Cuando se trata de comedias, el cine puertorriqueño mayormente ha favorecido un estilo irreverente y chabacano, algo que le funcionó bastante bien durante un tiempo. Pero de la misma forma en que la sociedad ha cambiado y se han sofisticado sus intereses —siendo las redes sociales y el ambiente cultural fuertes contribuyentes a esto—, también las películas deben reflejar cierta evolución de perspectiva artística. Esto es algo que se proyecta muy bien en “Hasta que la celda nos separe”, el primer largometraje de Picaflor Entertainment, escrito y dirigido por Mariana Emmanuelli.

La trama sigue a “Liza” y “Joseph”, una pareja que vive en Puerto Rico. Desean casarse y tener una mejor vida, pero constantemente se enfrentan al sistema económico y laboral de un país que no les beneficia. Debido a esto, la pareja decide robar una valiosa galería de arte, pero cuando el robo sale mal deben hacer todo lo posible por escapar de las autoridades y tener la boda que aún bajo sus circunstancias desean celebrar.

“Hasta que la celda nos separe” podrá ser una de esas cintas a las que tal vez entrarás sin muchas expectativas, pero este proyecto realmente tiene mucho que ofrecer. El diseño de producción, el uso de colores y los vestuarios fueron algunas de las cosas que llamaron mi atención de entrada. Estos elementos, los cuales cuentan con una naturaleza brillante y moderna, son efectivamente utilizados para meternos en el mundo de los personajes. En la cinta, por ejemplo, conocemos a un grupo de atracadores conocidos como “Las Vejigantes”, que utilizan máscaras coloridas basadas en los mismos personajes folclóricos de Puerto Rico, algo muy creativo que funciona visualmente en la cinta.

Otro elemento que funciona son las actuaciones, comenzando con Manu Hernández, quien hace un buen trabajo como “Miguel”, un repartidor de pizzas que se tiene que enfrentar a las locuras de los protagonistas y lo hace de una forma muy jocosa. También tenemos a “Padre Alberto”, interpretado por Maximiliano Rivas (“La Pecera”), uno de los personajes más graciosos de esta cinta a pesar de que mayormente no tiene líneas, por lo que su interpretación es mucho más física.

Nuestros protagonistas, “Liza” y “Joseph” son interpretados por Andrés López-Alicea y Gretza Merced Cruz, quienes hacen un excelente trabajo como estos “Bonnie y Clyde” puertorriqueños. Merced Cruz impresiona particularmente con su interpretación, canalizando efectivamente el carisma y la locura de personajes como “Harley Quinn” del universo de DC Comics o “Villanelle” de la serie “Killing Eve”.

Al timón de esta producción se encuentra su escritora y directora Mariana Emmanuelli, quien hace un sólido trabajo con el filme. Emmanuelli desarrolla varias secuencias divertidas y dinámicas utilizando colores llamativos y un ritmo narrativo acelerado que le va muy bien a la historia. Hay una secuencia durante el tercer acto que cuenta con una composición emocionante y explosiva que no se querrán perder.

Sin embargo, el libreto de “Hasta que la celda nos separe” se pudo haber beneficiado de algunos arreglos, ya que para profundizar en el desarrollo de sus personajes principales y su conexión con la audiencia debimos haber visto un poco más de por qué se encuentran en una situación económica tan precaria y qué intentaron hacer responsablemente antes de tomar las decisiones que finalmente fueron empujados a tomar.

Esta cinta tiene un elemento interactivo muy interesante: le permite a las audiencias participar por medio de una aplicación móvil que les permite explorar elementos adicionales de la historia. Aunque no he tenido la oportunidad de utilizar esta “app”, encuentro que la mera intención provee un nuevo nivel interesante de explorar en las salas de cine. Sólo el tiempo dirá si es algo que las audiencias están dispuestas a incorporar.

“Hasta que la celda nos separe” ya está disponible en las salas de cines del País.