Víctor Bonilla estaba en conteo de 3-2 a la hora de escoger una concentración para estudiar como atleta becado de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Bayamón.

Miembro del equipo de baloncesto colegial, al riopedrense le asignaron a la concentración de Filosofía, disciplina disponible en aquel momento. Cuando comenzó a sacar malas notas, Bonilla necesitaba un cambio para no afectar su promedio. En la búsqueda estuvo bloqueado hasta que un día, sentado en uno de los edificios de las facultades, un balón que llegó a sus pies cambió su destino para siempre.

“Fue algo caído del cielo. Vino una bola rodando por el piso. Como juego baloncesto la cojo. Venía un niño con síndrome Down detrás de esta. Me puse a jugar con él y detrás vino una maestra. Le pregunto por qué estos nenes están aquí. Cerca había un laboratorio donde se daba educación física adaptada. La maestra me invitó a a ver y ahí me enamoré de eso. Ese momento me despertó las ganas”, relató Bonilla a Primera Hora, sobre una profesión que practica con total alegría porque ama a los ñiños y jóvenes con los que trabaja.

Bonilla, ahora de 44 años, se ha destacado como educador físico adaptado en atletismo por los pasados 18 años en la Escuela Jardines de Caguas (centro de vida independiente), impactando la vida de decenas de niños y jóvenes con distintas discapacidades mentales y físicas.

Además, como integrante del programa de Special Olympics Puerto Rico desde 2004, condujo a grupos a competir en cuatros Mundiales celebrados en Idaho (2009), Atenas (2011), Los Ángeles (2015) y Dubai (2019). La competencia en Idaho fue de invierno, llevando por primera vez un conjunto de hockey sobre piso de la isla. Además, ha participado en tres regionales latinoamericanos.

En la foto, Bonilla asiste a una de sus estudiantes de atletismo.
En la foto, Bonilla asiste a una de sus estudiantes de atletismo.

Bonilla además compitió en 2017 como atleta unificado para asistir al equipo de baloncesto a ganar la medalla de plata en los Latinoamericanos de Panamá.

A días de celebrarse San Valentín, fecha enfocada en el mercado de los enamorados, Bonilla resalta el amor y pasión que siente por su profesión para echar hacia adelante a menores como necesidades especiales.

“Es importante darle cariño no solamente porque es tu trabajo. Si vas con la mente de que tienes que tratarlos de cierta manera porque es tu trabajo, no logras nada con ellos. Muchos de nuestros atletas carecen de personas que vayan a ellos, que los apoyen, que crean en ellos. Muchas veces papá y mamá –no los culpo porque no estoy en su zapatos– no creen en lo que sus hijos e hijas son capaces de hacer”, declaró.

“Le ponen un sello a tu hijo y te lo crees. Uno no solo cambia la vida del atleta, también de sus progenitores. Tengo una anécdota de que cuando fui a Idaho. Uno de mis atletas, lo tenía en mi escuela hace tres años. Nunca había visto a su mamá en una práctica. Cuando el nene cae en el viaje, ella no lo cree. Ese joven fue a Idaho y a Costa Rica, y en este último viaje la mamá se montó. Después no se perdía ni una práctica. Cambié la vida del nene y también la vida de ella porque vio de lo que es capaz su hijo” compartió.

Impacta la vida de estudiantes y padres

Una de las mayores recompensas y logros de Bonilla es Brenda Sánchez, una joven con perlesía que educó en la escuela cagüeña y guió a graduarse de la Universidad del Turabo en una concentración de Educación Física general. Actualmente, es su mano derecha en los quehaceres de Special Olympics, organismo que ha realizado talleres virtuales desde la pandemia.

Víctor Bonilla junto a su exestudiante y ahora colega Brenda Sánchez.
Víctor Bonilla junto a su exestudiante y ahora colega Brenda Sánchez.

“Me dijo que estudió por mí y uno se queda ‘wow’. Todavía me busca y me llama para decirme las cosas que tiene. Ahora mismo trabaja en el residencial público donde vive como líder recreativa. Ha ido a un montón de competencias conmigo”.

Bonilla, que también es entrenador físico personal, se retiró en diciembre pasado como maestro en el sistema público, motivado en buscar nuevos proyectos que ayuden a los niños y jóvenes que le ha dedicado la mayor parte de su vida, y que lo han querido como una figura paternal.

“Tengo otras metas, ya que el Departamento de Educación no me iba a ayudar. No me voy a quitar de Special Olympics. No podría hacerlo. Necesito esa inyección de ellos. Mi meta es llegar a un puesto que yo pueda lograr algo duradero para que ellos, unas competencias o ayudas que se le puedan dar todos los años. Es bien difícil cuando no eres una persona conectada (para conseguir trabajos). Pero es mi meta para ayudarlos más todavía”.