Crítica: Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2
Lee la reseña de la nueva película de Harry Potter y ve otro episodio de Pa'l Cine.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 15 años.
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Henos aquí, de cara al final de la franquicia cinematográfica más lucrativa de la historia. Durante una década los cinéfilos hemos regresado una y otra vez a las aulas de Hogwarts para ver las aventuras de “Harry Potter” que ahora se despiden de la pantalla grande, al menos por el momento. Algunas han sido buenas, otras, no tanto, pero es lógico que para la última las expectativas estén por todo lo alto, y eso siempre suele ser un poco peligroso.
A lo largo de siete películas -siendo Harry Potter and the Deatly Hallows: Part 2 la segunda mitad de la séptima- se ha ido preparando el terreno para la culminante batalla entre el joven hechicero británico y su archienemigo, “Voldemort”. El evento –y no dude que esto es un GRAN evento para millones de personas- podría compararse con una estelar cartelera boxística entre los mayores campeones invictos del momento. Pero como bien conocen los seguidores de este deporte, la anticipación -por lo general- suele superar el resultado del combate.
El nivel de satisfacción entre los espectadores tras ver este capítulo final dependerá en gran parte de su apego sentimental a la serie, especialmente si han leído las aclamadas novelas de J.K. Rowling. Por años se ha prometido una grandiosa conclusión y, mientras visualmente el director David Yates cumple con esta encomienda, emocionalmente se queda un poco corta de recibir el calificativo de “épica”. Hay una notable falta de moméntum narrativo en esta cinta –que al unirse con la primera parte funciona como el tercer y último acto de la historia- que le impide alcanzar la catarsis que amerita.
El filme arranca con “Harry”, “Hermione” y “Ron” buscando destruir los horrocruces que les faltan para matar a “Voldemort”. Su investigación los lleva de vuelta a Hogwarts, que está bajo el poder del traidor maestro de las artes oscuras, “Snape”, personaje interpretado estupendamente por Alan Rickman, cuyo arco narrativo recibe la mejor secuencia de la película al igual que la resolución más satisfactoria. Es aquí, en Hogwarts, donde se desarrolla la mayoría de trama mientras se desata la batalla decisiva entre los seguidores del “Señor Oscuro” y “el niño que vivió”.
Si la película anterior careció de secuencias de acción –dedicándose mayormente a tratar de condensar en poco tiempo una enorme cantidad de información que no se incluyó en las primeras seis entregas y que era de vital importancia para el cierre de la saga-, ésta contiene las mejores que se han visto en la serie. La batalla en Hogwarts es impresionante, con un extraordinario uso de efectos especiales empleados espectacularmente por Yates para colmar la pantalla de asombrosas imágenes. Cada mago y bruja tiene su momento para brillar –por más breve que sea- ante los ojos del público.
Sin embargo, el hecho de mantener la trama moviéndose a un paso tan acelerado provoca que muchos momentos carezcan de peso emocional. La relación entre “Harry” y sus fieles amigos sufre mucho a consecuencia de esto, en especial el romance entre “Hermione” y “Ron”. También hay muchos personajes que mueren en esta película, incluso algunos que llevan años apareciendo en la serie y se han ganado el cariño de los espectadores, pero sus muertes, o no ocurren frente a las cámaras, o se presentan apresuradamente entre una escena y otra.
Resulta curioso que esta sea la entrega más corta de todas, con 130 minutos. Este es un filme que necesitaba mayor espacio para respirar. El desarrollo emocional requería de igual o mayor atención que las fascinantes secuencias de acción y, mientras bien es cierto que el aspecto más llamativo era la pelea “Harry” vs. “Voldemort”, incluso ésta resulta un tanto (que me perdonen los egresados de Hogwarts y Miss. Rowling) insatisfactoria y decepcionante en la manera cómo se resolvió -algo que supongo hereda del libro- y, por consecuencia, el tratamiento cinematográfico que se le dio.
Como estreno veraniego, Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2 es uno de los más entretenidos de la temporada, con gran valor técnico y artístico, pero como conclusión a una de las sagas más exitosas del séptimo arte es simplemente una cinta bien lograda. Y nada más. Los fanáticos de los libros sin duda tendrán una mayor satisfacción por ser capaces de llenar los blancos que se manifiestan en la mayoría de las adaptaciones cinematográficas mientras se despiden por segunda ocasión del Sr. Potter, que tantas alegrías les dio. Yo me limito a decir “adiós” y “gracias” por los buenos ratitos.

