En el corazón de América, película puertorriqueña que estrena hoy en los cines locales, se encuentra un drama que toca muy de cerca la vida de muchas mueres en la Isla: la violencia doméstica.

Basada  en la novela de Esmeralda Santiago, El sueño de América, la cinta de la directora Sonia Fritz gira en torno a  una madre víctima de maltrato, protagonizada por Lymari Nadal (American Gangster), que se muda de Vieques a Nueva York huyendo de los abusos de su compañero consensual.

El guión, coescrito por Fritz, Nadal y Miguel Machalski, aspira a exponer  la cruda realidad del personaje -que comparte el nombre con el largometraje- matizada con tratamientos cinematográficos característicos de un filme de suspenso, fusión que no resulta tan efectiva como lo deseado.

Cuando se concentra en el drama de su protagonista, le película funciona muy bien gracias a una sólida dirección y el trabajo en conjunto del elenco que -en su mayoría- está similarmente bueno. El problema recae en elementos sacados de un thriller como Sleeping With the Enemy, que hacen del hombre maltratante -no un personaje creíble y tridimensional- sino un simple monstruo caricaturizado y sin personalidad que parece sacado de otro género.

La trama se desarrolla durante los últimos años de la Marina de Estados Unidos en Vieques. Nadal interpreta a “América”, una joven madre  que se ve forzada a abandonar a su hija en Puerto Rico para detener el patrón de maltrato de su pareja, un soldado de apellido “Correa”, encarnado por Yancey Arias, la única nota discordante del reparto.

Arias se esfuerza demasiado por ser el villano sobreactuando en la mayoría de sus escenas, lo que contrasta notablemente con la interpretación de Nadal quien siempre se proyecta natural y convincente. Por suerte, una vez “América” llega a Nueva York, la película prácticamente  se olvida de “Correa”, aunque no lo suficiente como para reintroducirlo en el último acto.

Sin embargo, el desarrollo del personaje de “América” es excelente, sobre todo en lo que concierne a su proceso de adaptación a Nueva York, que es lo que compone la mayor parte de la narrativa. Allí se reencuentra con parte de su familia, de la que cabe destacar las actuaciones de Tony Plana, Teresa Hernández y Marisé Álvarez, al igual que la de dos inmigrantes encarnadas por Yarelis Arizmendy y Celinés Toribio.

A estas virtudes se le suman el tremendo trabajo de Fritz tras las cámaras  y la cinematografía de ensueño de Willie Berrios. En su suma, América es un admirable esfuerzo del cine del patio.