Durante años, Andrea Ayala Negrón detestó que le llamaran “Dunda”.

Así le decía su padre desde niña. “Papi, ese apodo está bien feo”, recuerda haberle dicho. Pero, como repite la joven con frecuencia, “la vida te va llevando”.

Hoy, ese mote nombra al proyecto que ha construido con arduo trabajo. Y es la forma de mantener presente a su padre, fallecido hace 13 años.

“Siempre me apoyó. Es una manera de honrarlo”, expresa la chef pastelera mientras se le quiebra la voz.

El próximo 20 de junio, Dunda abrirá oficialmente las puertas de su nuevo espacio en el casco urbano de Bayamón.

Su origen está en los sabores que se graban en el alma y te acompañan para siempre. A Ayala Negrón le pasó de pequeña, en la cocina de su abuela materna Ana María, en Naranjito. Mientras sus primos se iban con el abuelo al rancho, ella prefería quedarse allí.

“Es lo más grande para mí, es mi inspiración”, afirma con una sonrisa.

También quedaron marcados en su memoria los pasteles, las morcillas y la carne de cerdo del negocio familiar paterno.

“El encuentro era la comida”, rememora.

Tenía 13 años cuando, para la clase de Economía Doméstica, preparó su primer bizcocho de zanahoria y “a todo el mundo le gustó”. Así que comenzó a venderlos en moldecitos de aluminio entre familiares y vecinos. No era un juego. Se compraba sus gustitos y ahorraba. Con ese dinero, se pagó un viaje a Nueva York cuando estaba en undécimo grado.

“Ahí vi lo que es crear algo y venderlo”, apunta. “Salí comerciante como mis abuelos”.

Un mundo en el paladar

“Me daba miedo estudiar cocina”, confiesa. Entonces, comenzó otra carrera. Hasta que, luego del primer semestre, lo aceptó.

Los años siguientes la llevaron por España, México y Canadá, donde aprendió sobre nuevos ingredientes y culturas gastronómicas para adaptarlas a la realidad boricua.

Ese es, de hecho, el enfoque de Dunda: “Tratamos de jugar con sabores no tradicionales con técnicas que todos conocemos –como bizcochos, cheesecakes y helados– para que sean familiares”.

Momento de emprender

La joven recuerda que desde niña escuchaba a su madre decir con ilusión: “Vamos a tener algún día un restaurante”.

Ayala Negrón no lo vislumbraba. No pensaba en tener una repostería. “Solo quería hacer bizcochos, postres, helados, venderlos y ya”.

Pero tras cuatro años operando desde una cocina en San Juan, la vida y la clientela le pedían algo más.

La joven pastelera, entonces, se dejó llevar. Y entre la incertidumbre y la confianza, todo se acomodó.

Cuando se lanzó, su familia y amigos la apoyaron. Fueron soporte emocional y manos dispuestas a colaborar.

“Para lograr un negocio como este, necesitas una tribu”, asegura.

Lucha y sacrificio

Emprender también ha traído sacrificios y cuestionamientos personales sobre cómo conciliar el negocio con otros proyectos de vida, como la maternidad.

“Las mujeres nos tenemos que cuestionar tantas cosas porque, al final, recaen sobre nosotras tantas otras”, reflexiona.

Pero, allí dentro, entre espátulas y hornos, ella solo siente calma. Dentro del caos que nace del estrés y la prisa, cuando está decorando un bizcocho, su parte favorita, ella se siente en paz.

Y es que, detrás del mandil, hay una mujer que valora las “cosas sencillas” de la vida.

“Me encanta la playa, me encanta viajar, me encanta comer y vivo para eso”, acepta. “Y para tener una vida digna, esa es mi meta”.

Para Ayala Negrón, los postres tienen la capacidad especial de revivir memorias que quedaron grabadas en la niñez.

“Pruebas y automáticamente puedes recordar y conectar con esa emoción. Y ahí es que está el truco”, revela.

Y aunque sueña con abrir pequeñas sucursales por el archipiélago durante la próxima década, su meta seguirá siendo el poder crear postres capaces de despertar un recuerdo.

¿Qué probar en Dunda?

El helado favorito de la chef: queso de cabra, tarta de Santiago (postre tradicional gallego), aceite de oliva y compota de melocotón.

Un bizcocho único: hecho de chocolate con crema de parcha, un contraste brutal y delicioso entre acidez y amargor.

Los favoritos de los clientes: 1) La tarta de Santiago, con crema de queso de cabra, lavanda y aceite de oliva. 2) El bizcocho de zanahoria que prepara desde sus 13 años, que hoy se sirve con crema de café y jengibre.

Variedad de cheesecakes: elaborados con quesos menos convencionales como de cabra, manchego, del país y hasta blue cheese.

5 opciones de bono: 1) Tarta vasca con frutas, 2) crostata de carne ahumada local y crema de bechamel, 3) pan de elote, 4) cheesecake de mantequilla ahumada, mousse de vainilla y pecans caramelizadas y 5) bizcocho de chocolate Valrhona.