En los años 70, la música, el teatro, la poesía y las reflexiones sociopolíticas sobre el país y el mundo convergían en un espacio singular: La Tea, en el Viejo San Juan.

Si es cierto lo que dicen acerca de que los conflictos estimulan la creatividad, este lugar estuvo colmado de talento, porque eran los tiempos de la guerra de Vietnam, de escándalos políticos (Watergate), de golpes de Estado (Chile), de fin de dictaduras (España), de protestas universitarias y de la influencia de los hippies que nacieron en los 60.

“Este sitio estuvo enmarcado con la realidad histórica de Puerto Rico. La Tea respondía a la realidad de los 70, de rebeldía. Ese lugar era el preferido de los artistas y del público porque había una efervescencia para la creatividad. Todo se canalizaba allí”, expresó el periodista Javier Santiago, de la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

Santiago recordó que La Tea era un sitio dominado por la música y las propuestas teatrales underground. En esas paredes nacieron grupos de la nueva trova, como Haciendo Punto en Otro Son, y surgieron proyectos contestatarios a cargo de figuras como Antonio Pantojas, Miguelángel Suárez, Esther Sandoval, Iris Martínez, Sharon Riley, Teófilo Torres, Sunshine Logroño, Los Rayos Gamma y otros.

El gestor cultural señaló que La Tea fue una iniciativa del aguadillano Abelardo Ceide. Dijo, además, que aunque existían muchos café-teatros, La Tea era emblemática porque mantuvo sus puertas abiertas por alrededor de 14 años. Este espacio cultural nació en abril de 1970, en la calle Sol, en el Viejo San Juan. Hoy es el restaurante El Jibarito.

“Era el sitio donde tenía espacio la música comprometida o los trabajos políticos”, comentó, por su parte, la cantante Josy Latorre, integrante de la agrupación Haciendo Punto en Otro Son, a quien le cambia su tono de voz al recordar lo que sucedió en este lugar.

“Nosotros nos presentamos el 30 y 31 de octubre y el 1 y 2 de noviembre de 1975. Allí, se originó Haciendo Punto en Otro Son, a pesar de que no estábamos buscando hacer un grupo. Haciendo Punto en Otro Son era el nombre del espectáculo que presentamos, pero se corrió la voz de que se juntaron cinco personas y causó furor. Se llenó ese fin de semana”, rememoró quien en esa época irrumpió en la tarima junto con Silverio Pérez, Irvin García, Tony Croatto y Nano Cabrera.

La vocalista especificó que La Tea era la casa de la música de protesta, mientras que el también conocido establecimiento Ocho Puertas abrigaba a artistas “más comerciales” y enfocados en la bohemia romántica.

“Y más allá de la nueva trova, allí nació el teatro de vanguardia. Se presentaron agrupaciones importantes como El Tajo del Alacrán”, agregó Santiago en referencia al grupo teatral que promovía la participación del público en sus representaciones y que dejó una huella por exponer los problemas de la sociedad puertorriqueña.

Sencillo, oscuro y pequeño

Josy Latorre aseguró que La Tea tenía capacidad para 125 personas. Los artistas se presentaban en una tarima pequeña que permitía un ambiente íntimo.

“Era un sitio maravilloso porque sentías la energía del público. Era oscuro y lleno de humo. En la entrada tenías que pasar por una tela y adentro había un ambiente íntimo. Recuerdo también que nuestras presentaciones costaban $5 y era para nosotros, porque el dueño se quedaba con la barra”, describió la cantante.

Santiago añadió que era un lugar “simple y sencillo”. Dijo que el verdadero valor del lugar radica en los talentos que eventualmente trascendieron en el mundo artístico. “El hecho de que suenen esos nombres aún evidencia que allí estaba pasando algo bueno”, comunicó.

Entre los trabajos que se presentaron, el periodista enumeró los primeros espectáculos de Los Rayos Gamma y la parodia de películas mexicanas Lupita se fue del barrio, con Sunshine Logroño y Antonio Pantojas, además de los monólogos A mis amigos de la locura con Teófilo Torres y La noche que volvimos a ser gente con Miguelángel Suárez.

Lo más parecido: el Extinto Taller Cé

Javier Santiago y Josy Latorre coincidieron en que el desaparecido local riopedrense Taller Cé tenía similitudes con La Tea, por haber sido el punto de encuentro de artistas.

Pero, de todos modos, La Tea respondía a la realidad de la época, en la que, contrario a ahora, no había centros de bellas artes en la mayoría de los pueblos.

“Es difícil que haya algo similar porque desde Fiel a la Vega, la trova dejó de ser underground. Ahora hay muchos lugares a la vista. En ese tiempo era otra la vida nocturna, que, de hecho, se fue muriendo a finales de los 70. Hubo una transición al mundo de las discotecas y ya para el 1984 no quedaba nada de La Tea”, destacó Santiago.

Latorre compara a La Tea con el Taller Cé, no obstante, dijo que la gran diferencia era el respeto que había por los artistas en la década de 1970. “Lo más parecido fue Taller Cé, pero me molestaba estar escuchando el murmullo en la barra. En La Tea, eso no pasaba. Allí, cuando un artista empezaba, se callaba todo el mundo. Había un respeto por la propuesta musical. Ahora la gente va a darse los tragos y la música queda como algo secundario”, puntualizó.