La costura no está muerta: por qué cada vez más jóvenes están volviendo a coser
Diseñadora Tommie Hernández ve en su academia la unión de varias generaciones que se atreven a tomar la aguja y el hilo.
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Antes era común abrir aquella icónica lata azul con ganas de saborear unas galletas de mantequilla, pero sufrir una decepción al ver que adentro lo que había era un enredo de hilos, botones, dedales y alfileres.
Coser fue, por siglos, una destreza de supervivencia, un conocimiento que pasaba, por necesidad, de generación en generación, especialmente entre las mujeres de la familia.
Las madres y abuelas resolvían casi cualquier apuro en esas máquinas Singer empotradas en mesas de madera. Y en la clase de Economía Doméstica, en intermedia, enseñaban desde cómo poner un zipper hasta dominar la “puntada escondida” para que el ruedo no se notara.
Pero algo cambió. En los años 90, la moda rápida –la expresión del capitalismo de consumo en la que se fabrica ropa muy barata a gran velocidad para estimular compras constantes– acaparó el mercado.
“El fast fashion afectó la forma en que consumimos y creamos. Muchos dicen: ‘Si me cuesta $4 en Shein, por qué voy a pasar el trabajo de hacerlo’”, indicó la diseñadora y educadora boricua Tommie Hernández en entrevista con Primera Hora.
Y cuando parecía que la aguja se había oxidado, muchos universitarios y adolescentes, concienciados con la sostenibilidad ambiental y la autoexpresión creativa, han adoptado la cultura del thrifting y el upcycling: comprar ropa de segunda mano para transformarla en piezas únicas.
“Hay un resurgir de una generación más joven que quiere personalizar sus piezas”, aseguró la empresaria. “La costura no está muerta”.
Relajación y desconexión
Pero para los adultos, este renacer tiene un componente emocional.
En la Academia de Modas Tommie Hernández, que ofrece desde cursos básicos hasta talleres especializados y retiros de costura, cerca del 40% de los estudiantes tiene más de 50 años.
“Tengo un grupo de cuidadoras. Muchas de sus mamás y abuelas cosían. Les trae mucha nostalgia”, resaltó.
Esas mujeres también han encontrado en la costura un break, un refugio emocional ante el desgaste diario.
“Astrid, que acaba de perder a su papá, luego de también haber cuidado a su mamá, dice que es su spa”, contó Hernández.
El “corillo la pasa tan brutal” que hasta hacen sleepovers. Las que viajan desde Camuy, Isabela o Ponce se quedan en casa de una compañera para, al día siguiente, asistir a clases.
Unidos por el mismo deseo
Allí también asiste doña Rosa, quien, a sus 80 años, con el pelo blanco y su bastoncito, llega siempre puntual. Es la aprendiz de mayor edad.
Pero en la Academia, donde más de 2,150 estudiantes han participado de cursos presenciales u online, también hay alumnos de siete años a quienes les colocan un cajoncito para que alcancen el pedal.
“Aquí hay de todo”, puntualizó. “Hay jovencitos varones, niñas, straights, gays, no binarios, trans. La costura es para todo el mundo”.
Esa diversidad está unida por algo que, probablemente, no tendrían en común en una tienda de ropa: el deseo de “crear con sus propias manos”.
Hernández también aprende de ellos, especialmente de los mayores, “que la vida no termina cuando te retiras, cuando envejeces, cuando tienes una discapacidad”.
Por eso, cuando ve a un estudiante que llegó sin saber enhebrar una aguja y termina creando una pieza, siente “felicidad, satisfacción”, que su misión se ha cumplido.
“Es saber que no me voy a quedar con todo lo que sé”, reflexionó. “Porque cuando dejamos de transmitir estas destrezas cotidianas, perdemos memoria histórica”.
Y así, deja una invitación sencilla: “Hoy es un buen día para coser”.
“Estoy en mi mejor momento”
Cuando tenía ocho años, Tommie Hernández descubrió que un pedazo de tela podía ser mucho más que eso.
Era el verano de 1982 cuando su padre vio un flyer que anunciaba clases de costura en Mayagüez.
“Mira, para que la nena se entretenga”, dijo, sin saber que aquella decisión le cambiaría la vida a su hija.
En esas clases con Belén Luna, Hernández se dio cuenta de que “era diferente a las demás muchachas”. Mientras las otras niñas “sufrían y todo le salía mal”, ella comenzaba a ver “magia”.
“Es un canto de tela que puedo recortar, puedo envolver mi cuerpo”, pensaba.
Y, con el tiempo, entendió que la ropa también servía para expresar quiénes somos, que “es un reflejo de cómo nos sentimos, de nuestro interior”.
“Yo pude seguir aprendiendo porque mami, que no era costurera, tenía una máquina de coser con la que me dejaban traquetear”, recuerda.
Así, luego de graduarse de diseño ambiental en la Universidad de Puerto Rico, se fue a estudiar diseño de modas en el Fashion Institute of Technology en Nueva York. Se especializó en trajes de baño, presentó colecciones en pasarelas locales e internacionales, creó la primera línea boricua de patrones comerciales y escribió un libro sobre telas elásticas.
Tras una trayectoria de 27 años, ha encontrado un nuevo propósito de vida: su faceta como educadora.
“Estoy en mi mejor momento”, confiesa la directora del seminario de moda de la Escuela de Artes Plásticas y Diseño en el Viejo San Juan y de la Academia de Modas Tommie Hernández en Río Piedras. “Ya he acumulado años de experiencia y he hecho muchas de las cosas con las que soñaba. Ahora, quiero give back, dar, ser mentora y hacer lo que hicieron los mentores conmigo”.
¿Qué deberíamos saber hacer?
Hay destrezas fundamentales de costura que toda persona debería saber hacer para defenderse en momentos de apuros, señaló la diseñadora Tommie Hernández.
- Enhebrar una aguja y coser un botón: el arreglo de emergencia por excelencia, que evita que pierdas piezas de ropa en buen estado.
- Coger ruedo: elimina dolores de cabeza a la hora de comprar pantalones o trajes. Una puntada invisible te ahorrará “$15 o $20 que te va a cobrar un sastre”.
- Entallar: ajustar un par de pulgadas en la cintura o en la cadera permite que puedas adaptar la ropa a tu silueta.
Y aunque no hace falta que inviertas miles de dólares en equipos, sí hay cualidades que deberías procurar antes de comenzar:
- Paciencia, paciencia y paciencia
- Destrezas fino motoras
- Comprensión lectora
- Entusiasmo
- Humildad
“Tienes que tener el ego más bajito, ser más vulnerable y atreverte a ser principiante”, dijo la educadora. “Y van a ver lo maravilloso que es coser, la satisfacción y felicidad de hacer algo con tus propias manos”.


