A Miguelángel Suárez lo despiden y lo entregan al mar
Lo despiden y lo entregan al mar

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 17 años.
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Miguelángel Suárez era un ser diferente. Su temple, su disciplina y su pasión por la actuación lo colocaban en un sitial único. Ante estas características, era natural que su despedida se distanciara de los velatorios tradicionales.
El veterano actor fue cremado el viernes, pero ayer, domingo, le dieron el último adiós en una celebración de su vida en el Teatro Tapia en el Viejo San Juan. Era su despedida, pero sus familiares, sus amigos, sus colegas y su público sólo querían festejar su fructífera trayectoria.
La actividad, que comenzó a las 2:50 de la tarde, se nutrió de anécdotas, canciones, poemas y, sobre todo, palabras de elogio para este primer actor. Después de un sublime evento en la sala teatral, se trasladaron al cementerio Santa María Magdalena de Pazzis (Cementerio de los Próceres) para, en un improvisado acto, esparcir sus cenizas en la tumba del líder independentista Pedro Albizu Campos. Luego, después de encontrar una salida al mar, lanzaron el resto de las cenizas.
Cuando se entraba a la sala del Teatro Tapia, ambientada con el cantar de los coquíes, en el centro del escenario se encontraba la urna de madera con las cenizas del actor. A la extrema derecha había dos fotos, una de ellas con su nieto Fabián.
El evento artístico inició con la proyección de escenas de la obra La historia del zoológico, protagonizada por Miguelángel Suárez y Jacobo Morales. Entonces, subió la pantalla y descendió la bandera puertorriqueña. La respuesta fue inmediata: “¡Viva Puerto Rico libre!”, gritó alguien del público.
Amneris Morales, esposa de Miguelángel Suárez, agradeció al público y presentó a uno de los mejores amigos del actor, el licenciado Enrique Alloroa Santaliz. El abogado, quien compartió 45 años de amistad con el homenajeado, resaltó al actor, al patriota, al amigo, al ser humano honesto y noble.
Después de estas palabras, pisaron la tarima el cantante Andy Montañez para interpretar Quiero hablar contigo, y el vocalista Roy Brown entonó el poema Amigo de siempre, de la autoría del ex preso político Rafael Cancel Miranda. Continuaron Mary Pacheco con Preciosa y Edgardo Huertas con un Beso y una flor, quienes fueron acompañados por el público. Antonio Cabán Vale “El Topo” apareció con su guitarra para cantar Verde luz y Danny Rivera interpretó Perla del Carbe.
Una vez terminada la música, Amneris Morales le dedicó a su esposo Te amaré, del cantautor cubano Silvio Rodríguez, y apoyó su cabeza en la urna. “Gracias por haberme hecho tu mujer y dejar que permaneciera contigo en esta transición. Siempre vivirás en mí”, dijo Amneris a su esposo Miguelángel Suárez, de 69 años de edad, quien falleció el pasado miércoles en el Hospital Metropolitano en Guaynabo. El actor perdió la batalla en contra del cáncer de esófago.
Al último adiós asistieron, además, Iris Martínez, Jaime Ruiz Escobar, Jacobo Morales, Luz María Rondón, Lucecita Benítez, Adrián García, Elia Enid Cadilla, Raúl Carbonell y Rafael Cancel Miranda, entre otros. Además, la hija de Miguelángel, Alondra, acompañada de su madre Nana Hudo, y los hermanos del actor, que se mantuvieron al margen del homenaje.
Tras el fuerte aplauso en la sala teatral, a eso de las 4:30 de la tarde, el grupo de familiares, amigos y admiradores salió en ruta al Cementerio de los Próceres. Liderados por Amneris Morales, la multitud caminó por la calle Norzagaray cantando la versión revolucionaria de La borinqueña y temas al ritmo de los pleneros.
El grupo entró por la entrada principal de La Perla ante la mirada sorprendida de sus residentes. Ya en el cementerio, se situaron en la tumba del líder independentista Pedro Albizu Campos. Allí, con un cielo nublado pero colmado de chiringas, el ex preso político Rafael Cancel Miranda resaltó que Miguelángel supo “ser puertorriqueño” y que las personas que se recuerdan siguen con vida.
Entre gritos de “Centro de Convenciones Miguelángel Suárez” de personas como Tito Kayak, Amneris comenzó a esparcir las cenizas del actor encima de la tumba de Albizu Campos. Ese gesto lo hicieron otros amigos que, sin más, tomaron un puñado de las cenizas.
Después, quienes quisieran metían la mano en la urna y tomaban el resto de las cenizas que serían lanzadas al mar.
Como todo un acto de improvisación, y como la pared del cementerio era alta, seguían con los puños con cenizas sin encontrar una salida al mar, hasta que por fin el grupo tuvo acceso por unas escaleras. Entonces, dejaron que los golpes de agua se llevaran al actor, como era su deseo.

