Violenta la pasión filial

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 18 años.
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Mencionar que su más reciente libro con el sello chileno Cuarto Propio explora la violencia en la familia, obliga a Vanessa Vilches a hacer dos aclaraciones.
Primero, “aquí no va a haber degollados”. Segundo, no necesariamente hay que vincularlo con la pasión que ella siente por el género autobiográfico y la literatura llamada femenina.
“Para algunos pueden ser perversos; para otros, tristes”, advierte la autora de “Crímenes domésticos”, conjunto de 11 cuentos que se pondría en circulación en la noche del jueves en la librería La Tertulia, en Río Piedras.
“Pero no es un libro de violencia doméstica per se, más bien (trata) de las relaciones desde la visión más freudiana de la palabra”, explica la escritora puertorriqueña ilustrando la obsesión de Rafael Acevedo. Ese colega, quien tendría a cargo la presentación del tomo junto a Marta Aponte Alsina, destaca como ejemplo de esta noción el “dulce olor de unos pechos” y la consecuente desesperación que produce éste en uno de los personajes.
“Realmente es aquello que es inquietante de esos lazos que pensamos que son naturales por biológicos, y que a veces nos cuestionamos. Es la violencia escondida, retenida, que existe en todas las familias, que siempre se trata de obviar, pero está ahí porque toda relación implica cierta violencia”, afirma.
La crítica literaria, apasionada por el género autobiográfico, cuenta que su relación con la prestigiosa editorial Cuarto Propio, ubicada en Chile, empezó por un email que envió para proponer su primera publicación con ese sello, “De(s) madres o el rastro materno en las escrituras del Yo” (2003).
Precisamente en ese análisis, la también profesora de Lengua y Literatura en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras establece, a base de la teoría de Jacques Derrida, que “de alguna manera todo texto es autiobiográfico y por lo mismo no lo es”, pues “plantear que es una autiobiografía es un acto de ficción”.
Aun así, todavía Vanessa Vilches no considera unirse al clan de letristas como Esmeralda Santiago y Carmen Boullosa.
“No es lo mismo una esclava del siglo 19 que una mujer de Alaska, que una boricua del siglo 21”,opina sobre categorías como “literatura femenina”.
“Prefiero contestar con la evasiva. Por una parte son importantes y por la otra son peligrosas, porque si queremos tener una receta de que escribir femenino es incluir orígenes, sentimientos... pues no sirve”, acentúa la columnista del periódico Claridad.

