De todos los géneros que existen en el cine, posiblemente ninguno sea más reciclado que el de la comedia romántica, y... ¿por qué no? Año tras año, Hollywood saca decenas de estas películas y, en la mayoría de los casos, consigue recuperar el dinero invertido con los recaudos en taquilla, independientemente de cómo les vaya con la crítica. Así que hay un mercado para ellas.

Asimismo, hay que decir que 'reciclada' no es necesariamente sinónimo de 'mala'. Después de todo, ¿por qué cambiar la fórmula si continúa funcionando? De vez en cuando sale una que otra que resulta divertida, otras que se olvidan con facilidad y varias más que lo que provocan es indiferencia. Como prueba de esta última categoría, el estreno hoy en Puerto Rico de New in Town.

En esta ocasión, interpretando a la enésima encarnación de la ejecutiva cosmopolita de la ciudad que se ve obligada a mudarse a un pueblo rural -primero odiándolo a muerte pero luego enamorándose de él y sus idiosincrasias- tenemos a Renée Zellweger, cuyo personaje de “Lucy Hill” es trasladado de las calurosas playas de Miami a las gélidas planicies de Minnesota.

La comedia se ancla a las situaciones que se suscitan cuando una chica de la metrópolis intenta acoplarse al ritmo más sosegado de los habitantes de un pueblo pequeño.

El romance, el interés amoroso (interpretado aquí por Harry Connick, Jr.) que siempre llega de manera inesperada, captura el corazón de la protagonista y le abre los ojos a un nuevo estilo de vida.

Tanto Connick, Jr., como Zellweger –ganadora de un premio Oscar por su papel en Cold Mountain- hacen lo que pueden con lo que les ofrece el libreto, repleto de cuanto cliché se ha filmado innumerables veces en otros largometrajes similares.

El filme tiene algunos momentos jocosos, pero no los suficientes como para mantener un buen flujo de carcajadas.

New in Town no es una película mala, pero tampoco es buena. Simplemente es como ver el mismo episodio de su comedia favorita de televisión por septuagésima ocasión: continúa viéndolo, recuerda por qué le gusta, pero ya no le da tanta gracia.