La historia del underdog siempre ha sido una imposible de resistir. 

Si la cinta logra presentar a estas mujeres como personajes por los que se puede sentir empatía, es en gran parte gracias a un elenco liderado por una extraordinaria Jennifer López en su mejor trabajo en años. A sus 50 años, López renueva su imagen en el cine como “Ramona”, mentora de “Destiny” (Constance Wu), narradora de esta historia de amistad, traición y empoderamiento. 

Su interpretación ya es la comidilla de Hollywood, donde la mencionan en la conversación sobre los premios Oscar. 

Hustlers, en esencia, es la historia de una amistad que nació de la necesidad, se fortaleció en una mutua ira hacia las injusticias del sexo y llegó a su punto más alto en la elaboración y ejecución de un esquema criminal que las vio caer tan rápido cómo ascendieron.

“Ramona” es el cerebro de la operación cuyas inclinaciones maternales se hacen evidentes desde el momento en que acoge a “Destiny”. “Destiny” la observa dominar el tubo en una clase improvisada en que la mentora intenta elevar la seguridad y autoestima de la nueva chica, quien una y otra vez repite que su única meta es poder cuidar de su abuela y no depender de ningún hombre. 

“Leí el guión y no habían pechos por todos lados, eso no era lo suyo”, dijo López a Prensa Asociada sobre Scafaria. “Pero también sabía que estaba interpretando a una stripper y soy una mamá y qué significa todo eso, y mis hijos. Pero me sentí bien respecto a cómo ella quería contar la historia y que era algo de lo que podía sentirme orgullosa”.

En este mundo, los hombres son reducidos a patanes inseguros con tendencias violentas o novios celosos que se aparecen en el club en medio del turno de sus parejas en otro intento fallido de removerlas de esa línea de trabajo. Este acercamiento es clave a la hora de crear una conexión entre las mujeres y la audiencia. ¿Es este un crimen sin víctima? Según “Ramona” sí, pero Scafaria hace todo lo posible, y también necesario, para dejar claro que estas mujeres cometieron un crimen y que fueron ajusticiadas por ello. 

Es solo apto que Scafaria, una mujer que también ha tenido que hacer su propio “hustle” en Hollywood, sea quien lleve este relato con moraleja a la pantalla grande. En otra manos, fácilmente pudimos haber terminado con una película en que las protagonistas, quienes protagonizan una versión moderna de “Robin Hood”, habrían carecido de algún rastro de humanidad. Con Scafaria en el timón, la historia adquiere una dimensión necesaria para entender el proceso de un grupo de mujeres que hizo todo lo posible -con las herramientas provistas en el momento- para moverse hacia adelante en un mundo controlado por hombres, su violencia y sus tarjetas de crédito.