‘Mano de Piedra’ Durán cantaba salsa y tenía un león
Las escentricidades de la vida del boxeador.

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“Viejo es el viento, y todavía sigue soplando”.
Cada vez que le hacían referencia a su edad, la frase brotaba sistemáticamente de sus labios. Ese gran campeón que surgió de la pobreza, al punto de que había días que comía y otros en los que el estómago le hacía ruido. El hombre bravucón y provocador. El peleador implacable de los rings capaz de acompañar en su lecho de muerte a uno de sus grandes rivales y llorar junto con él. El cantante de salsa y que amaba tocar los bongó. El extravagante que eligió una mascota muy particular para jugar en el jardín de su casa: nada menos que un león. Integrante del histórico “Four Kings” de los años 80, junto con Ray Sugar Leonard, Tommy Hearns y Marvin Hagler. El boxeador carismático que casi se mata en un accidente automovilístico en la avenida 9 de Julio en 2001. El personaje que motivó a la producción de una película que llevó como nombre su apodo: “Hands of Stone”.
No importa si lo correcto era Mano de Piedra o Manos de Piedra. Es simplemente Roberto Durán. El Cholo. Cuádruple campeón mundial de distintas categorías y a quien el presidente de Panamá en ese entonces, el general Omar Torrijos, cuando le ganó la primera pelea a Leonard en 1980, le envió su avión particular para llevarlo de regreso al país, pero cambió el itinerario original: el viaje duró tres días, previo paso por Nueva York. ¿Por qué? Quería celebrar con su grupo de amigos en el restorán cubano Víctor’s Café y asistir al show en el Madison Square Garden que brindaría su compatriota Rubén Blades. Con quien cantó en el escenario, obviamente. Durán tenía buena voz y un monumental desparpajo.
Hoy, anda por los 75 y su vida es un compendio de historia, anécdotas, humoradas, gloria, ocaso, millones ganados, millones gastados. Sin olvidar aquellos tiempos de El Chorrillo, cuando de la nada empezó a esbozar sus sueños de campeón…
Fue campeón mundial en cuatro categorías, peleó durante más de tres décadas, enfrentó a algunos de los mejores boxeadores de todos los tiempos y terminó con un récord profesional de 103 victorias (70 KO) y 16 derrotas. Pero antes de transformarse en “Mano de Piedra”, antes de Leonard, Hagler, Hearns y las grandes noches de Las Vegas, Durán fue un chico con padecimientos.

Hijo de Clara Samaniego, panameña, y de Margarito Durán, un cocinero estadounidense de ascendencia mexicana que trabajaba para el ejército estadounidense instalado en la zona del Canal, Roberto Durán nació el 16 de junio de 1951. La familia era numerosa (9 hermanos) y el dinero escaseaba. “Tuve hambre toda mi infancia. A veces comíamos y a veces no”, confesó. No era una metáfora: fue lustrabotas, canillita y ayudaba a su madre. Abandonó de muy chico la escuela. Y tenía algo muy claro: el dinero significaba comida. “Yo me metí al boxeo solamente porque quería hacerle una casa a mi mamá”. Una frase que lo resume.
¿Cómo llegó al boxeo? A los 8 años, cuando comenzó a frecuentar un gimnasio y a probarse con aspirantes de mayor contextura y edad. Conoció primero al instructor Néstor “Plomo” Espinosa y más adelante aparecería una figura decisiva: Ray Arcel, uno de los grandes entrenadores de la historia del boxeo. Su debut profesional llegó el 23 de febrero de 1968, contra Carlos Mendoza, en Colón, Panamá. Tenía apenas 16 años. Ganó y recibió 25 dólares de premio. “Ahí me di cuenta de que sería millonario”, vaticinó.
Durán comenzó a acumular victorias a una velocidad impresionante. Su estilo era agresivo, físico. Entraba, golpeaba al cuerpo, cortaba el ring, trabajaba en corta distancia y hacía que el rival sintiera que no tenía dónde esconderse. Sabía pegar. Por eso nació “Manos de Piedra”. Durán odiaba que lo encasillaran como un pegador. “Soy inteligente y enseguida aprendo a evitar los golpes del rival”, se describía.
