La vida suele otorgar segundas oportunidades a personas que han tocado fondo y a veces esa ayuda llega en el momento menos esperado.

Por espacio de 25 años, el expelotero Ángel “Pitoco” Rodríguez vivió un infierno al estar sumergido en el mundo de las drogas, decisión que le costó su matrimonio, una vida estable y la oportunidad de, en algún momento, llegar a las Grandes Ligas.

Con 27 años de edad, Rodríguez cometió el error más grande de su vida al dejarse seducir por la cocaína, en lo que fue el inicio del fin de la carrera del otrora receptor.

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“La primera vez (que usé drogas) fue en el barrio donde nací (barriada La Caridad en Bayamón). Estuve viendo el transcurso de la cocaína, que la veía empacada y en bolsita. Seguí jugando hasta que caí, y cogí un vicio más fuerte (el crack), que me llevó a estar durmiendo en las esquinas, fuera de mi casa. Decaí demasiado”, expresó a Primera Hora Rodríguez, de 52 años, y quien lleva cerca de un mes en un centro de rehabilitación.

Gracias a la ayuda de otro ex jugador, Rodríguez espera poder encaminar su vida y recuperar el tiempo perdido.

El ex lanzador Benny Puig, con el apoyo del gobernador Alejandro García Padilla, busca crear un programa de rehabilitación para deportistas que han caído en el vicio, con Rodríguez como su proyecto piloto para tan importante iniciativa.

Pero más allá de crear un programa, Puig busca ayudar a un excompañero de equipo, a quien considera su hermano.

“Lo encontré en el residencial Las Gardenias en Bayamón. Él estaba bien mal. Trabaja en el punto, vigilando; pendiente a quien entraba y salía. Cogió ese camino por falta de orientación, la falta de una buena amistad”, dijo Puig sobre “'Pitoco”. Por las vueltas que da la vida, ambos tuvieron que seguir con sus rumbos luego de ser compañeros de equipo en las Menores para mediados de la década de 1980.

Carrera por la borda

Mientras Rodríguez jugaba en las Menores para la organización de los Cerveceros de Milwaukee, controló el uso de la sustancia por las pruebas de dopaje. Varias veces dio negativo, pero no pudo evitar que se conociera de su enfermedad.

Rodríguez dio positivo a una prueba, aunque no recibió castigo por ello, según contó. No obstante, la mancha en su resumé estaba, y a esto se le sumó una suspensión al ser acusado por darles las señales a bateadores latinos y boricuas de equipos contrarios.

Todo esto llevó a Rodríguez a terminar su carrera en las Menores y su sueño de llegar a las Grandes Ligas, y se fue a jugar a Venezuela. Siempre lamenta la oportunidad perdida.

“Estoy bien arrepentido porque sí tenía el talento de estar arriba”, señaló Pitoco, quien se destacó en la liga invernal con los Indios de Mayagüez .

En Venezuela siguió con el vicio, y una vez retirado se estableció en El Paso, Texas, donde se casó. Aunque tenía una vida estable y trabajo, echó a perder la familia que construyó allá.

“Tuve mi casa, con piscina y todo, vivía bien. Me divorcié de una mujer buena, y eso hizo que decayera. Iba a night clubs, y siempre estaba anestesiado ahí, donde me metía mucho perico. Estuve en la calle, teniendo a mi hija allá. Mi madre me envió el pasaje para que regresara a Puerto Rico”, recordó.

De vuelta en la Isla, Rodríguez se hundió más en la droga.

“Estaba siempre en la calle, relajando, vacilando, metiéndome la porquería, hasta que llegó el momento que (mis padres) se dieron cuenta que me amanecía. Sufrieron mucho por mí”, dijo Rodríguez sobre sus fallecidos progenitores.

Rodríguez se estableció en el punto del residencial Las Gardenias, donde nunca tuvo problemas. De hecho, en el lugar le decían que se quitara y diera un nuevo rumbo a su vida.

“Tenía el apoyo de algunos que me decían: ‘Quítate, tú tienes mucho talento para bregar con los niños’. Pero yo seguía. Los oía por aquí (señala su oído izquierdo) y salía por el otro oído”, indicó.

Pero Rodríguez recapacitó y ahora está dispuesto a cambiar su vida.

“Estoy que si dejo este proyecto (de rehabilitación), sé que es muerte pa’ mí. O me busco la muerte, o caigo preso. De aquí saldré glorioso, hacia adelante”, acotó.

Surge la esperanza

De la mano de Puig, Rodríguez espera retomar su vida y por eso decidió dar el paso para salir del infierno que lo estaba consumiendo.

“Yo estaba cansado. Sabía que fumaba el crack porque me daba gusto. Llegó el momento que estaba tratando de salir del infierno en Hermanas Dávila, no podía”, indicó Rodríguez, quien desea dar este paso por sus seis hijos.

“En estos momentos no saben que estoy ubicado en un tratamiento. El mayor era el más que me veía. Eso (la droga) los alejaba a ellos, pues yo estaba usando crack y se alejaron”, señaló Rodríguez, quien acepta la falta que le hacen sus retoños.

“Sí . (Sé) que van a estar contentos de verme recuperado. Si se da lo que quiero, ellos van a estar bien. Esto es para ellos, no para mí. Ese tiempo perdido lo voy a ganar”, expuso con seguridad Rodríguez, quien reconoce que el proceso de recuperación será largo.

“Estoy blandito todavía. Esto es un proceso que no es fácil. Lo digo sincero, no vuelvo (a las drogas)”.

“Quiero tener una familia, conseguir una mujer buena que me agarre y jale, y me regañe. Si me consigo una igual que yo, jamás voy a salir”, continuó Rodríguiez, quien desear dar clínicas de béisbol en el futuro.

“Sería bueno. Eso me ayudaría a no recaer en la droga”.