Miami. El partido había terminado. Al igual, finalmente, que el viaje de Al Horford. Logró el que sería el último rebote de la final de la Conferencia Este, lanzó el balón hacia lo alto, corrió para unirse a sus compañeros de equipo en l festejo y luego se arrodilló para golpear el suelo.

Ha llegado su hora.

El jugador de mayor edad, por seis años, en el plantel de los Celtics de Boston disfrutará este viaje a la final de la NBA de una manera que sus compañeros de equipo simplemente no pueden. Por fin estará en una serie por el título, con los Celtics listos para iniciar el duelo contra los Warriors de Golden State el jueves por la noche, un día antes del cumpleaños número 36 del dominicano.

“Nadie se lo merece más”, aseguró el base Jaylen Brown, de Boston.

Ningún jugador en la historia de la NBA ha estado en más partidos de playoffs sin llegar a la final que Horford. La victoria de 100-96 del domingo por la noche en Miami para asegurar el título del Este fue su 141ra aparición en la postemporada. Cuando el balón sea lanzado en San Francisco para el inicio del choque Celtics-Warriors, esa dudosa distinción será para Paul Millsap, que ha estado en 130 juegos de playoffs y ninguno en la final.

Horford no sabía cómo se sentiría llegar a una final. Resulta que fue mejor de lo que imaginó.

“Simplemente no sabía cómo actuar”, dijo Horford. “Simplemente absorto, emocionado. Mucho trabajo duro. He formado parte de muchos equipos grandiosos, muchos compañeros grandiosos y me siento muy orgulloso de este grupo... Estoy realmente agradecido de hallarme en esta situación”.

El dominicano tuvo un periodo previo de tres años en Boston, llegando a la serie final del Este dos veces, antes de firmar con Filadelfia y posteriormente mudarse a Oklahoma City. No jugó mucho con el Thunder, y fue canjeado el verano pasado a Boston, un cambio que funcionó mejor de lo que los Celtics esperaban.

Sus promedios en lo que va de estos playoffs: 11.9 puntos, 9.6 rebotes y 3.5 asistencias jugando casi 37 minutos por partido.

“A Al no le importan los números”, dijo el escolta de los Celtics, Marcus Smart. “Se preocupa por las victorias y por este equipo”.

Horford no es el mejor elemento de Boston. Pero no se equivoque: él es el líder. En las prácticas, los tiempos fuera, el vestuario, donde sea, resuena su voz.

Hacerse del título del Este fue bastante difícil, al tener que doblegar a un sembrado número uno como Miami y ganar un séptimo encuentro fuera de casa.

Pero eso es sólo una parte de la historia.

Horford no estuvo en el sexto partido del viernes por la noche, cuando los Celtics tuvieron la oportunidad de asegurar la serie como locales, y por razones comprensibles. Su abuelo murió el día anterior, si bien los integrantes de su familia instaron a Horford a seguir jugando.

Hubo pena. Hubo alegría. Los últimos días han sido un péndulo emocional para Horford.

Pero tal vez fue apropiado que el boleto para la final de la NBA le llegara en Miami, dado que jugó a nivel universitario en Florida y es un héroe en su República Dominicana natal, donde muchas personas se han convertido nuevamente en aficionados de los Celtics gracias a él.

Sin embargo, en poco tiempo ya estaba pensando en el futuro. La celebración en Miami tenía que terminar. Un nuevo desafío, el máximo para un basquetbolista, el de un título de la NBA, lo espera.

Finalmente.