Era una tarde plomiza en Nueva York allá por 1975 y en uno de tantos parques de béisbol que se ubican en el sur del Bronx, en la parte hispana, y Sammy García se disponía a jugar pelota con el equipo de la escuela.

Los deportes lo apasionaban. Eran su vida. De hecho, entrando a la adolescencia, el baloncesto y el béisbol eran parte de su diario vivir. Pero la vida da muchas vueltas y decidió dedicarse a la música, a la percusión, con un éxito que hoy lo consagra como uno de los músicos que cuenta con el respaldo de una importante marca de instrumentos con una línea a su nombre.

La música, bueno... La música la llevaba en la sangre por parte de su familia, sus hermanos y hermanas. Le gustaba tocar instrumentos de percusión, pero no era un entregado, ni al bongó ni a la congas. Además era un muchacho tímido y de poco hablar.

Pero, aquel juego de béisbol escolar, aquella tarde grisácea, le marcó la vida y lo llevó a tomar una decisión que fue trascendental en su vida. Lo fue y todavía lo es hoy día.

“Me ponché como cuatro veces. ¡Cuatro veces! Wao… salí frustrado del parque y camino a casa decidí que ya no iba a jugar más pelota, que me iba a dedicar a la música, a aprender a tocar las congas”, dijo García, nacido en Chicago en 1963, pero criado desde los dos meses en el Bronx.

Cuento largo corto: Sammy habló con un sobrino que ya era músico profesional, percusionista, y le dijo sobre comenzar a tomar la música en serio y dejar el deporte.

“Era hijo de unos de mis hermanos mayores. Me llevó a la famosa tienda de discos Casa Amadeo, propiedad del compositor Mike Amadeo, y me dijo, ‘este disco que está aquí es el que vas a comprar (uno de Machito) y lo pones. Ten mucha práctica con su sonido. Te aprendes los cortes y todo, y verás que vas a mejorar en la conga’ ”. Y dicho y hecho.

Algunos caminos de la vida guiaron la vida musical de Sammy García, quien aunque no estudió música formalmente, la calle y la observación de grandes maestros de la percusión por varios años en su adolescencia visitando el famoso salón de música y baile neoyorquino El Corso, afinaron sus habilidades.

Fue el décimo hijo de una familia de 11 hermanos. Algunos eran músicos, aunque no profesionales. Su hermana cantaba, otro tocaba el piano, uno tocaba el tres, otros tocaban percusión.

“En mi casa siempre se escuchaba música. Mi papá no fallaba en eso. Mis hermanos mayores tenían congas y bongós. Yo, aunque tímido, tocaba de vez en cuando, pero nada del otro mundo. Siempre encerrado en mi cuarto. En la escuela, por ejemplo, era tímido, ni me atrevía a hablar en ningún lugar. Pero en actividades escolares, en cuarto y quinto grado, que se tocaban la fiesta de Puerto Rico, la fiesta de Navidad, recuerdo que habían unos gemelitos que tocaban la conga y el bongó, y yo ni me atrevía a subir. Los miraba y me decía, ‘eso yo lo puedo hacer y hasta lo puedo hacer mejor’, pero no me atrevía”, explicó García, cuyo padre es de Gurabo y su mamá de Caguas.

El famoso tresista boricua Mario Hernández se hizo cuñado de Sammy García al casarse con una de sus hermanas mayores. Y cuenta García que en 1975, a los 12 años, tuvo la oportunidad de estar presente en el apartamento de Mario en Nueva York, junto a tres integrantes de El Gran Combo a los que Hernández invitó a compartir una tarde en su apartamento. Rafael Ithier, Andy Montañez y el conguero Martín Quiñones fueron ese trío.

Un encuentro que presagia el futuro

“Yo no pensaba que iba a ser músico profesional. Ese sueño lo veía muy lejos. Eran tantos los ídolos que uno tenía en los 70 y todos estaban en su mejor momento. Pero, la música me gustaba mucho y quería conocer a esos músicos. Ese día falté a la escuela y me fui para la casa de Mario Hernández. Total, creo que me quedé dormido. Yo era un nene. Ellos estaban en lo suyo. Mario sacó el tres e Ithier tocó la guitarra, y Andy comenzó a cantar unos boleros y de pronto Ithier comenzó a llorar. Nadie sabía qué pasaba. Ithier explicó que se quedaba maravillado por la forma en que Andy, siendo tan joven, interpretaba esos boleros, con esa pasión. Y eso lo llevó a derramar lágrimas”, dijo Sammy tras recordar el momento.

Cuenta que para ese entonces él tenía un afro y cuando se iba comenzó a peinarse. Entonces Andy se le acercó. Andy también tenía un afro. Andy cogió la peineta y comenzó a peinarle el afro.

“Jamás olvido eso. Andy peinándome”, dijo García, quien hoy día lleva 12 años como director musical de la orquesta de Charlie Aponte. Además tiene un sexteto que toca lunes y domingo en La Factoría, en el Viejo San Juan.

Un sobrino de Sammy era el conguero de Hernández y por razones personales tuvo que dejar el grupo. Ya Sammy, de 15 años, conocía y practicaba la música de Hernández. Fue recomendado para pertenecer al grupo, pero Mario lo consideraba muy joven. Hasta que un día lo escuchó en un ensayo del grupo y le dio el trabajo, pero además se convirtió en su tutor por ser un menor de edad. Con Hernández, Sammy comenzó a pulir sus destrezas.

