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Los VIII Juegos Panamericanos de San Juan son un evento que no se olvida

06/30/2009 |
El entonces gobernador de Puerto Rico, Carlos Romero Barceló, en el momento que recibió un sonoro abucheo de parte de la mayoría de los presentes en la ceremonia inaugural en el estadio Hiram Bithorn. (Suministrada / Proyecto de Digitalización del Periódico El Mundo)  

Hubo un día en que los puertorriqueños decidieron soñar en grande y vieron concretados esos sueños con la exitosa celebración de los VIII Juegos Panamericanos de San Juan en 1979.

Este miércoles 1 de julio se cumplen 30 años de la inauguración de la justa, considerada como una de las mejor organizadas y más vistosas en la historia. Con motivo de la conmemoración del trigésimo aniversario del evento continental, en Primera Hora hemos preparado una serie especial para examinar la historia, el impacto y el legado de los Juegos.

Todavía no se había extinguido la llama de los X Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1966, que también se llevaron a cabo en San Juan, y nacía la inquietud de aspirar a un reto mayor. Puerto Rico ya contaba con 40 años de una digna historia deportiva, que unía al pueblo y le daba razones para celebrar y sentirse orgulloso de su identidad.

Así fue que un grupo de líderes del país puso la mira en organizar unos Juegos Panamericanos. En 1969 se pensó en buscar la sede de los Juegos de 1975, pero no había tiempo suficiente para hacer una propuesta completa. Además, la Organización Deportiva Panamericana (Odepa) tenía un compromiso con Chile, país que eventualmente tuvo que renunciar a la sede tras la crisis que surgió a raíz del golpe de Estado al gobierno de Salvador Allende y que llevó a que los Juegos se movieran a México.

En 1972 se creó una comisión pro sede, presidida por el banquero Arturo Carrión, que realizó los preparativos para que San Juan compitiera por organizar los Juegos de 1979. Al año siguiente, una delegación de funcionarios y oficiales del Comité Olímpico de Puerto Rico (Copur) pidieron la sede en el congreso de la Odepa. “El rival principal era Bolivia, pero se retiró”, recuerda Carrión, hoy vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Bancos. “Aun así teníamos que convencerlos de que podíamos celebrar los Juegos y se logró”.

Carrera de obstáculos

La monumental tarea de montar los Juegos comenzó con la creación del Comité Organizador, mejor conocido como Copan. Su primer presidente fue el fenecido Germán Rieckehoff Sampayo. Esa versión del Comité duró hasta 1976. Ese año, el alcalde de San Juan, Carlos Romero Barceló, se convirtió en el gobernador de Puerto Rico. Rieckehoff Sampayo estaba convencido de que no tendría el apoyo del Gobierno si seguía como presidente, así que renunció y aspiró exitosamente a la presidencia del Copur.

Fue entonces que Carrión asumió la presidencia de Copan y el principal obstáculo que encontró a su llegada fue la financiación de los Juegos.

Con el pasar del tiempo fue creciendo la tensión entre el Gobierno, el Copur y Copan con relación a este tema, pero se logró una colaboración conjunta para conseguir el dinero y poder construir algunas instalaciones, remodelar otras existentes, y para que el comité pudiera operar.

Llegaron fondos aprobados en la Legislatura, por el Gobierno central y el Congreso de Estados Unidos. Los Juegos del 79 necesitaron una inversión aproximada de $68 millones, que se dividió en $30 millones para infraestructura y casi $38 millones para la operación del Comité Organizador.

“El primer presupuesto que se aprobó fue una cuarta parte de lo que finalmente fue”, señala Carrión. “Sencillamente no teníamos una guía de lo que se tenía que hacer con el detalle económico y la tuvimos que elaborar”.

Carrión recuerda que los otros retos grandes fueron el clima y el tiempo que tenían para montar los Juegos.

“La primera gran controversia que enfrentamos fue el cambio de fecha. Un estudio climatológico decía que en agosto llovía demasiado, así que lo cambiamos a julio”, destaca Carrión. “Al final, terminó lloviendo durante los Juegos, lo mismo que intentamos evitar”.

La lluvia complicó aún más el otro reto, que era el tiempo que tenían para organizar el evento, pues algunas construcciones se atrasaron.

