“No quiero que me cojan pena”: Ramses Meléndez comparte lo que es vivir con alopecia
El jugador de los Capitanes revela cómo ha enfrentado la condición y busca crear conciencia en la isla.
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Antes de hablar con alguien o cuando una ráfaga de viento se cruza en su camino, el canastero Ramses Meléndez se acomoda instintivamente su cabello hacia el frente.
Lo hace casi sin pensarlo. Es una costumbre que desarrolló desde que la condición de alopecia areata lo acompaña.
Durante años, ese movimiento mínimo ha sido parte de una batalla personal que pocos conocían. Aunque nunca permitió que la enfermedad definiera su carrera ni su vida, sí aprendió a convivir con las preguntas, las miradas y los comentarios.
Sentado en el camerino de los Capitanes de Arecibo del Baloncesto Superior Nacional (BSN) en el Coliseo Manuel “Petaca” Iguina, el alero conversó abiertamente con Primera Hora de lo que durante mucho tiempo prefirió mantener en silencio.
Sin deseos de buscar lástima, ni justificar ofensas que escucha desde las gradas, Meléndez solo quiere educar.
“Yo no quiero que me cojan pena. No quiero decirle a la gente que paren de decirme cosas porque son fanáticos, a cualquier persona le van a decir algo”, sostuvo Meléndez.
“Lo único que yo diría es que estuvieran un poco más informados. A veces las personas no saben por lo que uno está pasando”, agregó el jugador, de 23 años.

Según MedlinePlus, la alopecia areata es una afección que provoca la pérdida de cabello en parches redondos y, en algunos casos, puede progresar hasta causar la pérdida total del pelo. Se considera una enfermedad en la que el sistema inmune ataca por error los folículos pilosos sanos. Aunque algunas personas tienen antecedentes familiares de la condición, también puede manifestarse tras eventos o situaciones traumáticas de alto estrés.
De acuerdo a la fundadora de la fundación Alopecia PR, Zenaida Colón, el 2% de la población de Estados Unidos, incluyendo Puerto Rico padece de alopecia areata. En su organización, indicó a este medio se han acercado sobre 80 pacientes con este tipo de alopecia.
La primera vez que el arecibeño fue diagnosticado tenía apenas seis años.
“Fue un momento muy inesperado, era chiquito, apenas estaba empezando a jugar mis deportes y ser diagnosticado con eso fue un momento un poco fuerte para mi familia”, relató.
Aunque de niño encontraba refugio en el baloncesto, sus padres sufrían las miradas de otras personas alrededor. Meléndez sobrepasó tratamientos, visitas médicas y dolorosas inyecciones en el cuero cabelludo con el propósito de estimular el crecimiento del cabello.

“Me inyectaron en donde tenía los parches en la cabeza. Pasé unos tratamientos, muchos líquidos para la cabeza. Me acuerdo que el aceite más grande creo que era el de mosca, era como azul y me lo untaba todos los días con mami. Íbamos a la iglesia y el pastor oraba.”, relató.
“Fue un tratamiento muy extenso, fuerte para mami y papi por verme llorar en la silla con la doctora. No quiero que ningún padre ni madre pase por eso con su hijo porque es algo que tú no puedes explicar... Una doctora poniéndole una inyección en la cabeza a tu hijo es fuerte y más para el niño que no sabe lo que está pasando”, añadió Meléndez.
La alopecia, relató, llegó a afectar su autoestima hasta el punto de evitar salir de su casa para que no lo miraran.
“Sentía que el estrés con la caída del cabello se acumulaba a un tope mucho más grande y eso no ayudaba. Se me está cayendo el pelo, y ahora la gente me está mirando, eso causa otro nivel de estrés que es inexplicable que un niño tenga”, dijo.
“Había veces que no quería salir de la casa porque no quería que la gente me mirara. Mami quería ir al supermercado y le decía que me quería quedar en casa”, continuó.
Tras más o menos un año de tratamiento, el cabello volvió a crecer, por lo que pensó que aquella etapa había quedado atrás. Pero no fue así.
Recaída
Mientras cursaba estudios universitarios en la Universidad de Illinois, la condición reapareció. El estrés de combinar estudios, adaptación a una nueva vida y exigencias como atleta en la NCAA División I provocó una recaída en 2021.

