“Toy Story 5″: No te la puedes perder y te explicamos por qué
La quinta entrega de la saga de Pixar estrena en las salas de cine de Puerto Rico con una historia que enfrenta a los juguetes con un enemigo insospechado.

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Las tres primeras películas de “Toy Story” forman una trilogía prácticamente perfecta. Nos acompañaron durante la infancia y conectaron tan bien con el dolor de crecer y lo que cuesta ser padres, que se sintieron infinitas. Al infinito y más allá, literalmente.
Pero claro, en el Hollywood moderno, cerrar una historia no siempre es una prioridad. Nueve años después del tercer filme, llegó “Toy Story 4”. Ganó una millonada, pero le dio un buen viaje al arco perfecto de la trilogía. Por mucho que los más cínicos mancharan con sus críticas a “Toy Story 4”, hay que admitir que era bastante buena. Uno no puede ponerse muy riguroso frente a personajes tan divertidos como “Forky” o los peluches de feria. Además, tenía un punto excelente: trataba sobre “Woody” viviendo el “síndrome del nido vacío” y descubriendo que había vida después de “Andy”.
Toda esta introducción es para decir que “Toy Story 5” también es una película buena. Quizás no les llegue a los talones a las tres primeras, pero es que esta saga juega en otra liga.
Para esta entrega, Andrew Stanton, el mago que ha hecho brillar a Pixar, regresa al mando del guion y en la dirección.
La cinta presenta varios aciertos gigantes de entrada. Y el mejor de todos es poner a la vaquerita “Jessie” en el centro de la acción: Se trata de un personaje genial y divertidísimo que se come la pantalla. Además, la pequeña “Bonnie” resulta un personaje adorable.
Pero el verdadero núcleo de la historia es un conflicto brillante, actual y sumamente identificable tanto para niños como para padres por igual: los juguetes contra la tecnología.
En “Toy Story 5”, las tabletas entran a escena y desatan las alarmas en el cuarto de juegos. En el universo de la saga, igual que en el mundo real, el momento en que un niño descubre las pantallas es un cataclismo total. Abordar este tema le da a la película algo que casi ninguna secuela tiene hoy día: una verdadera razón de ser. Con lo metidas que están las pantallas en la crianza actual, la trama se siente completamente necesaria.
La tableta “Lilypad” se convierte en el gran desafío para los juguetes de “Bonnie”, quien, a sus 8 años, empieza a cambiar sus figuras de plástico por el dispositivo electrónico para encajar con el resto de sus amigos. La película logra plasmar esto con una brillante y acertadísima crítica social, mostrando escenas muy ingeniosas donde los juguetes se mueven con total libertad por el mundo real simplemente porque los humanos tienen las cabezas enterradas en sus pantallas.
Para meterle más realismo moderno, la historia retrata de forma excelente y muy madura los dolores de la convivencia digital y el crecimiento en el mundo hiperconectado de hoy. Todo este lío obliga a la pandilla a emprender un entrañable viaje para recordar lo que verdaderamente importa: recuperar el valor de una buena tarde de juegos tradicionales.
La acción resultante es previsiblemente encantadora y superentretenida. El gran gancho de la película es cómo logra equilibrar la aventura clásica de Pixar con un mensaje profundo sobre el aislamiento infantil y la desconexión familiar.
Pero, sin duda, lo más hermoso y convincente de la película son unos fragmentos animados de forma muy artística que muestran la magia del juego puro. Estas escenas son un recordatorio precioso de que los niños solo necesitan su imaginación para divertirse, cerrando la película con una nota altísima de emotividad que nos demuestra que todavía queda magia en la caja de juguetes.
Después de todo, madurar también es aceptar que la historia puede expandirse si se hace con mucho corazón.
(En base a una reseña de Prensa Asociada. Esta historia contiene información generada con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial.)