“Había mucha incredulidad e incertidumbre de que al final lo lograríamos”, sostiene Carrión. “Una de las cosas que tuvimos que hacer fue llamar todos los días al servicio metereológico para saber hasta qué hora se podría construir. Trabajando de medio día en medio día se pudo acabar el patidrónomo”.

iNTERVENCIÓn política

No hubo aguacero que azotara más a la organización de los Juegos que la intervención de la política.

“El vaivén político sí nos afectó muchísimo”, dice Carrión. “Tuvimos que hacer unas estrategias sobre la marcha para poder vencerla”.

La salida de Rieckehoff Sampayo no evitó el choque político. El gobernador Romero Barceló insistía en que se izaran las banderas y se interpretaran los himnos de Puerto Rico y los Estados Unidos en las ceremonias protocolares de los Juegos. Señalaba que una ley para actividades oficiales del Estado en instalaciones gubernamentales así lo establecía. También apuntaba que se tenía que izar la bandera estadounidense y sonar el himno de ese país, pues se usaron fondos federales en parte de la financiación de los Juegos.

Por su parte, Rieckehoff Sampayo se mantuvo firme en que se debía seguir el protocolo olímpico, que permite sólo el himno y la bandera del comité olímpico nacional anfitrión.

La controversia se extendió por tanto tiempo y escaló a tal punto que don Germán llegó a presentar su renuncia al Copur, pero no se la aceptaron. Hubo intensas y tensas negociaciones para conciliar las diferencias entre el Gobierno, el Copur, Copan y hasta el presidente de la Odepa, Mario Vázquez Raña.

El acuerdo final estableció que habría una ceremonia de Estado previa a la inauguración oficial de los Juegos, en la que se tocarían los dos himnos y subirían las dos banderas. Luego, la apertura se llevaría a cabo de acuerdo con el protocolo olímpico.

“El proceso de esa decisión fue fuerte”, recuerda Carrión. “Cuando miren el retrato de cuando se izó la bandera en la Villa Panamericana y se encendió el pebetero, verán a un Arturo Carrión que pesaba 140 libras mojao. Ésa era la presión”.

Abucheo histórico

El último en expresar su sentir sobre la controversia fue el público que asistió a la inauguración de los Juegos, que tuvo una concurrencia de 38,000 en el estadio Hiram Bithorn. Al ofrecer su mensaje en la ceremonia, Romero Barceló enfrentó un sonoro abucheo que se extendió por varios minutos y tuvo que alzar la voz para tratar de que se escucharan sus palabras.

Otra controversia que enfrentaron los organizadores fue la demanda de Tommy Muñiz por los derechos de televisar el evento.

El productor obtuvo los derechos para transmitir los Juegos por el canal 7, entonces conocido como Teleluz. Sin embargo, luego los derechos le fueron otorgados a la televisora del Estado, WIPR (canal 6).

Muñiz demandó al Comité Organizador y el proceso legal se extendió por varios años. Finalmente, Muñiz salió por la puerta ancha, aunque los Juegos se transmitieron por WIPR.

Cátedra organizativa

Todas estas controversias ocurrieron antes de que se encendiera el pebetero. Una vez iniciaron los Juegos, todo quedó atrás.

La competencia estuvo llena de drama e historias que marcaron el deporte puertorriqueño para siempre.

Pero, el primer éxito fue la superación de los obstáculos y la celebración de unos Juegos que todavía se recuerdan como los más exitosos desde el punto de vista organizativo.

“Tomó dos años montar los Juegos y poco más de un año desmontarlos, porque teníamos que devolver todo y preparar una memoria, que después fue una guía para otros tres Panamericanos”, resalta con orgullo Carrión, quien contó con el apoyo de unas 6,000 personas en Copan.

“Debido a todo lo que pasamos es que cuando hablas con alguien de Copan se sonríe, porque se sienten satisfechos de que pudimos superar todos los retos. Los Juegos corrieron como un reloj y así lo reconocieron todas las federaciones deportivas internacionales que tuvieron deportes en esos Panamericanos”, afirma. “Aprendimos que uno puede planificar para el 95% de las cosas y que ese plan iba a salir. Pero el problema está en el 5% de lo que no podías planificar, así que tenías que hacer planes para lo impredecible. Yo diría que en los Juegos fue un 10%, por las sorpresas y cosas que tuvimos que resolver. Una sola persona no lo podía hacer. Todos en el equipo de trabajo tenían que ser capaces de resolverlo y así fue como lo logramos”.