
Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 17 años.
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A Rickey Henderson lo recuerdan en Ponce como un jugador fogoso, veloz y también controversial.
El ahora miembro del Salón de la Fama de Cooperstown vistió el uniforme de los Leones en la pelota invernal boricua en las temporadas de 1979-80 y 1980-81. Y tal como se caracterizó toda su carrera, a su paso dejó nuevas marcas y también momentos polémicos, tanto así que indirectamente le costó el puesto de dirigente de los melenudos a Santos Alomar, padre.
“Rickey siempre ha sido Rickey. Fue un gran pelotero que sabía bien lo que quería lograr en el béisbol, pero también hacía las cosas como él quería y no como el equipo lo hacía”, recordó Alomar.
“El día que rompió el récord de bases robadas (44, que aún perdura en el béisbol boricua), yo lo había sacado del line up porque era indisciplinado, se bañaba antes de acabar el juego y cosas así. Pero como el equipo no era mío, el dueño (Chiro Cangiano, propietario de los Leones para ese entonces) me dijo que tenía que ponerlo a jugar y yo lo puse, pero al otro día, me fui para mi casa. Renuncié”, recordó Alomar, quien, no obstante, compartió en varias otras ocasiones con el jugador cuando ambos fueron coaches de los Mets de Nueva York.
Henderson compartió en Ponce con varios jugadores boricuas como Luis “ Mambo” de León”, José “Pepe” Mangual, Germán “Deportivo” Rivera, y Miguel Alicea, entre otros.
Mientras, el ex jardinero Luis Torito Meléndez no compartió camerino con él, pero sí lo recuerda cuando jugaba en contra.
“Era un pelotero bien fogoso, bien carismático y muy competitivo, y en el outfield era tremendo jugador”, recordó Meléndez.
(Gerardo Bonilla colaboró en esta historia)

