Aprende qué es la “depresión por cachorro” y cómo sobrellevarla
Suele ocurrir cuando se romantiza la responsabilidad de velar por una mascota recién llegada al hogar.

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Un diario australiano publicó hace unos días un artículo en el que comentaba que la llegada de una mascota a un hogar no fue todo lo que su dueño esperaba o soñaba, ya que imaginaba que los días iban a ser color de rosa.
Sin embargo, describe la llegada de su mascota adoptada como noches de llanto, cansancio, ansiedad, estrés y sentimiento de haber tomado una decisión apresurada.
El artículo trataba sobre esos momentos de “depresión por cachorro”, un estado transitorio en el que algunos tutores experimentan frustración, tristeza, culpa e incluso arrepentimiento durante las primeras semanas o meses de convivencia con un cachorro en casa.
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Aunque el “puppy blues”, o depresión por cachorro no corresponde a un diagnóstico clínico, la publicación generó un amplio revuelo en redes sociales y algunos medios al poner sobre la mesa la romantización de tener una mascota.
La pregunta es clara: ¿las personas están listas para todo lo que implica criar un animal de compañía o la decisión se toma de manera idealizada?
No todo es color de rosa
El auge de las redes sociales ha hecho que se venda una falsa imagen de muchos escenarios de la vida humana. El fenómeno también ha llegado a la crianza de un cachorro o de una mascota adulta.
A menudo se suelen compartir historias tiernas y hasta graciosas de los animales de compañía en el día a día. Esto ha llevado a que muchas personas desconozcan la responsabilidad y todo lo que implica tener una mascota, creyendo que basta solo con cariño, compañía y afecto.
En este sentido, vale la pena recordar que convivir con una mascota siempre será una excelente experiencia, pero exige responsabilidad, paciencia y cuidados.
Tal y como sucede con las relaciones humanas, construir una relación con un perro o un gato necesita tiempo, paciencia y capacidad de adaptación. Los buenos momentos pueden ser increíbles, pero también hay que estar preparados para los momentos de frustración, irritabilidad, ansiedad, cansancio, culpa o arrepentimiento, que vienen cuando existen malos comportamientos u otros conflictos.
Un estudio llevado a cabo por investigadores finlandeses analizó la convivencia de 1,800 tutores y perros. Tres de los sentimientos principales describían ansiedad, frustración y agotamiento.

La ansiedad se generaba en las personas al preocuparse constantemente por la salud, el entrenamiento y el bienestar del cachorro. La frustración aparecía cuando el tutor sentía que el vínculo no era satisfactorio o atravesaba sentimientos de irritabilidad o arrepentimiento. Por último, el agotamiento se generaba por alteraciones del sueño y el desgaste de energía por los constantes paseos y actividad física.
Lo llamativo del estudio es que estos sentimientos no solo involucraban a tutores primerizos, sino también a tenedores con experiencia. La buena noticia es que estos sentimientos negativos disminuyeron con el tiempo y que muchos tutores recordaban esas primeras etapas como un episodio positivo en el que se estaba construyendo una relación sólida.
Expectativa vs. Realidad
Perros y gatos son seres vivos y sintientes. Esto hace que experimenten una amplia gama de emociones y que reaccionen de manera diferente a ciertas situaciones. Además, cuando son cachorros, disfrutan de explorar su entorno y están aprendiendo rutinas, buenos comportamientos y relacionamiento con el ser humano.
“Las únicas mascotas que se comportan bien en todos los momentos son las que están en la imaginación de las personas”, comenta el médico veterinario Julián Arboleda.
“En épocas de redes sociales, los malos comportamientos, la enfermedad o el miedo se ven desde el punto de vista de la ternura y no desde la necesidad de consultar a un experto”, dice.
La diferencia entre la expectativa y la realidad no es un detalle menor. Esto puede marcar la diferencia en la forma como el tutor interpreta el comportamiento de la mascota, la dificultad de la convivencia y la decisión de permanecer con él.
“Hemos visto casos muy tristes en los que las personas compran o adoptan una mascota, pensando en que todo es color de rosa, y la abandonan o la devuelven ante el primer problema”, narra Arboleda.
Según una investigación difundida por PLOS One, 3,465 personas que planeaban adoptar un perro fueron consultadas sobre sus expectativas. Para el 89%, la mascota traería más felicidad, y para el 74% sería una forma de aliviar el estrés.
En contraste, aunque el 64% asumía que implicaría más responsabilidades y el 62% que habría que entrenarla, apenas el 29% consideraba el cambio en las finanzas y solo el 13% consideraba que podría afectar el sueño.
Tal y como lo comenta el especialista, “el problema no está solo en esperar cosas positivas. El error está en pensar que los beneficios aparecerán automáticamente, que no requieren esfuerzo y paciencia, que se mantendrán en el tiempo o que no tendrán ningún costo”.
Por ejemplo, es reconocido el efecto benéfico de las mascotas sobre la actividad física de las personas; sin embargo, primero el animal debe estar vacunado, aprender a andar con correa y tener un buen comportamiento en la calle.
Cuando se adopta o se compra una mascota, no se convive con una idea o un imaginario. Se inicia una relación con un individuo que tiene una edad, un tamaño, unos antecedentes, una genética y unas necesidades particulares.
Además, el nuevo miembro de la familia llega a un hogar que ya tiene establecidos horarios, compromisos, gastos económicos y rutinas. El verdadero valor es convivir con lo negativo, intentar corregirlo y reconocerlo como parte de lo que implica el día a día con una mascota.
“Los tutores deben tomar la decisión sin afanes y con tiempo suficiente para analizar lo bueno y lo malo, y también hasta dónde quieren y pueden llegar para compartir con una mascota. Nada más triste que las mascotas que son abandonadas por falsas expectativas o por pensar que el amor siempre se mantiene igual”, concluye Arboleda.

