muchacho), en referencia a los individuos a los que ya en la época romana se les asociaba con la prostitución. En varias publicaciones digitales los filólogos clásicos asocian la palabra con la expresión “chica de la calle”.

De acuerdo con la versión digital de la revista Muy Interesante, en un análisis respecto al origen de los insultos, se ignora cuándo la palabra adquirió una carga peyorativa tan grande, pero lo cierto es que está entre los insultos más ofensivos del español.

¿Por qué dicho término representa una gran ofensa para una mujer? Por que viene a ser una forma muy poderosa de devaluar el concepto femenino, afirma Valeria Villa, especialista en narrativa.

Por otro lado, si bien la palabra está asociada a la prostitución, Ana Almeida, activista por los derechos de la mujer en Ecuador, plantea que la misma se utiliza como castigo ante cualquier acto de libertad y decisión que las mujeres tienen con su cuerpo y su vida. Almeida explica que este término es un insulto que ha tenido que ver siempre con la libertad sexual de las mujeres.

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