Desde los ocho años, David Avilés Morales calentaba la pista en las fiestas familiares. La soltura para el baile se le daba natural, su familia lo identificó temprano en él y poco a poco se convirtió en su mejor lenguaje. También fue su escape a la violencia que lo bordeó mientras se criaba en el residencial Monterrey en Bayamón.

“Creo que era mi única manera para poder expresar lo que estaba viviendo”, dijo el bailarín, de 28 años.

Por varios años, el sentimentalismo que heredó de su madre Olga Morales (columna en su vida), lo canalizó secretamente a través del movimiento de su cuerpo. Toda la emoción quedaba allí. El miedo al rechazo del entorno violento y prejuiciado en que crecía lo hizo callar su inclinación por el baile. Temía que se cuestionara su sexualidad en una etapa tan convulsa como la adolescencia.

“Tenía mis vecinos amigos, que ninguno sabía que era bailarín de ballet, porque sentía que me iba a quitar un poco de respeto y entra el bullying y muchas otras cosas que quizás no estaba preparado para recibirlas", compartió. “Se ponen en duda muchas cosas sin tenerlas que hablar, porque la regularidad lleva a la gente a pensar lo que no es cierto”.

A los 13 años, llegó a su manos la historia West Side Story (Robert Wise, Jerome Robbins, 1961), en formato VHS, y su vida dio un giro que aún no termina.

“Esta película realmente me cambia la perspectiva de lo que era el ballet, porque la historia son dos gangas, historias de calle, personas que vienen de backgrounds difíciles, y me identificaba mucho, y de la manera en que se expresaban no era un baile de calle, no era hip hop, la manera de expresar sus sentimientos era a través del ballet y a mí eso me explotó la cabeza”, compartió. “Encontré por fin algo con qué identificarme, y da la casualidad que dentro de West Side Story, la mitad de los gangas son los Sharks, los Tiburones, y la mayoría se supone que sean boricuas y para mí eso fue bien impactante, porque soy bien patriota, se me ha inculcado mucho el amor por la Isla”.

De ese momento hacia acá suman 15 años, y hace apenas cuatro meses que este joven talento terminó su parte en el rodaje de la nueva versión que irá al cine de este clásico romántico, bajo la dirección del maestro de la pantalla estadounidense, Steven Spielberg.

“Esa historia me hizo realizar, darme cuenta que era lo que amaba y no tenía por qué no amarlo y perseguirlo”.

El bailarín boricua asistió a la audición para el filme sin haber entrenado por tres años, en los que se dedicó a cuidar a su hija.

Entrenado en Pure Sound Studio y Ballet Concierto de Puerto Rico, el afable bailarín ha acompañado a figuras como Luis Fonsi, Ariana Grande, Olga Tañón, Ednita Nazario y más reciente Ali Brooke. Igualmente ha integrado las coreografías del programa Mira quién baila, y del éxito musical Despacito.

Pero la audición para West Side Story le llegó en su momento de mayor inactividad. Con el nacimiento de su hija, Gennavid Mía, hace cinco años se autoimpuso una pausa para dedicarse a cuidarla mientras su pareja, Gina Santos, también bailarina, salía de gira. “Me dediqué a mi niña por tres años, y orgulloso de serlo porque no tuve la oportunidad de tener un padre... Esa vida quiero que sea mejor que la mía”.

Llegó entonces el huracán María (2017), y regresó a la ciudad de Miami, Florida. Seis meses más tarde, su mamá lo llama a notificarle que Steven Spielberg estaría en Puerto Rico realizando audiciones. “Wow, tiene que ser ahora, que no he entrenado, que soy un padre con daddy belly, y mi mamá, que siempre ha sido la persona que ha estado para mí, me dijo, ‘Tienes que venir’”.

David pasó la audición en Puerto Rico, luego en Miami, y finalmente viajó a Nueva York junto con los 50 escogidos para conocer al director. Seguido conoció al libretista Kushner y a Justin Peck, coreógrafo residente del New York City Ballet, que había sido su gran referencia en el baile. De momento lo tenía enfrente como su entrenador para la película.

“Estar ahí adentro fue algo muy loco, y quiero sacar de esto lo más que puedo”, manifestó el maestro de baby ballet. “Entre tanta gente que admiraba, que sentía que eran mejores que yo, que sentía que el lugar era muy grande para mí, pensaba en mi hija y sentía que tenía algo que nadie tenía y es ese tesoro”.

En esta experiencia cinematográfica, que llegará a la pantalla en diciembre, no solo desbordó su talento en el baile, sino que esa identidad que tanto defiende, la usó para dirigir a otros que representan a los puertorriqueños en la historia.

“La película tiene muchos momentos en que se necesita ser puertorriqueño para sentirlo de verdad y Steven llamaba a quienes él podía ver eso a flor de piel para que ayudáramos a quienes no entendían nuestra identidad, y de dónde venimos y por qué nuestra rabia”.

Avilés Morales integró la banda de "Los Tiburones" dentro de la trama romántica, originada en 1961.

Quizás mi familia necesitaba un doctor, un abogado, alguien con dinero, pero yo quería ser bailarín y nunca se me dio un no, siempre estuvieron en mis presentaciones y se lo tengo que agradecer”

-David Avilés Morales

West Side Story fue una reconexión con el bailarín que despertó en él desde los ocho años. Desde entonces ha sumado experiencias personales y profesionales que lo fortalecen. Lo único que resiente es que el entorno del que salió, ya no lo recibe igual.

“El trato es distinto, tal vez es algo inconsciente que se hace, pero me da un poco de (…), no sé cómo explicarlo, porque sigo siendo la misma persona, sea cual sea la oportunidad que se me presente en la vida”, afirmó con cierta tristeza.

David aguarda al próximo llamado. El lunes entrante tiene una reunión en Miami, y quién sabe qué nuevo pueda surgir, lo que sea, que lo coja bailando. “Hasta que tenga 60 o 70 años, me voy a seguir moviendo”.