Richie Bastar, el bongocero de El Gran Combo de Puerto Rico por los pasados 27 años, gusta contar dos anécdotas que muy bien definen la personalidad de quien fuera su padre, el icónico percusionista boricua Francisco “Kako” Bastar.

Bastar, padre nació en Barrio Obrero (Santurce) y llegó a la ciudad de Nueva York a los 17 años, en 1952. Al siguiente año ya era el timbalero de la orquesta del venerado músico cubano Arsenio Rodríguez. Ese fue el comienzo de una leyenda. Percusionista de alto nivel, le daba fuerte al timbal, al bongó y a las congas, Bastar padre logró codearse y pasearse de tú a tú con la realeza de la música latina que se abría paso en la ciudad de Nueva York desde la década del 1950.

Se radicó por siempre en Nueva York hasta su muerte en 1994.

“En una ocasión, Rafael Ithier y El Gran Combo de Puerto Rico fueron a una gira a Nueva York y algo pasó que los instrumentos no llegaron, se extravió el equipo. Entonces Ithier le dijo a los muchachos que se estuvieran tranquilos, que iba a llamar a Kako para que le ayudará y resolviera. Papi era amigo de Ithier desde que se crió en Puerto Rico. Tan pronto recibió la llamada dio la mano. Consiguió un piano, un bajo y los otros instrumentos que faltaban y El Gran Combo pudo cumplir el compromiso”, detalló Bastar, hijo.

En otra ocasión, el propio “Kako” estaba de gira artística por Panamá con el cantante Camilo Azuquita. Algo sucedió con Azuquita que dejó el grupo y entonces Bastar se vio en la necesidad de buscar un cantante en Panamá, país en donde el músico boricua y su orquesta eran muy queridos y respetados.

Francisco "Kako" Bastar en medio de una grabación en Nueva York, 1957.
Francisco "Kako" Bastar en medio de una grabación en Nueva York, 1957. (Suministrada)

Alguien recomendó a un joven cantante panameño, apodado “Meñique”, quien llegó al hotel, procuró a Bastar y le pidió las letras de las canciones para aprenderlas y demostrar que podía cantar con el grupo.

“Papi, según me contó el propio Meñique, se metió las manos al bolsillo y sacó un buen menudo y le dijo: ‘toma, ve a esa vellonera que hay allí y pon los números, allí están las letras. Si las aprendes y las cantas y me ayudas, yo te voy a ayudar a ti’. Y así fue el asunto. Meñique cantó, gustó y mi papá se lo llevó a Nueva York para que hiciera carrera”, explicó Richie, quien dijo que más tarde Meñique se hizo parte de la familia tras casarse en Nueva York con la hermana de su padre.

Pero, la historia no termina ahí. Kako Bastar, en una noche que alternaba en el famoso local neoyorquino El Corso con la orquesta de su amigo Tito Puente, presentó a Meñique en la tarima. Puente lo vio y escuchó por vez primera y quedó impresionado y muy a gusto con el cantante panameño y de inmediato, tras culminar el baile, se lo dejó saber a Bastar.

Era Kako Bastar el músico y amigo de confianza en que Puente confiaba cuando estaba enfermo y no podía tocar el timbal o cuando tenía algún asunto personal, y el mismo Puente decía: llamen a Kako para que me sustituya. Esa noche en El Corso, Puente abordó a Bastar y le dijo a rajatabla: ‘Oye Kako, ese muchacho canta muy bien, me gusta mucho. Tanto que le caería muy bien a mi orquesta’. Y su padre le respondió: ‘Ah…¿te gusta?. Pues llévatelo. Voy a hablar con él’.”, dijo Richie sobre la historia que le contó Meñique.

Kako habló con Meñique y le dijo que Tito Puente lo quería en su orquesta y que con él no había problema alguno. Meñique le dijo que ese no era el arreglo que habían hecho, que había sido Kako quien le dio la mano y lo llevó a hacer carrera en Nueva York.

Kako lo miró y haciendo indicaciones negativas con la cabeza y le soltó una explicación: “Perfecto. El trato no fue ese, pero ese es Tito, El King. No hay que hablar más. Te vas con él”, le dijo y se acabó el asunto.

“Ese era mi padre. Sin egos”, recordó Richie Bastar, quien desde que tenía uso de razón estuvo al lado de su padre y se vivió muy de cerca los momentos en que éste iba a grabar música en variados estudios y con afamados músicos en Nueva York.

