Pamela Anderson vivió una pesadilla tras diagnóstico que sintió como una “sentencia de muerte”
Durante años convivió con la enfermedad mientras enfrentaba el estigma social y la incertidumbre sobre su salud, en una época en la que los tratamientos efectivos aún no estaban disponibles.

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Pamela Anderson recordó uno de los momentos más difíciles de su vida al confesar que, cuando fue diagnosticada con hepatitis C en 2002, los médicos le dijeron que probablemente le quedaban unos 10 años de vida. La actriz aseguró que aquella noticia cambió para siempre su manera de ver el futuro y la de sus dos hijos.
La estrella de Baywatch, de 59 años, hizo la revelación durante la gala benéfica amfAR Venezia, celebrada en el marco del Festival de Cine de Venecia, donde recibió el Premio al Coraje por su labor humanitaria y su apoyo a la investigación médica.
“Eso puso mi vida de cabeza”
En su discurso, Anderson recordó que el diagnóstico llegó en una época en la que aún no existía una cura para la hepatitis C.
“Fue una sentencia de muerte. Eso fue lo que me dijo mi médico: que probablemente me quedaban unos 10 años de vida”, expresó la actriz.
La intérprete explicó que el mayor temor no era morir, sino pensar qué sería de Brandon y Dylan, sus hijos con el músico Tommy Lee, quienes eran pequeños en ese momento.
“No era miedo a la muerte, era miedo a lo que les pudiera pasar a mis hijos. Eso puso mi vida de cabeza”, afirmó.
Cómo contrajo la enfermedad
Anderson reveló públicamente su diagnóstico hace más de dos décadas y sostuvo que contrajo el virus tras compartir una aguja para tatuajes con su entonces esposo, Tommy Lee, quien también tenía hepatitis C.
Durante años convivió con la enfermedad mientras enfrentaba el estigma social y la incertidumbre sobre su salud, en una época en la que los tratamientos efectivos aún no estaban disponibles.
La cura llegó en 2015
La actriz recordó que los avances médicos transformaron su historia. Después de someterse a un tratamiento antiviral aprobado años más tarde, anunció en 2015 que había eliminado por completo el virus.
Desde entonces, ha utilizado su experiencia para promover el acceso a tratamientos y crear conciencia sobre la hepatitis C, una infección viral que afecta el hígado y que hoy puede curarse en la mayoría de los casos con medicamentos modernos.
Al cerrar su intervención en Venecia, Anderson dejó un mensaje de resiliencia:
“No soy una víctima. Soy una vencedora”.


