Mayagüez. Después de una larga temporada, por fin el mentor de los Mets de Guaynabo, Luis ‘Wicho’ Aponte, podrá poner a un lado su pizarra sin tener que delinear un nuevo cuadro abridor; sus jugadores descansarán sus lastimaduras luego de un intenso torneo y su fanaticada celebrará por todo lo alto el cuarto campeonato seguido de su equipo.

El telón de la temporada 2019 del Voleibol Superior Masculino cayó el sábado sobre el tabloncillo del Palacio de Recreación y Deportes de Mayagüez y los Mets volvieron a levantar el trofeo de monarcas nacionales al derrotar por 3-2 y parciales de  25-23, 25-27, 25-19, 22-25 y 15-12 a los Indios de Mayagüez. Ganaron la serie por margen 4-1.

Para Aponte, fue el punto final a meses de mucho trabajo y también de incertidumbre, debido a lesiones y ausencias de jugadores clave durante  la temporada. Sin embargo, esa incertidumbre fue la sazón que hizo que este título supiera diferente.

“Fue una temporada de mucho trabajo y mucho sacrificio. Comenzamos con muchas cosas negativas”, reflexionó Aponte al conversar con Primera Hora luego de finalizado el último partido de la temporada.

El piloto de los metropolitanos enumeró algunas de las instancias en que el equipo tuvo que enfrentar alteraciones inesperadas en su plan de trabajo. Recordó la llegada tardía de algunos jugadores, las lastimaduras tempranas en la temporada de Jean Carlos Ortiz y Enrique Escalante, y la salida por todo el año de Steven Morales, también por lesión.

“Después, Maurice (Torres) se nos va en el tercer juego de la serie semifinal (a Japón), se nos va Abner (Cabrera) en la final (por compromisos profesionales), se lastima Ramón Burgos en el segundo juego y Jean Carlos Ortiz en el cuarto juego”, destacó el piloto de Guaynabo.

“Pasamos toda la temporada haciendo ajustes. Tuvimos que hacer muchos cuadros distintos sin mucha preparación. Pero, el grupo en general se merece todo el crédito porque los que trajimos para que asumieran la responsabilidad hicieron muy bien el trabajo y eso nos trajo hasta aquí”, subrayó.

 En la misma página estuvo el apoderado del plantel, Ramón ‘Zurdo’ Rosado, quien destacó la profundidad del equipo y sus jugadores veteranos que asumieron el rol de no dejar caer la intensidad y defensa del equipo, a pesar de perder algunas de sus figuras regulares.

“Yo sabía desde el principio que Maurice no estaría con el equipo para agosto 31 porque tenía que reportarse a su equipo en Japón. Lo de Abner fue una sorpresa”, confesó Rosado.

“La clave es que, a través de los años, hemos logrado montar equipos donde tenemos diferentes jugadores con capacidad para jugar diferentes posiciones. Esa profundidad fue clave”, agregó.

Uno de esos jugadores que asumió el rol de venir del banco y convertirse en figura fue Ezequiel Cruz. El veterano jugador, que venía de una molestia en el hombro, sustituyó en el cuarto y quinto partido a Ortiz, quien salió de acción por una lesión en una pierna. Y respondió de forma espectacular, al convertirse en una de las figuras ofensivas del jugo final que le dio el título a Guaynabo.

Pero, además de esperar pacientemente por su tiempo en cancha, también aguardó una década entera antes de saborear el elixir del triunfo. Cruz vistió la camiseta de los Plataneros en su último campeonato en la historia de esa franquicia, en el 2009.

“Yo había jugado con Corozal y habíamos ganado, pero llevaba diez años tratando de llegar. El año pasado nos quedamos un poquito corto en Adjuntas, pero este año afortunadamente se me dio. Es refrescante, después de tantos años, volver a celebrar un campeonato”, destacó Cruz.

Por lo pronto, Guaynabo espera mantener gran parte de su núcleo principal para la temporada que viene, donde buscarán el quinto cetro en línea.

“Todo es posible. Este es un equipo digno de admirar… Esperamos contar con la mayoría de ellos el año que viene y poder defender exitosamente una vez más el título”, sentenció Rosado.