Todo en la vida tiene dos caras de una misma moneda. El ex campeón Wilfredo Vázquez Jr. no es la excepción.

Para algunos, su hablar coloquial, su gusto por la música urbana, su cuerpo tatuado, su irreverencia ante las críticas y –hasta hace poco– su propensión a vestir con mucho blinblín le creó una imagen de “maleante de la calle” que contrasta con la percepción de humildad y de poca controversia que reflejó su padre, Wilfredo Vázquez, cuando era campeón mundial hace dos décadas atrás.

Para otros, esa percepción de “villano” no es correcta y hasta raya en lo discriminatorio.

Son muchos los que ven en Vázquez Jr. un perfecto ejemplo de superación: un muchacho del residencial José Celso Barbosa, en Bayamón, que no se descarriló en el mundo de las drogas, un hombre trabajador que tiene a su familia como el norte principal y, además, que nunca ha olvidado sus raíces.

Precisamente, es esa gente que lo apoya, que lo comprende y que lo admira, lo que le sirve de fuente de inspiración cuando se trepa a un ensogado a recibir y repartir golpes.

“Aparte de mi familia, represento al adicto que está en la luz, al que reparte el periódico, al que está en el puesto de gasolina y te dice: ‘Mira, te quiero echar la gasolina’. Esa es mi gente pobre, con la que me identifico. ¿Por qué? Porque tengo la oportunidad de demostrarle a los chamacos de mi caserío que, aunque no tengamos dinero ni las oportunidades que muchos tuvieron, aun así tienes la oportunidad de tener un desarrollo en la sociedad como persona importante. Tenemos la oportunidad (de realizar nuestras metas) por nuestros propios méritos. Solo tienes que utilizar bien tus oportunidades”, dijo Vázquez Jr. durante un encuentro con Primera Hora en el residencial público.

“Mi oportunidad vino mediante el boxeo. Y no entré aquí por mi papá. La gente está equivocada. Aquí quien metió a mi papá en esto fui yo. Le dije: ‘Dame un break en esto’. Si no te pones retos en tu vida, ¿cómo vas a vencer algo? Las cosas no llegan solas. Hay que luchar para conseguirlas”.


A para su padre

La ética hacia el trabajo la aprendió de su padre cuando era pequeño, pues a pesar de sus prolongadas ausencias por los entrenamientos, Vázquez padre siempre estuvo presente para su hijo y la familia.

“Mi papá siempre fue responsable. Nunca nos ignoró. Trabajaba duro, pero nos daba calidad de vida. Nunca se compró una prenda. Prefería tener jugo, pan, leche, queso y mantequilla en la nevera que andar en un Mercedes Benz. Eso para mí fue impactante”, dijo Vázquez al confesar que su padre siempre le hacía ganarse las cosas.

“Era tremendo negociante. Me decía: ‘Te voy a comprar las tenis Jordan que quieres’. Y luego bien emocionado de que iban a llegar. Cuando le preguntaba por las tenis, me decía: ‘Vete a cortar la grama y después hablamos’. ¿Sabes qué? Le doy gracias a mi papá por eso. Me enseñó que para tener lo mío tengo que trabajar duro, no importa en lo que sea, pero hacerlo con honradez. Como papá le doy un 200 por ciento. Le doy una A por todo”.

Hombre de familia

El ejemplo de su padre no eximió a Vázquez Jr. de tener tropiezos y, a su vez, tener que aprender de las experiencias que le ha dado la vida para superar los obstáculos, especialmente ahora que es padre de una familia que ha levantado con su esposa Jackeline.

“He sabido estar en el lado malo de la vida y estoy tratando de estar en el lado bueno, corrigiendo mi vida. Me trato de enderezar para coger otro paso. Para que cuando tenga la edad de mi papá, mi hija pueda venir donde mí y decirme: ‘Papá, gracias por lo que hicistes por mi’. Ese es mi verdadero campeonato”, reveló Vázquez Jr., quien pronto le dará la bienvenida al segundo retoño de la pareja.

“Por eso digo que ya hice la metamorfosis de niño charlatán, de ser un niño del caserío a ser un hombre, un padre de familia. Mi primera niña me cambió la vida para bien y le doy gracias a mi esposa y a mi bebé por existir (en mi vida). Y a la bebé que está por venir terminó de hacer la metamorfosis en mi vida, de darme cuenta que ya no soy el chamaquito que usaba pantallas, que estaba en la calle hasta el amanecer, bebiendo alcohol, jangueando con los panas y llegando a mi casa dos días después. Eso se acabó”.

Claro, ese cambio de conciencia y esa madurez que hay ahora en la vida de Vázquez Jr. no implican que el carismático boxeador deje de dar rienda suelta a sus diatribas cuando se acercan una de sus peleas.

Y eso incluye a Oquendo, muy a pesar de que el vegalteño se está sobreponiendo a una tragedia personal reciente.

“La gente debe comprender que el boxeo es un negocio y cada vez que me ven en los pesajes, trató de jugar psicológicamente con los contrincantes. Es la única ventaja que tengo para poderlos desconcentrar y tratar de que la pelea sea a mi modo y no al modo de ellos”, admitió Vázquez Jr.

“Pero eso no quiere decir que sea una mala persona. Sigo siendo el mismo que se gana su dinero honrado, que trabaja duro por su familia y que desea servirle de ejemplo a mi gente del caserío, a mi gente del barrio”, concluyó Vázquez.