Una charla con María Concepción Aymat, o Conchi, permite escuchar historias recientes así como relatos de cuando Santori era un joven quemando tenis Converse jugando cocinas en las canchas allá para los años 40. Escucharla hablar transportan a uno a crear una imagen de cómo se fue formando Fufi en el básquet, y transformándose en un ser humano que tomó el deporte como un estilo de vida.

“Tengo cuentos de él de muchacho. Me decía que se iba en carro con tres o cuatro muchachos más, por los pueblos,  y donde veían un canasto o a alguien jugando se paparan a jugar. De ahí se iba a otro pueblo para seguir jugando, así, como una cosa bien bonita”, dijo Aymat a Primera Hora durante el velatorio de su esposo la semana pasada.

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Conchi es más joven que Fufi. Ella le conoció cuando era una estudiante prepa en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, en donde él ya era profesor universitario de tenis. Aunque se le hace ahora difícil vivir sin su Fufi, Conchi goza de juventud para mantener viva la imagen pueblerina de Fufi, su virtuosa mente y legado patriótico.

Estuvieron casados cuatro décadas. Conchi vivió a su lado la era completa de El Gurú, como se le conoció a su famoso esposo por los coloridos y controvertidos pronósticos que hizo de los juegos del Baloncesto Superior Nacional para El Nuevo Día desde los años 80 hasta la pasada temporada. También estuvo a su lado cuando hizo el ‘crossover’ hacia la televisión y hacia la era del periodismo digital.

Sobre El Gurú tiene mil cuentos, como también tiene relatos de Fufi el activista independentista, el músico, el profesor universitario que retaba la mente de sus estudiantes, el filósofo e intelectual, el padre y el abuelo al que le encantaban los atardeceres porque era el momento de arrancar para la cancha con la familia. También recuerda a su esposo como un desprendido y hombre sencillo, al que solo le gustaban los carros viejos y grandes porque ningún malintencionado los deseaba y ningún café derramado los manchaba.

Hablar para recordar a Fufi es una tarea difícil para ella. Y esto no por el dolor que siente por su parte, sino porque es difícil escoger un cuento de El Gurú para contarlo, porque tiene tantos. Tiene recuerdos cómicos y otros trágicos, como los que vivió en las canchas de Bayamón y Morovis, en donde recuerda que Fufi vio la muerte de cerca al ser confrontado por fanáticos iracundos que le insultaban por sus pronósticos, sobretodo si los fallaba y le gritaban al unísono ¡Fufi, pa’ ti!

Así, al hablar con Primera Hora, rebuscó en su memoria y sacó un cuento del baúl de las Fufadas –título de un libro suyo- otro cuento graciosísimo que vivió en carne propia y que demostró la grandeza de El Gurú, su competitividad aun cuando estaba retirado del básquet, su cualidad de desprendimiento por lo material, y todo a la vez. El relato es el del Juego de Estrellas de la década del 1980 en la que un Santori con más de tres décadas de retirado compitió con Georgie Torres en una competencia de tiros de tres puntos.

“Fue en un coliseo Roberto Clemente, lleno, lleno, lleno. Hubo una competencia de tiros y anunciaron a El Gurú. Y aquello fue un ¡Buuuuuuuu! por el coliseo entero. Entonces comenzó la competencia de tres puntos, en la que estaba Georgie Torres (jugador entonces activo en el BSN y el actual máximo anotador del básquet boricua) y El Gurú se lo ganó. Con cada tiro que marcaba aquellos abucheos cambiaron a gritos de ¡Fuaaaaaaaaá! por el coliseo entero. Todo pasó de odio a admiración”, recordó.

Pero Conchi reveló algo más de aquel día.

“Se ganó un microondas en la competencia. Y yo no tenía un microhondas. Y él se lo regaló al Jockey (Rodríguez, exadministrador del BSN). Yo le dije: ‘Fufi: yo no tengo microhondas’ y él me dijo ‘olvídate nena’.

No todo fue relajo en los cuentos de Santori Coll, porque también vivió el papel del underdog en la política, y eso le trajo frustraciones. Fufi promovió la independencia de Puerto Rico. Usó la soberanía deportiva boricua como argumento y el renunció al pasaporte estadounidense como objetivo.

Cuenta Conchi que, entre paredes, Fufi se frustraba con su inconclusa misión de traer la independencia a Puerto Rico, particularmente con el movimiento de los 1980 en que fue punta de lanza para que los boricuas renunciarán a la ciudadanía estadounidense. Agrega Conchi que Fufi levantaba los brazos en la casa sobre la cabeza, apretaba los puños y se cuestionaba la gran impotencia de la causa del nacionalismo.

“Siempre se preguntaba que hubiera pasado si el PIP se hubiese ido detrás de él, o al frente de él. A él no le importaba el lugar. Pero él piensa que el movimiento de la renuncia a la ciudadanía no se hubiese quedado ahí. Pero eEl PIP creyó que no le convenía en ese momento”, recordó el movimiento que produjo sobre 1,000 renuncias de ciudadanía estadounidense.

Fufi murió el lunes pasado y desde entonces se han estado haciendo cuentos de su historia para honrar su memoría. Conchi cuenta los suyos, todos con un toque de humor, nostalgia y orgullo. Y resalta la abogada de profesión que dentro del humor que siempre rodeó a Fufi o a El Gurú, siempre recuerda el pensador que fue José Santori Coll.

“A la gente le encantaba el relajo, y eso Fufi se lo disfrutó mucho. Todos nos lo disfrutamos. Pero Fufi era un filósofo”.