“Papi siempre estuvo dispuesto a ayudar a los demás, a dar la mano. Le gustaba ayudar a los músicos jóvenes, al talento nuevo. Cuando Héctor Lavoe llegó a Nueva York, de inmediato, de las primeras cosas que hizo fue ser corista con papi. A través del sello Alegre, a través de su orquesta, mi padre siempre fue un recurso para todos”, dijo Bastar, hijo.

Kako, sin lugar a dudas, fue pilar y propulsor del género que explotó en las calles neoyorquinas entre 1960 y 1970, y que fue bautizado con el nombre de salsa. Su legado, sus pasos, sus aportes, a 32 años de su muerte en 1994, ahora son recogidos en un tema especial que compuso su hijo, Richie, titulado “Mambo pa Kako”, con el que procura honrar la memoria de su padre y su legado para actuales y futuras generaciones.

“Se lo debía a mi padre, a mi familia; a mi abuela y a mi mamá. Hace varios años tenía este tema en la mente, pero no había sacado el tiempo para grabarlo, para hacerlo realidad. Pero ya este año lo pude hacer. Es honrar a mi padre”, dijo Richie Bastar, quien produjo la grabación cuyo arreglo comparten Ceferino Cabán y Bastar.

Cabán propiamente grabó el piano y además fungió como directo musical. Pedro Pérez fue el bajista, Sammy García participó en la conga, maracas y el coro; Richie Bastar en el bongó, campana, timbal y güiro. Los trompetistas fueron Julito Alvarado y Joselo Ruiz, y a su vez, Eliud Cintrón y Jorge Díaz se destacaron en los trombones; Josue Urbina grabó el saxofón barítono y Gerardo Rivas trabajó en el coro. El tema fue grabado por el ingeniero de sonido Rolando Alejandro y grabado en el Rolo Estudio.

El tema ya está sonando desde el jueves 30 de julio en todas las plataformas musicales y emisoras radiales.

“De niño yo no me fijaba en mi padre como el gran músico, el gran artista. Lo veía como mi padre, normal. Más bien admiraba a los que estaban a su lado, los grandes músicos y artistas, sería porque era mi padre y lo tenía todo el tiempo a mi lado. Con el tiempo, ya yo un músico profesional, me percato de otros que me dicen que mi padre era un músico de primer nivel, de primer orden. Y me hicieron comprender eso, su legado. Desde hace años quería honrar su legado, su memoria y por eso hice este tema. Es uno muy especial para mí y toda la familia”, dijo Richie.

Desde niño, Kako se destacó como un bailarín de plena y bomba. Su madre tuvo la visión de matricularlo en el Conservatorio de Música, en donde estudió música formalmente. A los 16 años (1952) emigró a Nueva York, pero ya en Puerto Rico había hecho música junto a su amigo Rafael Cortijo. A esa edad en Nueva York comenzó a tocar para la orquesta de Arsenio Rodríguez, la mejor cotizada de la ciudad.

También tuvo actuaciones y grabaciones junto a figuras prestigiosas de la música latina de 1950 y 1960 como Mongo Santamaría, Machito Grillo, Charlie Palmieri, Tito Puente, Joe Quijano y Louie Ramírez, entre otros.

En 1955, organizó su primera orquesta, en la que fungió como conguero, timbalero y bongocero, y se ganó el respeto del público bailador de Nueva York, Puerto Rico y Panamá. En 1958 grabó dos discos de 78 rpm con el sello SMC de la compañía Alegre Records, propiedad de Al Santiago.

Géneros bailables como la pachanga, el mambo, el son montuno y el guaguancó fueron punta de lanza en la música que desarrolló y presentó. En 1961 se convierte, junto a Charlie Palmieri, en director del proyecto Alegre All Stars, que unió a figuras de la talla de Ray Coen (piano), Bobby Rodríguez (bajo), Frankie Malabé (conga), Louie Malabé (vibráfono) y Chivirico Dávila (voz), entre otros. Al mismo tiempo fue descubridor de nuevos talentos para el sello Alegre contribuyendo a lanzar a la fama a muchas figuras musicales que hoy se han destacado en el ambiente.

Para la historia quedan en el tintero los álbumes “De colores” (1966) y “Lo último en la avenida” (1971) bajo el sello Tico, que creó Kako Bastar con Ismael Rivera.

“Yo viví esa grabación que incluye ‘Mi negrita me espera’. Estuve en el estudio. Una magia maravillosa entre Ismael y mi padre”, recordó Richie Bastar.