Tras tocar con Mario Hernández, García pasó al grupo de Héctor Casanova, que era el cantante de Johnny Pacheco, y luego en 1985 tocó con el Conjunto Clásico de Ramón Rodríguez, Raymond Castro y Tito Nieves. Fue con Clásico, a los 22 años, que vino por vez primera a Puerto Rico.

Su llegada a Puerto Rico

“Nunca había visitado la Isla. Nunca vine ni de vacaciones ni en Navidades ni a casa de los abuelos. Yo no sabía nada físicamente de lo que era Puerto Rico”, indicó García, quien reside hace varias décadas en la Isla.

En esa primera visita, Sammy no olvida cómo desde el hotel en donde se hospedaba, El Carib Inn en Isla Verde, podía cruzar la avenida y llegar a la playa.

“Jamás imaginé eso. Poder hacer eso. Tener una playa cerca. Eso me impresionó. Un día me llamó Jimmy Morales y se presentó por teléfono. Yo no lo conocía, pero sí sabía de él y su talento. Me dijo que quería conocerme y me invitó a cenar a su casa. Le dije ok, pero me quedé pensando en esa frase: ‘ir a su su casa’. O sea, él es conguero como yo y tiene una casa en Puerto Rico. Yo jamás pensé en tener casa propia ni en Nueva York siendo músico. Desde esa llamada me dije, mi gran sueño será eso: mudarme a Puerto Rico y tener una casa. Y lo logré más tarde como músico”, recordó.

En 1988, a Sammy le llegó una invitación de Don Peringnon para tocar en la orquesta de Andy Montañez, que él dirigía. Ese primer baile fue en las Fiestas Patronales de Cayey.

Estando de cerca con Andy Montañez, Sammy pasó a recordarle la vez que Ithier lloró en la casa de Mario Hernández. Le comentó con detalles y Andy confirmó que era cierto. Entonces vino la pregunta de Andy: “¿Pero cómo tú sabes eso?”, y Sammy le dijo: “Andy, ¿te acuerdas que había un nene en la sala y que tú le peinaste el afro aquel día?. Pues ese nene era yo. Tenía 12 años y ahora mira, estoy trabajando en tu orquesta”, le dijo.

Andy lo abrazó y Sammy recuerda como el cantante comenzó a llorar al recordar el momento y tener a su lado al nene del afro.

La trayectoria y el legado de Sammy García trasciende en el mundo salsero y de la música latina, tanto como percusionista, director musical y productor.

La Conga Melódica

Ha tocado en vivo y como músico de sesión para leyendas de la salsa como Willie Colón, Celia Cruz, Johnny Pacheco, Tito Nieves, Andy Montañez, Marc Anthony y Oscar D’León, entre otros. Su paso como músico lo ha paseado en escenarios variados: desde Puerto Rico, el Madison Square Garden en Nueva York, el Barclays Center, las costas este y oeste (de EE.UU.), Hawái, Colombia, Perú, Panamá, Ecuador, República Dominicana, Chile, Canadá, Europa y Japón, entre otros.

Ahora, la vida lo acaba de premiar con algo inesperado. La compañía musical alemana MEINL, fundada en 1951, le ofreció la oportunidad única de hacerle unas congas personalizadas.

Para Sammy fue una gran sorpresa y hasta dudó en aceptar la oferta. Llamó a algunos maestros musicales, como Johnny “El Dandy” Rodríguez, y le preguntó sobre el particular. El Dandy le dijo que no dejara pasar esa oportunidad, pero que le exigiera a la compañía que fuera un conga a su gusto, de como él la haría para que una vez el producto saliera a la calle la gente se viera reflejada en el sonido que le gusta e impone García.

El primer prototipo de las congas no fue del agrado de Sammy, quien viajó a Europa para reunirse con los ejecutivos de MEINL.

Entonces, pasó a dar su opinión e ideas sobre el instrumento. Y se llegó a un acuerdo y así nació La Conga Melódica SG12M de Meinl, un tipo de instrumento “signature” que ofrece una combinación excepcional de musicalidad, innovación y calidad profesional y que la empresa lanzó el pasado mayo.

Fue diseñada para ofrecer una armonía tonal excepcional y una gran versatilidad musical. Esa tumbadora permite crear combinaciones únicas dentro de configuraciones tradicionales y modernas de percusión latina.

Fabricada en fibra de vidrio premium, proporciona excelente proyección, resistencia y una respuesta sonora cálida y profunda. Su parche True Skin Buffalo Head ofrece una sensación natural al tocar, con gran riqueza tonal y excelente sensibilidad dinámica.

Con un diámetro especial de 12”, según lo exigido por el músico, está tumbadora aporta un carácter sonoro distintivo ideal para salsa, latin jazz, música tropical, fusión y escenarios contemporáneos.

Hoy día, además de tocar y dirigir, García también ofrece charlas y seminarios en distintas partes del mundo relacionadas con el uso de La Conga Melódica.

“Quedé muy a gusto en el producto final. Su sonido y diseño. Muchos percusionistas famosos de gran trayectoria no tienen un producto personalizado. Roberto Roena, Ray Barreto, por ejemplo; entonces para mí es un honor. Y las utilizo en mis presentaciones para que la gente las pueda apreciar y escuchar el sonido. Ya están en el mercado”, señaló García, quien estas pasadas semanas estuvo tocando con Charlie Aponte en Colombia.

“Mi apoyo y respeto a la gente de Colombia. Tremendo país, quiero que se levanten y su gente siga pa’lante. Colombia le ha dado un gran trato a los músicos y a la gente de Puerto Rico. Ese terremoto pegó duro en algunos lugares, mis bendiciones para Colombia y su gente”, concluyó García.