No es poner colchas y cortinas. Es más complejo que eso. El diseño de interiores es un pase al espacio más íntimo de las personas, para desde allí darle forma a su mundo.

Y para llegar a ese punto hay que tener mucho más que buen gusto.

Francheska Revilla festeja en estos días sus 10 años como diseñadora, y el camino ha estado lleno de telas y pinturas, pero también de mucho esfuerzo y conocimiento.

“En esta carrera son retos bien grandes todos los días”, comenta quien trabaja proyectos residenciales y comerciales.

En cada proyecto se dan tres elementos básicos: personalidad del cliente, presupuesto y espacio de trabajo.

Para manejarse en esas tres áreas, dice la otrora exponente de música urbana, se desprende de su gusto personal para adentrarse en las historias de vida de las personas y así capturar lo necesario para darle forma a su ambiente.

“Es entrar en el templo, en el hogar de cada persona”, comenta la propietaria de la firma Design Boutique.

Ser simple y a la vez seductora en sus decoraciones es parte del estilo de Francheska, quien asimismo procura no usar modas que cansen rápido a los clientes.

“Menos es más” es su lema.

Su décimo aniversario como interiorista marca una evolución en su carrera con la consolidación de su firma.

Actualmente cuenta con otras dos diseñadoras, un gerente de proyecto y una coordinadora de oficina, a los que se suman nueve subcontratados.

“Estoy muy orgullosa de lo que me dedico; soy artista definitivamente”, afirma quien el año próximo culmina su bachillerato en negocios con especialidad en mercadeo.

Expandir su negocio a nivel local e internacional son las proyecciones a corto y mediano plazo de esta profesional que ya cerró su capítulo en la música.

“Esto no se queda aquí. Vamos a seguir explorando otros territorios para llevar nuestro arte”, puntualiza.