Aunque no lo parece porque siguió ahí, en la esquina de la mesa, dando instrucciones, corrigiendo detalles y celebrando cada punto como lo ha hecho durante años, algo cambió para Bladimir Díaz en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.

Por primera vez desde Veracruz 2014, el entrenador del Equipo Nacional femenino de tenis de mesa no tuvo consigo a, al menos, dos de sus hijas.

Para esta ocasión solo dirigió a la tercera de las cuatro y raqueta número uno de la isla, Adriana. Melanie ya no forma parte de la Selección Nacional y Fabiola, la menor de las hermanas, no logró la clasificación para esta edición.

“Tú no sabes cuánto yo he llorado en la ducha”, confesó Bladimir.

La frase salió desde un lugar de su ser distinto al que acostumbra hablar el serio entrenador. Díaz y sus hijas comenzaron a escribir una de las etapas más importantes del tenis de mesa puertorriqueño en Juegos Centroamericanos hace 12 años.

Bladimir Díaz admitió que todavía le cuesta diferenciar su rol de entrenador con el de padre.
Bladimir Díaz admitió que todavía le cuesta diferenciar su rol de entrenador con el de padre. (Enviado Especial/Carlos Rivera Giusti/GFR Media)

En Veracruz 2014, Melanie y Adriana conquistaron la medalla de plata en dobles y formaron parte del equipo que ganó el oro junto a Carleen Cordero y Danielys Ríos.

Cuatro años después, en Barranquilla 2018, se proclamaron campeonas en dobles y repitieron el oro por equipos junto a Fabiola y Ríos.

La última vez que Melanie vistió el uniforme nacional en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe fue en San Salvador 2023. Allí consiguió una medalla de bronce en dobles con Adriana y una plata por equipos junto a su hermana, Brianna Burgos y Alondra Rodríguez.

En Santo Domingo 2026, Adriana elevó a 16 su cosecha de medallas centroamericanas, producto de 10 de oro, tres de plata y tres de bronce. Esa cifra la coloca como la segunda máxima medallista puertorriqueña en la historia de los Juegos, solamente por detrás de la nadadora Anita Lallende, quien acumuló 17 preseas, de acuerdo con datos del libro Puerto Rico en los Juegos de los 100 años, del historiador deportivo Carlos Uriarte.

“Es bien difícil porque el proceso yo lo he visto desde el inicio en términos de lo que son mis hijas, y el Equipo Nacional desde el 2014 que yo lo tengo”, dijo.

Aun así, en medio de esa nostalgia, Díaz también encuentra una razón para sentirse orgulloso.

Lo bonito es que han pasado por mí otras atletas y siempre trato de enseñarle algo y que se lleve un buen recuerdo de uno. Y así ha sido con Brianna, con Alondra, con Kristal (Meléndez) en este momento. Esa es la parte bonita que puedo enseñar”, manifestó el utuadeño.

De hecho, el equipo femenino logró la medalla de oro en la capital dominicana. Asimismo, Burgos agregó un bronce en la modalidad individual femenina.

“La parte triste es que mis hijas no estuvieron ahora, pero ellas están felices con lo que están haciendo”, agregó.

Melanie, de un lado, está en una nueva etapa de su vida tras contraer matrimonio el pasado diciembre con el también tenista profesional Tomáš Polanský, de la República Checa.

Fabiola, por su parte, continúa jugando y, según cuenta su padre, atraviesa junto a él un proceso de cambios que esperan pueda llevarla nuevamente a buenos resultados.

Bladimir admitió que todavía se le complica separar completamente el rol de padre y entrenador en la mesa.

“Tú lo puedes mermar. Tú lo puedes reducir, pero es difícil. Es difícil, difícil cuando a veces ellas siguen creciendo y ya la percepción de lo que uno dice puede verse diferente”, admitió.

Pero hay algo que, para él, no cambia con los años, los Juegos ni las etapas.

“El amor lo puede todo y yo amo a mis hijas sobre todas las cosas. Y podemos bregar con todas las situaciones que vengan”, concluyó.