Por poco más de una década, el delantero Ramón Rivas vistió la camiseta del Equipo Nacional y ayudó a la Isla a figurar entre las principales potencias mundiales durante su incumbencia, incluyendo un cuarto lugar en el Mundial 1990, una histórica presea dorada oro en los Juegos Panamericanos de 1991 y tres Juegos Olímpicos.

Era una aspiradora humana en los rebotes, un toro que amaba el contacto físico, el mollero que complementaba el ‘finesse’ de José ‘Piculín’ Ortiz y el ‘bouncer’ por excelencia de la Selección. El que osara meterse con unos de sus compañeros se las tenía que ver con Ramón. 

Sin embargo, a medida que su carrera llegaba al ocaso, el estilo de juego para hombres grandes comenzaba a evolucionar a fines de los 90’s con jugadores altos que abrían la cancha, lanzando distancia o atacando por tierra, como lo eran Kevin Garnett y Dirk Nowitzki y como hoy en día lo hacen otros como Draymond Green, Paul Millsap o hasta Giannis Antetoukompo.

Y con esa visión pretendió enfocar el desarrollo de su hijo Juan Ramón Rivas, hijo, quien ahora tiene 22 años y mide 6’10”, igual que él, pero es un canastero de una estirpe diferente pues no heredó tanto su corpulencia o amor por el golpe, pero pone el balón en el piso, ataca por tierra, mete el tiro exterior y saber crear para sus compañeros. O sea proyecta como un ‘tres’ y no como un centro para la Selección. Al momento, Juan Ramón lleva practicando tres semanas con la Preselección con miras a ganarse un espacio en el elenco que jugará en el Torneo AmeriCup. Hoy, de paso, se conocerá si su nombre fue incluido en el listado de 12 canasteros.

“Cuando empezó a jugar en Puerto Rico entrenaba en Borinquen y en la YMCA, y allí se acostumbró de pequeño a manejar el balón. Fue un ‘late-bloomer’. Creció tarde, al igual que yo. Era un jugador promedio en la ‘dos’ y la ‘tres’ en su adolescencia. Vino a crecer para su cuarto año y hasta creció dos pulgadas más mientras estuvo en la NCAA. Y su juego de perímetro lo ha ido adaptando a medida que ha crecido”, indicó Rivas, padre.

“Es un jugador bueno para esta época. En mis años en la Selección Nacional elevamos nuestro nivel cuando Jerome Mincy comenzó a jugar la ‘tres’ junto a ‘Piculín’. Teníamos la estatura para irnos de tú a tú con los de Europa en todas las posiciones. Y eso se daba hasta en la ‘uno’ y la ‘dos’ porque ‘Fico’ López era un 6’3” y Raymond Gausse un 6’5”. Creo que si mi hijo puede jugar y sobresalir en la ‘tres’ en la Selección nos daría ese tipo de pareo en estatura que necesitamos para poder irnos de cara a cara con todo el mundo”.

Tropiezos en la NCAA

Rivas Jr. no pudo hacerse justicia a nivel colegial debido a varias lesiones mientras cursaba estudios en UMKC y North Georgia, debido a una conmoción cerebral producto de un golpe a la cabeza en su primer año, una operación de un hombro en su segundo año y luego líos con una ‘fascitis plantar’, forzándolo a jugar solo 35 partidos durante su carrera colegial.

Sin embargo, este año se dedicó a entrenar de lleno en sus destrezas y su físico para tratar de compensar el tiempo perdido. “He estado trabajando el doble de duro desde que estoy saludable. Llevo cuatro meses entregado al gimnasio. Antes estaba más flaquito y no tenía poder para chocar. Ahora puedo irme de tú a tú con los muchachos en las prácticas. Y voy a seguir trabajando para estar más fuerte que nunca. Si vengo al BSN el año que viene quiero estar más preparado que todos”, dijo Rivas Jr.

“Siempre he sido un ‘tres’. En la NCAA querían ponerme de ‘cuatro’ o ‘cinco’, pero siempre he practicado mi tiro y mi manejo de balón. Estuve trabajando bastante con Carlos Morales, hijo, para afinar esas destrezas este verano. Puedo jugar de cuatro sin problemas en alineaciones pequeñas, pero prefiero jugar la ‘tres’, ser un problema de pareo para los otros y poder también ayudar en los rebotes desde esa posición”.

Por lo pronto, Rivas Jr. espera ser uno de los escogidos para jugar con Puerto Rico en el AmeriCup. De lo contrario, su padre ya le tiene un ‘Plan B’ para jugar en España si eso no se concreta. 

“Me gustaría que siguiera practicando con el Equipo Nacional todo el año. Si va con Puerto Rico al AmeriCup en Colombia y quizás a Argentina luego lo seguiría para el viaje de fogueo a China y entonces a las ventanas FIBA de noviembre y febrero”, dijo Rivas, padre.

“Si no se da eso lo enviaría a España donde puede jugar como europeo por yo tener pasaporte español. Tengo la conexión con el Saski Baskonia (donde Rivas jugó en los 90’s) y podría enviar a mi hijo a su equipo de División II. Es una opción que podríamos utilizarla este año o posponerla para el año que viene”.

Le gusta el talento

El mayor de los Rivas dijo sentirse complacido con lo que ha visto en el trío de pívots que componen Tyler Davis, Jorge Bryan Díaz y Carlos ‘Yao’ López y considera que la Isla está en buenas manos en esa posición. “Me gusta Jorge Bryan porque tiene destrezas, Tyler tiene el peso necesario para chocar con profesionales a nivel internacional y ‘Yao’ tiene juventud y experiencia. La cuestión es que ellos y el resto del grupo tengan el corazón y el compromiso de tener orgullo de representar esa bandera. Eso es lo que distinguió al grupo en el que yo estaba en los 90’s. Las prácticas eran guerra, todo el mundo quería hacer el equipo”.

Juan Ramón Rivas
Edad: 22 años
Estatura: 6’10"

Estudió a nivel colegial en la Universidad de Missouri- Kansas y en North Georgia.

En la NCAA solo acumuló 35 juegos debido a una operación de hombro y una plantar fascitis en un pie.

Esta es la primera vez que participa en el programa nacional de la Federación de Baloncesto.

Ramón Rivas
Jugó brevemente en la NBA con los Celtics de Boston en la temporada 1988-89, luego de participar a nivel colegial con la Universidad de Temple.

Tuvo una destacada carrera en el baloncesto de España en la Liga ACB, ganando una Eurocopa en 1996 con el Saski Baskonia y un título de la ACB con Bareclona en el 1997. También jugó en Grecia e Italia.

Fue una figura esencial en el Equipo Nacional, especialmente, en la década de 1990. Fue parte de la escuadra que logró el cuarto lugar en el Mundial de Argentina 1990.