Maritza Medina, Liza Lugo y Marisa Baigés llevan esperanza en “Cuadro de honor”
La obra teatral dirigida a estudiantes aborda temas como violencia, “bullying”, deserción escolar y el uso de drogas, entre otros.

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Llevar a la reflexión sobre ciertos desafíos en la adolescencia es una misión que las actrices Liza Lugo, Maritza Medina y Marisa Baigés acogen con gran determinación en la obra teatral “Cuadro de honor”, dirigida principalmente a estudiantes. Además de darle vida a sus respectivos papeles en el escenario, anhelan que el mensaje sirva de guía y esperanza.
“Nuestro productor, Gerardo Rodríguez, siempre ha trabajado proyectos que van dirigidos precisamente a aportar en la medida posible a esta temática tan terrible que estamos viviendo día a día con la juventud, con todo lo que está pasando en las escuelas”, manifestó Marisa Baigés sobre la puesta en escena con funciones escolares para el próximo 23 de septiembre en la Universidad Interamericana de Bayamón; el 15 de octubre en el Centro de Bellas Artes de San Sebastián; y el 4 de noviembre en la Universidad Interamericana de Arecibo.
“Ya no es como cuando nosotros éramos estudiantes, que había un respeto al maestro, un respeto a las instituciones, había un respeto a la vida. Ahora mismo, lamentablemente, la educación se ha perdido en donde debería comenzar, que es en la casa”, prosiguió dentro de su reflexión. “Se han perdido muchos valores. Este tipo de montaje precisamente lo que pretende es llevar esas situaciones que está viviendo la juventud de hoy día, las situaciones que están enfrentando también los maestros, los trabajadores sociales”.
La trama de “Cuadro de honor” presenta la realidad de cuatro jóvenes de escuela superior -“Nico”, “Elba”, “Emilio” y “Dafne”-, marcada por conflictos que afectan su desarrollo personal y académico. Dentro de la misión educativa, aborda temas como violencia, “bullying”, celos, relaciones tóxicas, deserción escolar, uso de drogas y problemas familiares. Además de las tres actrices, el elenco lo componen Alberto Viera, Chris Martínez, Lara Morales, Aníbal Méndez y Karina Correa.
Liza Lugo le da vida a la maestra de salud “Kiara González”.
“Siempre pasa en las escuelas que a lo mejor tienes una maestra que es estricta y seria, pero es a la que van a buscar para consejos, a la que se le confiesan. Ese es mi personaje, una mujer muy consciente que busca siempre asesoría con la trabajadora social. Incluso le dice ‘hay que revisar por aquí porque está pasando esto, me preocupa fulanita, sutanito’. Esa es la función de mi personaje”.
Marisa Baigés es “Nova García”, una madre trabajadora que lidia con los conflictos de su hijo “Nico” (Chris Martínez).
“Ella llega a buscar de alguna manera el apoyo, tanto de la trabajadora social como de la maestra, para poder bregar en las situaciones en las cuales este niño se está metiendo y donde, si no hacemos algo a tiempo, se pierde. Ya anda con revólver, con droga, buscando venganza. Es un muchacho difícil”.
Maritza Medina personifica a la trabajadora social “Zinnia Portales”.
“Es quien escucha, quien ve esperanza en ellos, quien escucha a los maestros, al director, a la madre. Se preocupa y sabe que hay cosas que se van de las manos, pero siempre tiene esperanza, hace pensar que esto tiene una solución”.
En este sentido, le parece de gran relevancia que la obra también proponga un panorama alentador por encima de la dificultad.
“Dentro de todo, veo en cada personaje de nosotros, incluyendo los estudiantes, que cada decisión que se va tomando se hace desde el amor”, dijo. “Desde el amor se hacen muchos cambios en la vida de un ser humano y esa intervención fue por amor. Eso que ellos están viviendo demuestra también distintos tipos de amor, el amor de madre, el amor de estudiante, pero también el amor de nosotros como parte de la vida”.
Baigés también se muestra complacida con los mensajes que plasma la pieza escrita por Gerardo Rodríguez y que cuenta con la dirección de Doel Ramírez. “Al final, la obra es sobre eso, de que no estamos perdidos, de que los jóvenes por más que estemos viendo las situaciones de las que hemos hablado, todavía hay esperanza”.
Lugo coincidió con esta perspectiva y abordó una lección importante dirigida a los padres y otras personas responsables de una manera y otra del desarrollo de los estudiantes. “No puede haber miedo de parte de los adultos a intervenir. Desgraciadamente, vemos mucho eso, el ‘es que él es así’, o ‘ay, es que es una etapa’. No es una etapa. Es que tienes que agarrar al toro por los cuernos, porque sí es posible rescatar, sí es posible llegar a tiempo y tomar las riendas. Sí se puede rescatar esos jóvenes”.
Una experiencia diferente
Utilizar el teatro para esta misión educativa es una iniciativa que las artistas aplauden, en especial para llevar al público estudiantil la experiencia de las artes escénicas. Maritza Medina expuso lo provechoso de esta posibilidad.
“Es una oportunidad no solamente de llevar un mensaje, sino también de brindarle a los estudiantes la magia del teatro. Es otra cosa. No es lo mismo que ver una película. El teatro es único, y sacar a los estudiantes de la escuela para ir en grupo con sus compañeros a ver una obra de este tipo va a ser una gran experiencia”.
Liza Lugo coincidió con su postura. “Hay veces que se puede hablar mucho o podemos ver otro tipo de expresión artística, como el cine, pero al hablar su idioma y estar frente a frente, los reta”, dijo. “Se conectan con seres vivos, que somos nosotros. Por experiencia te puedo decir que se siente el silencio en la sala. Eso nos deja saber que de verdad les llega y lo necesitan. Y se sienten identificados porque se ven en los actores”.


