Una boricua que goza en China más allá de las Olimpiadas

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 18 años.
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Hace cerca de un año Francheska Sánchez sintió que necesitaba darle otro giro a su vida, hacer algo distinto. “Estaba buscando algo diferente después de graduarme de universidad. Estaba trabajando en Miami y como que necesitaba un cambio, y un cambio tan diferente como venirme a China”, cuenta la entusiasta relacionista pública que hoy, martes, celebra sus 23 años de edad.
La noticia, de seguro, fue una de las pocas que han dejado boquiabierto a su padre, el locutor y presentador Antonio Sánchez “El Gángster.”
Dice, inclusive, que todavía ni su papá ni su mamá Gladys Nelba digieren del todo su decisión de vivir sola al otro lado del mundo occidental, pero sí la respetan.
“Lo que quería era hacer algo nuevo en mi vida y al llegar aquí (en diciembre de 2007) y encontrar algo tan diferente; era lo que buscaba”, sostiene quien rápido consiguió trabajo como ejecutiva de cuentas de la firma norteamericana de relaciones públicas Fleishman-Hillard.
Para la mayor de tres hijos, el principal obstáculo al radicarse en la ciudad de Pekín fue el idioma. Ni siquiera su dominio del inglés le representó una esperanza para entenderse con los millones de chinos que la rodean.
Aprende chino “a la mala”
“Acá muy poca gente habla inglés. Yo no entendía el idioma, he tenido que aprender en la calle, día a día. Ya sé lo suficiente como para defenderme y he tenido que aprender a la mala, porque a pesar de que trabajo en una compañía americana, mis compañeros son chinos y a veces me veo en reuniones donde no entiendo nada”, relata vía telefónica a PRIMERA HORA.
“De verdad lo más difícil es uno comunicarse con la gente, sientes que lo tienes todo tan claro en tu mente, pero no tienes las palabras para comunicarlo a la gente”, agrega.
A este choque idiomático atribuye el discrimen que a veces percibe de los taxistas que, según relata, pueden verla solicitando transporte y no se detienen, sin embargo, lo hacen a pocos pasos de distancia para recoger a un local.
Pero estas experiencias Francheska las narra sin sorpresa, más bien entendiendo que son parte del proceso de vivir fuera de la patria.
Contrario a lo que se pueda pensar, la comida no ha sido un problema grave para esta joven que se siente como si fuera la tercera puertorriqueña en China, pues apenas se ha topado con un compatriota.
“A mí la comida china siempre me ha gustado. Sí hay veces que siento que no quiero más, pero ahí es cuando yo me las invento”. Los tostones es lo que más extraña, anota.
La comida, de hecho, es una de las pocas necesidades básicas que considera caras en Beijing, pero sólo para los extranjeros. “La vida no es costosa para un local, pero si tú quieres comprar un producto, algo normal para nosotros como el queso, eso no es parte de la dieta de ellos y te tienes que ir a un supermercado especializado para extranjeros donde los precios son un poco más caros”, detalla.
Francheska se mueve al trabajo en taxi y durante los fines de semana disfruta montar su bicicleta para “ir viendo todos estos monumentos que sólo verías en un texto”.
“La arquitectura me encanta. Me fascinan los templos, me fascina todo eso”, manifiesta quien ha visitado la Muralla China y la Ciudad Prohibida.
Espera ir a las Olimpiadas
Francheska todavía no tiene boletos para entrar a los eventos de las Olimpiadas, pero, advierte, “voy a ver cómo me las remedio para ir a alguno”.
La realización de los Juegos Olímpicos 2008 en Pekín, comenta, ha motivado un espíritu de celebración entre los chinos. “Para ellos tener las Olimpiadas es lo más grande que les ha pasado y de verdad que es una experiencia increíble vivir en esta ciudad y ver cómo todo se va desarrollando”.
Algo que ha llamado su atención es la seguridad que, aunque afirma que es buena, en estos días es mayor. A esto se suma que en cada esquina observa grupos de voluntarios dispuestos a orientar a los visitantes con motivo de los Juegos.
Conseguir un boleto para alguno de los eventos deportivos quizás sea tan fácil para Francheska como darse cuenta de que mudarse a China fue su mejor aventura, al menos por un año.
“De verdad era lo que tenía que hacer en el momento en que tenía que hacerlo, me hace falta mi país, pero era algo que tenía que hacer”, concluye.


