Hace unas semanas, el actor Teófilo Torres se encontraba en la plazoleta del Centro de Bellas Artes de Santurce como parte de su calentamiento antes de comenzar su función. El experimentado intérprete estaba en la piel de “Carlos Umpierre”, protagonista del monólogo A mis amigos de la locura. El que no lo reconocía lo miraba con indiferencia porque se trataba de un loco más que parió este país.

De otro lado, en 2008, en pleno fervor político apareció “Ninguno”, un personaje no tradicional que quería ganar las pasadas elecciones. A diferencia de la experiencia teatral de Teófilo Torres, “Ningu no” se ganó muchas miradas, saludos y votos. No sólo por su cabeza grande de papel maché, sino porque los mensajes a su alrededor eran contundentes: “Ninguno conoce tu situación” y “Ninguno trabaja en la fábrica como tú”, en referencia a los líderes que nunca cumplen sus promesas de campaña y están alejados de la realidad del pueblo.

“Ninguno”, una creación del colectivo Papel Machete, tiene una magia singular. Él es parte del mundo fantástico de los títeres que, más allá de capturar la atención por sus características, goza de una historia vinculada a la denuncia de temas sociales y políticos.

Javier Maldonado, del colectivo Papel Machete; Sugeily Rodríguez, de Teatro Aspaviento; y Javier Ortiz, de El Mundo de los Muñecos, se identificaron con el poder del títere. Papel Machete alza su voz para denunciar situaciones sociales y políticas, pero sobre todo para hacerse eco de las comunidades en pie de lucha. Teatro Aspaviento se enfoca en la denuncia desde una mirada poética. Mientras, El Mundo de los Muñecos apunta sus esfuerzos educativos a los niños, aunque también ha sabido profundizar sobre problemáticas locales e internacionales.

“Nosotros trabajamos dentro del concepto de política y apoyo a las comunidades. Las propuestas están enmarcadas en la lucha de clases. Pero, sobre todo, trabajamos dependiendo de la coyuntura actual. ‘Ninguno’, gobernador, tenía como fin la abstención al voto, porque creemos que la democracia se hace desde las comunidades. ‘Ninguno’ era el candidato del pueblo trabajador. Dentro de la propuesta creativa, usamos el humor”, explicó el integrante de Papel Machete, compuesto por 15 activistas unidos por el compromiso de tomar acción en eventos como la huelga de la Universidad de Puerto Rico y las expropiaciones a comunidades como la de Villa del Sol, en Toa Baja, y Las Gladiolas, en Hato Rey.

“El títere es un arma que dispara y no tiene clemencia”, dijo, por su parte, Sugeily Rodríguez sobre las razones que la acercaron al teatro de títeres. “Todos los medios tienen su magia, pero los títeres no tienen limitaciones, te dan libertad creativa. No responden a un público específico”, señaló quien prefiere los títeres de guantes.

Javier Ortiz, proveniente de una familia de titiriteros, añadió que los distintos recursos del teatro de títeres (marionetas, máscaras, títeres gigantes, títeres de varilla) permiten que la experiencia teatral sea única e imborrable. “Para los niños es bien llamativo y el mensaje se queda en la memoria. El títere tiene la capacidad de agarrar la atención de una manera que no hace el actor tradicional, y te adentra a un mundo de fantasía”, señaló quien lleva 32 años realizando estas representaciones.

La denuncia es la raíz

Aunque el títere ha sido una herramienta educativa efectiva para los niños, Sugeily Rodríguez puntualizó que este arte milenario nació para criticar las gestiones de los gobiernos y exponer las necesidades de los pueblos. Reconoció además las aportaciones del grupo El Tajo del Alacrán, que dejó una huella crítica en el Puerto Rico de los 70. Este grupo visitó comunidades con su proyecto teatral, que exponía los problemas de la sociedad puertorriqueña y la incorporación del público como parte activa de la representación.

“Como es un objeto manipulado y atrae a los niños, se ha utilizado en términos educativos, pero en los 70, El Tajo del Alacrán, fundado por Lydia Milagros y Antonio Martorell, utilizó máscaras y títeres para la denuncia social. En los últimos años, la labor de Deborah Hunt ha sido esencial para hacer un tipo de teatro alternativo y experimental ante un público adulto que no se había enfrentado a esta experiencia”, mencionó quien colaboró con Hunt en el espacio Yerba Bruja, que cerró sus puertas en marzo. El trabajo de Hunt ha sido puntual para el mantenimiento y desarrollo de este género en el país. Actualmente, en este arte también se destacan el colectivo Y no había luz, Tere Marichal, Casa Cruz de la Luna, Dave Buchen y Compañía de Teatro de Títeres Cibuco, entre otros.

Rodríguez comunicó que el uso de muñecos o títeres se remonta al siglo 16, tiempo en que de forma disimulada criticaban a las monarquías.

“Los personajes reales eran censurados, por lo que era la forma de comunicar la crítica al gobierno de una manera disimulada. Estamos siguiendo una tradición, porque la naturaleza de este teatro es la protesta. Posteriormente, se comenzó a hacer para niños, pero su raíz es denunciar. En los 60 y 70, hubo un auge en Puerto Rico y mermó. Entendemos que la coyuntura actual merece este tipo de teatro. No solamente para reaccionar a las gestiones del gobierno de turno, sino por las situaciones que viven las comunidades y la lucha de clases y de los trabajadores”, agregó el pintor y grabador Javier Maldonado al recordar que la primera manifestación de Papel Machete ocurrió en 2006, cuando reaccionaron ante al cierre temporero del Gobierno durante la administración de Aníbal Acevedo Vilá.

Barreras

La ausencia de los titiriteros en la televisión, los espectáculos de personajes de películas y la falta de interés de fomentar las artes son barreras con las que estos artistas han tenido que lidiar.

“El que no sale en televisión no existe. El Departamento de Educación nos apoyaba más hace 10 años. También, la llegada de espectáculos de patinaje sobre hielo afecta al artista local. Esos espectáculos son bonitos, pero no son trascendentales ni contribuyen a una experiencia formativa”, señaló Javier Ortiz.

De otro lado, Sugeily Rodríguez lamentó que las artes no sean prioridad en las plataformas de los líderes del país. Igualmente, aseguró que los pocos espacios de representación no tienen relación con el desinterés del público, sino con la falta de educación.

“Vivimos en tiempos en los que la cultura no es prioridad. Esa desconexión (con este arte) es el producto de años en los que a muchos no les ha importado la permanencia de la sensibilidad. En general, eso no afecta sólo al artista, sino al espíritu del pueblo. Cuando esas grietas comienzan a crecer, es difícil que la gente tenga la necesidad de querer ser parte de las artes”, concluyó.