El impacto provocado por el COVID-19, que aún a algunos puede parecerle irreal y lejano, tocó muy de cerca el hogar del armador puertorriqueño de la Selección Nacional, Iván Gandía, a pesar de encontrarse este a miles de millas de distancia de Puerto Rico.

Gandía debutó como profesional en la liga de Chipre luego de que su proyectado estreno en el Baloncesto Superior Nacional (BSN) se viera abortado en marzo pasado cuando el torneo se detuvo por meses debido a la pandemia. Y por allá, activo con el club AEL Limassol a más de 6,000 millas de la isla, el jugador de 23 años recibió la llamada que nadie desea escuchar. Su madre Myrtha Rosa, de 62 años, falleció de COVID-19 hace tres semanas, el 30 de enero.

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“Ella cayó enferma, y tan pronto llegó al hospital le hicieron la prueba de COVID-19 y salió negativo. Se mejoró y estuvo a punto de que la dieran de alta. Como a los dos o tres días de que la dieran de alta, ese mismo fin de semana se volvió a poner malita, y le volvieron a hacer la prueba y ahí salió positivo”, contó a este medio, Gandía, quien vio acción el viernes en el triunfo 80-70 del Equipo Nacional sobre México, en el inicio de la tercera y última ventana de FIBA, clasificatoria al AmeriCup 2022, que se juega y concluye esta noche en la burbuja del Coliseo Roberto Clemente con partido ante Bahamas.

“Yo estuve por allá (Chipre) todo ese rato, y después en el fin de semana yo tenía juego ese día, jugué y regresé. Y me dieron la llamada (sobre el fallecimiento de su madre)”.

Si difícil fue la noticia del contagio de su madre con COVID-19, más lo fue enterarse luego de su muerte y no poder viajar de inmediato a la isla para estar con su padre y sus hermanos.

“Estuve par de días de la próxima semana y ahí fue que regresé”, contó Iván, quien tiene un hermano y una hermana en la isla, y se juntó con ellos a su regreso, al igual que con otro hermano que reside en Carolina del Norte y viajó al mismo tiempo que el jugador el primer fin de semana de febrero.

Irónicamente Gandía tenía proyectado viajar a Puerto Rico en febrero para el compromiso de la Selección en el Clemente, pero su viaje tuvo que adelantarse por la razón menos esperada.

“De las peores cosas… es una sensación bien rara. Porque la mente es bien poderosa”, dijo sobre las emociones que sintió de recibir la noticia de que su madre había muerto y no poder viajar de inmediato. “Pero gracias a Dios yo tengo a mi familia y amigos que siempre han estado ahí para ayudar a uno. Y también el baloncesto me ayuda demasiado y es lo que ha mantenido mi mente despejada en este tiempo”.

“Y es lo que ella hubiera querido (que juegue)”, agregó Iván, recordando que fue su madre, y su padre José Gandía, quienes lo carreteaban de cancha en cancha cuando era un niño y un juvenil en el básquet. “Y si es lo que ella hubiera querido, tengo que ser fuerte mentalmente”.

Así lo ha demostrado con temple el jugador de 6′0″ de estatura. Primero porque se reportó a las prácticas de la Selección el 9 de febrero, pocos días después de arribar a la isla. Y este viernes en la noche entró en cancha, y aunque solo participó en poco más de seis minutos de acción, lo hizo en momentos cruciales del choque contra México y ayudó en una importante jugada defensiva en que dobló al hombre grande contrario, Gustavo Ayón, para que este perdiera el balón. Gandía también controló el balón durante el tiempo que estuvo en cancha y realizó una asistencia.

Gandía venía de ser en noviembre uno de los jugadores más destacados en la segunda ventana celebrada en Indianápolis. En el revés ante México vía paliza 81-56, el armador novel anotó 23 puntos para ser la nota positiva del combinado boricua.

En Chipre, donde dijo que ya concluyó su participación, tuvo números importantes en su debut profesional, con 13.4 puntos por partido, 5.6 rebotes y 5.1 asistencias en un total de 15 desafíos. La temporada no ha concluido pero su equipo ya está eliminado y la gerencia lo liberó de su contrato entendiendo por el momento que está pasando junto a su familia.

Gandía tiene resumé como jugador de los programas nacionales pues representó a la isla en diversas competencias juveniles, hasta que su estreno con la Selección adulta se concretó en 2019, y en grande, como parte del equipo que consiguió la medalla de plata en el básquet de los Juegos Panamericanos de Lima, Perú.

El recuerdo de su madre le inspira a continuar

Su deseo por representar a la isla, y sobre todo saber que está haciendo lo que su mamá quería para él, le da fuerzas para continuar.

“Mi mamá y mi papá dejaron de hacer sus cosas para estar pendientes de sus hijos. Sé que los sacrificios que hicieron no se van a ver en vano”.

El presidente de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, licenciado Yum Ramos, tuvo palabras de reconocimiento hacia Gandía por su entereza en el difícil momento que atraviesa, y reconoce que tenía razones de sobra para pedir que lo excusaran de su compromiso con la Selección.

“Por supuesto. Yo creo que los seres humanos que hemos vivido esta pandemia nos hemos visto afectados de una manera u otra. Ya sea física o emocionalmente. El perder a un ser querido durante la pandemia, y aún asi seguir adelante con su compromiso con el Equipo Nacional, no hay palabras que se puedan usar para describirlo. Es un compromiso, entrega, deseo de mantenerse con el Equipo Nacional. Él llegó, estuvo varios días con su familia y se reportó a las prácticas. Hablé con él y es un muchacho bien maduro y centrado. Esto demuestra lo que es tener compromiso”, declaró Ramos.

Iván Gandía (10) al centro junto al veterano armador José Juan Barea, en una foto posada del Equipo Nacional en el Coliseo Roberto Clemente, previo a su partido ante México.
Iván Gandía (10) al centro junto al veterano armador José Juan Barea, en una foto posada del Equipo Nacional en el Coliseo Roberto Clemente, previo a su partido ante México. (FIBA)

Refrigerio emocional la Selección

Para Gandía estar con los compañeros de la Selección ha sido medicina para el dolor. Sobre todo la experiencia de compartir cancha con exenebeístas a quienes admiró siendo un niño, como José Juan Barea, quien sigue activo en el básquet, y Carlos Arroyo, quien ahora funge como asesor de la Federación con la Selección, se ha convertido para el novato en un bálsamo.

“Yo le estaba hablando eso mismo a mis hermanos, que he jugado con muchos jugadores en contra que son de la NBA. Y el que me tenía sintiendo como un chamaquito era Barea, y después entrenando también junto a Arroyo”, dijo Gandía en un tono más alegre, y refiriéndose a la emoción de tener cerca ahora a quienes admiraba antes través de la televisión o sentado desde una distante silla de las gradas. También dijo sentirse privilegiado de estar cerca a un jugador del nivel de Shabazz Napier, también armador con experiencia en la NBA que debutó el viernes con la Selección, y junto al escolta Gian Clavell, a quien conoce desde que ambos eran jovencitos.

“Son jugadores que yo crecí viendo, jugando profesional y en los niveles más altos del baloncesto. Y que ahora me estén llamando por mi primer nombre…”, concluyó emocionado.