En junio de 1972, ya con un récord de 28-0, se coronó campeón mundial de los livianos en el Madison Square Garden. Le ganó el título de la AMB al escocés Ken Buchanan. Había nacido una estrella mundial. Pero también había aparecido otra característica de Durán: su temperamento. Era provocador, orgulloso, malhablado cuando quería y tremendamente competitivo.
Cinco meses después, se cruzó con Esteban De Jesús, “el enemigo que terminó siendo amigo”. Pocas rivalidades como la que mantuvo con el puertorriqueño explican mejor la personalidad de Durán. En noviembre de 1972, sin título en juego, De Jesús hizo algo que parecía imposible: derribó a Durán y le ganó por puntos. Fue la primera derrota profesional de “Mano de Piedra”. Aquel revés quedó clavado en el orgullo del panameño. Volvieron a enfrentarse en 1974, en Panamá. De Jesús lo tiró de nuevo en el primero, pero Durán lo noqueó en el 11°. Y en la tercera pelea, en 1978, por la unificación de los livianos, “Mano de Piedra” triunfó por KOT en el 12°. La rivalidad parecía terminada…
De Jesús tuvo graves problemas personales y terminó encarcelado. Además, desarrolló una fuerte adicción a las drogas y contrajo HIV. En 1989, ya gravemente enfermo, estaba internado en Puerto Rico. Durán viajó para verlo. El hombre que había sido su enemigo terminó entre sus brazos. En aquella época todavía existía un enorme estigma alrededor del sida. Durán, sin embargo, abrazó a De Jesús y hasta permitió que su hija lo besara. Después explicó: “Cuando lo vi allí, tan delgado, me salieron las lágrimas”. La fotografía de aquel encuentro se convirtió en una de las imágenes más conmovedoras: la despedida del Cholo a un amigo.

Leonard en su vida
Durán siguió ganando y subiendo de categorías. De los 61,230 de los livianos a los 66,680 de los semimedianos. El 20 de junio de 1980, en Montreal, con una marca de 71 triunfos y 1 derrota, se cruzó con el invicto Sugar Ray Leonard (27-0), un boxeador diferente a todos. Rápido, elegante, inteligente y campeón olímpico. Fue una pelea de alto vuelo. Leonard imaginó boxearlo “de lejos”, pero durante buena parte de la noche decidió enfrentarse a Durán en su propio terreno. Fue un error: Durán lo persiguió, lo presionó, lo golpeó y terminó ganando por decisión unánime: dos tarjetas por un punto y la restante por dos.
Muchos años después, Leonard reconocería el poder de aquellas “Manos de Piedra” con un “fue el que más fuerte me golpeó”. La victoria convirtió a Durán en campeón mundial welter y también percibió una bolsa razonable para esos tiempos: US$ 1,5 millones, más contratos y participación en ingresos. Era cantada la revancha.
Noviembre de ese 1980, en Nueva Orleans. Leonard cambió de estrategia: en lugar de combatir con Durán, empezó a moverse, entrar y salir, utilizar su velocidad, obligándolo a perseguirlo. Lo ridiculizó, con movimientos de danzarín y hasta un bolo-punch que levantó al público de las plateas y es furor en las redes sociales. Durán se frustró y en el octavo asalto, sin señales de estar sentido, dejó de combatir, haciendo un ademán inequívoco con la mano derecha. Durán siempre discutió que hubiera pronunciado exactamente “No más” o que hubiese abandonado porque Leonard lo estaba superando.
Tiempo después, dio otra explicación: que había llegado muy mal preparado físicamente, arrastrando problemas personales y económicos. ¿Real? No pareció. Durán sufrió bastantes años los efectos psicológicos de esa derrota. Lo marcó. Un dato numérico: cuando enfrentó la primera vez a Leonard, su récord era de 71 victorias y 1 derrota (por puntos); desde esa pelea hasta el retiro en 2002, la marca fue de 32-15 (4 KO).
Millones, salsa y ¡el león!