“Estaba solo por allá, era mucha presión y la escuela era un poco difícil. En el baloncesto, era mi primer año y no me estaba yendo tal vez como quería. Todo ese nivel de estrés se acumuló y poco a poco lo fui aguantando, pero se empezó a reflejar en el pelo de nuevo. Los parchitos atrás, en el lado, y arriba se empiezan a formar los parches en la areata, como se forman en el juego, que se ven”, aseveró Meléndez, quien en su año de novato promedió 3.8 puntos, 1.7 rebotes y 0.7 asistencia.
“Es todo a causa de estrés, que son cosas que a veces uno puede controlar, pero a la misma vez no”.
La recaída no solo afectó su apariencia física sino que removió inseguridades que creía superadas.
“Pensé que ya había salido de la alopecia, que ya el pelo había crecido por completo y no iba a tener más nada de esto. Empiezo de nuevo a ver los síntomas, a ver las caídas de pelo, y fue fuerte. No quería hablarlo. No se lo quise decir a mami mucho, pero cuando lo vieron se preocuparon... No sabía hacia dónde iba a ir mentalmente en ese momento”.
Actualmente, Ramses sigue un tratamiento natural con una tricóloga en Aguadilla y asegura haber notado mejorías. Sin embargo, su mayor fortaleza sigue siendo la misma que tuvo desde niño, el apoyo incondicional de su familia.
“El apoyo de mi familia, siempre ha estado ahí y ha sido lo más grande para yo poder absorber todo esto y usarlo como una manera de llevar un mensaje a las personas”, manifestó el también jugador de la Selección Nacional de Baloncesto.
Lo más duro del BSN
Durante esta temporada en el BSN, Meléndez ha escuchado desde las gradas contrarias comentarios relacionados con su apariencia.
“Los mayores son como que ‘aféitate’, ‘ya suelta el pelo’. Si fallo un tiro, dicen ‘lo fallaste por los pelos que te faltan’. Hay muchos más, pero no quisiera entrar en detalles. Son cosas que uno escucha y uno está en juego, pero que por la parte atrás de la cabeza, eso ‘maquinea’. El cerebro lo escuchó... Poder controlar toda esa emoción en un momento es fuerte, pero he podido manejarlo”, comentó.
No obstante, lejos de responder con coraje por lo que significa, además, ser un jugador profesional, decidió convertir el mal sabor en una oportunidad para crear conciencia. Recientemente colaboró con Alopecia PR en un proyecto educativo que espera presentar próximamente.
“Lo que quiero es llevar el mensaje sobre que la gente esté informada, que sepan lo que pasé. No quiero que seas una de esas personas que haga a alguien sentir mal porque nunca sabes cuándo te va a tocar a ti, a tu hijo o sobrino. Uno nunca sabe. El tiempo de Dios es perfecto y lo que va a pasar ya está escrito. No sería bueno que tú te estés mofando de una persona hoy día y puede ser que el año que viene las personas se estén mofando de ti”, mencionó Ramses.
“Que la gente entienda que no todo es a placer de ellos, hacerte reír o tratar de hacer algo por satisfacción de ellos... La gente debería tener un mejor corazón hacia las personas así porque nunca sabes cuándo te va a pasar”, agregó.
Aunque ha tenido que lidiar con comentarios hirientes, Meléndez aseguró que el respaldo de los fanáticos de los Capitanes también ha estado presente.
“La fanaticada de Arecibo ha sido el mayor apoyo... Que me esté peinando, arreglándome por el viento y alguien me diga, ‘tranquilo, no te preocupes por el pelo, nosotros te queremos igual, eso no es nada’, son cosas que me ayudan a mí a yo seguir dándolo todo y no meterme en un hoyo negro”, compartió.

Para Meléndez, compartir su historia tiene un propósito mayor que su juego de baloncesto, en el que registra 17.8 puntos, 5.1 capturas y 2.4 asistencias por cotejo.
“No hay que tener temor del pelo, de que la gente te esté mirando, nosotros somos únicos. Dios nos creó con un propósito y todo lo que está debajo del sol ya pasó. Así que si alguien ya pasó con alopecia y se ha hecho grande, no debería aguantarse a lo mínimo por lo que las personas dicen”, sentenció el baloncelista.