La vida de los grandes campeones del boxeo ha entregado distintas versiones respecto de lo que hicieron con los millones de dólares que ganaron en sus buenos tiempos. El caso Tommy Hearns es un símbolo: “La Cobra de Detroit” superó los US$ 100 millones de ganancias y en la actualidad se estima que le quedan US$ 500.000, además de tener a su hijo mayor Ronald como tutor, en virtud de haber sido diagnosticado con demencia. Las cifras de bolsas cambiaron enormemente y hubo contratos, impuestos, gastos, managers y obligaciones familiares. Pero se estima que en una carrera con 119 combates, varios de ellos célebres, sus ganancias estuvieron en el orden de los US$ 30 millones.
Aunque en 1984, Los Angeles Times informó que Durán estaba casi en la bancarrota porque había pagado deudas, sostenido a su familia (7 hijos con Felicidad Iglesias, su única esposa) y gastado grandes cantidades de manera descontrolada, incluidas joyas. Además de mantener a un generoso séquito de amigos, que solían aparecer en las fotos en su casa. “Durán podía ganar millones una noche y estar nuevamente preocupado por el dinero a los pocos meses”, solían decir los que seguían de cerca sus movimientos y con preocupación.
A diferencia de De Jesús, cuya vida sí estuvo marcada por una fuerte adicción a las drogas, los excesos de Durán pasaron por fiestas, alcohol, mujeres y vida nocturna. También hubo períodos de desorden en su vida personal, aunque cuando se retiró en 2002, el propio Durán rechazó públicamente la idea de que estuviera involucrado en drogas.
“Mano de Piedra, el personaje público, podía parecer un hombre obsesionado exclusivamente con el boxeo. Pero en rigor, Durán tenía otras pasiones. Una de las principales era la salsa. Cantaba, tenía una banda y posteriormente llegó a manejar un restaurante. En 1997, cuando volvió a Buenos Aires para pelear con Jorge “Locomotora” Castro, explicó: “Me gusta estar con la gente y que la gente me quiera”. Y contó que en su restaurante, La Tasca de Durán, cantaba salsa y a veces cocinaba. Le gustaba estar rodeado, comer, contar historias. Disfrutaba de la vida nocturna y especialmente de las discotecas.
Una de las historias sobre Durán parecía inventada, pero no lo era: realmente tuvo un león en su casa de Panamá. Se llamaba Wala. Hay incluso fotografías de “Mano de Piedra” posando con el animal en enero de 1979. El león era parte de aquella extravagante vida que rodeaba al campeón. Los vecinos relataban que Durán incluso llegó a sacar al felino a pasear como si fuera un perro. Wala se murió en 1981, con apenas cuatro años, por problemas de salud: la agencia noticiosa UPI registró entonces la muerte del león “como consecuencia de obesidad”.
Hearns, Hagler y los otros reyes
Después de Leonard llegaron más desafíos para Durán. En junio de 1983 derrotó a Davey Moore y conquistó el título mediano junior o superwelter (69,850). Y en noviembre, llegó Marvin Hagler, otro de los “Four Kings”. Durán perdió por puntos en 1983, pero protagonizó una actuación extraordinaria contra un hombre más grande físicamente: Hagler había esperado destruirlo y no pudo. Muchos años después, “Marvelous” seguía reconociendo la calidad de Durán, que dentro del ring podía “odiar” a sus oponentes, pero fuera del ring abrazaba a los “Four Kings” con verdadero afecto.
En 1984 enfrentó a Thomas Hearns. Y aquella vez no hubo milagro: Hearns lo noqueó en el segundo asalto y fue una de las derrotas más duras de su carrera. Su caída, desplomándose, luego del golpe decisivo sigue siendo muy vista en las redes sociales y fue el KO del año. Pero Durán no dejó que aquello lo destruyera. En 1989, cuando su récord ya arrojaba 84-7, protagonizó otra hazaña: enfrentó al estadounidense Iran Barkley, lo tiró en el 11° y ganó por puntos el título mundial de los medianos (72,520) a los 37 años. ¡Monstruoso! Ese triunfo terminó de ratificarlo como uno de los grandes de todos los tiempos.
Durán y Argentina…casi fatal
Argentina ocupa un lugar muy particular en su vida. La relación comenzó, naturalmente, por el boxeo. En 1997 Durán enfrentó a Jorge “Locomotora” Castro en Mar del Plata. Castro ganó aquella primera pelea por puntos. La revancha se realizó en Panamá y triunfó Durán. Pero el episodio más curioso ocurrió después. Dramático: la noche en que casi muere.
Fue el 3 de octubre de 2001. Durán tenía 50 años y llevaba apenas un día en Buenos Aires. Después de cenar, subió a un Rover gris oscuro junto con su hijo, Roberto Durán Iglesias, de 27 años, y otras dos personas. Pasadas las 22, circulaban por la 9 de Julio, en la zona de Constitución, a la altura de la avenida Brasil. Entonces se produjo el accidente. Según los informes policiales, el Rover en el que viajaba el panameño habría sido encerrado por un Fiat Palio Weekend. El conductor del Rover perdió el control, el vehículo se desvió y terminó golpeando violentamente contra el guard-rail.
El impacto fue tremendo. Durán sufrió fracturas de tres costillas y se le realizó un drenaje para aliviar la presión sobre el pulmón izquierdo. Los medios hablaban de un cuadro grave, de pronóstico reservado. El campeón fue llevado de urgencia al Hospital Argerich, donde quedó internado. Su esposa, Felicidad, viajó de urgencia desde Panamá.
La noticia que tranquilizó a Panamá llegó al día siguiente. “Está fuera de peligro”. Los médicos informaron que Durán había evolucionado favorablemente después de la operación. Todavía internado, con las costillas fracturadas y pudiendo apenas hablar, Durán preguntaba cuándo podría volver a boxear… La recuperación fue bastante más larga de lo que inicialmente se había previsto: Durán permaneció 28 días internado. Fue dado de alta el 31 de octubre de 2001. Pero ese choque cambió su destino y aceleró el retiro: “Si no era por ese accidente, habría continuado peleando”, dijo unos años después.
La película
Después de abandonar definitivamente el ring, Durán siguió vinculado al boxeo, al espectáculo y a la música. También participó en programas de televisión. Y llegó el cine, aunque a diferencia de Hagler, que participó en tres películas en Italia, “Mano de Piedra” no fue protagonista de su historia.
“Hands of Stone”, la vida de “Manos de Piedra”, estrenada en agosto de 2016, tuvo al venezolano Édgar Ramírez interpretando a Durán, Robert De Niro como el entrenador Ray Arcel y el cantante Usher como Sugar Ray Leonard. La película fue escrita y dirigida por el venezolano Jonathan Jakubowicz. Aunque los planes eran otros: Gael García Bernal y Al Pacino fueron los primeros elegidos para actuar como Durán y su entrenador, pero declinaron el ofrecimiento.
El rodaje comenzó en Panamá en 2013. La producción fue mucho más artesanal de lo que podía imaginarse al ver el resultado final del producto. Según Jakubowicz, buena parte del proyecto se había desarrollado desde la casa de Durán en Panamá.
¿Cómo resultó el papel de Édgar Ramírez? No sólo logró un parecido físico, sino que transmitió el carácter de Durán: impulsivo, orgulloso, provocador, agresivo y profundamente marcado por su infancia. Ramírez consiguió buena parte de eso. Además de superar una dificultad adicional: interpretar a un hombre que todavía estaba vivo y que tenía una fuerte personalidad. Durán participó en el proyecto y fue una referencia para los realizadores.
A De Niro le tocó representar a Ray Arcel, uno de los entrenadores más importantes del boxeo. En la película aparece como el hombre que consigue transformar la furia de Durán en una forma de boxeo más inteligente. La decisión que generó curiosidad fue la de elegir al cantante Usher para interpretar a Sugar Ray Leonard. Usher no estaba familiarizado con los deportes y menos con el boxeo, pero se transformó físicamente y aprendió los movimientos de Sugar Ray. Sorprendió gratamente.
¿La película cuenta la verdad sobre Durán? Los acontecimientos principales son reales: la infancia difícil, la llegada al boxeo, su ascenso, Ray Arcel, Sugar Ray con las dos peleas. “Manos de piedra” no fue sólo una película sobre Roberto Durán: contó con su presencia alrededor de la filmación. El verdadero “Mano de Piedra” podía observar cómo un actor interpretaba sus gestos, su manera de hablar y sus peleas. Y eso le daba a la película una legitimidad especial. De alguna manera, sintió que a los 65 estaba “más viejo, pero todavía seguía soplando”.

