¿Conoces la historia de la chancleta?
Se trata de un calzado que ha acompañado a la Humanidad por más de cuatro mil años de historia, con adaptaciones a distintas culturas.

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Hoy acompañan vestidos de lino, pantalones de sastrería, faldas largas e incluso ropa de oficina, mientras las grandes firmas las reinterpretan en piel o con pequeños tacones.
Su éxito, sin embargo, está lejos de ser casual. Detrás de estas sencillas sandalias se esconde una historia de miles de años, una evolución ligada a distintas culturas y una transformación que las ha llevado de los templos egipcios a las pasarelas internacionales.
Aunque muchos las asocian con Brasil o California, las chancletas de dedo son uno de los diseños más antiguos de la humanidad.
Las primeras sandalias con una tira entre los dedos aparecen representadas en el Antiguo Egipto hacia el 2000 a.C., elaboradas con hojas de palma, papiro o fibras vegetales. También fueron habituales en la Grecia clásica y en la Antigua Roma, donde distintas versiones protegían los pies del calor y facilitaban el movimiento.
Pero si existe un antecedente directo del modelo actual hay que viajar hasta Japón. Allí nacieron las “zori”, sandalias confeccionadas con paja de arroz y una característica tira que separa el dedo gordo del resto.
Ese diseño inspiró décadas más tarde a la marca brasileña Havaianas, que sustituyó la paja por goma y creó en 1962 un modelo mucho más resistente y cómodo, con una suela cuya textura imitaba precisamente los granos de arroz y que sigue estando vigente hoy en día y liderando las listas de ventas en los meses de calor. A partir de entonces, las chanclas dejaron de ser un calzado tradicional para convertirse en un fenómeno mundial.
Durante los años sesenta y setenta, las Havaianas pasaron de ser un producto popular entre los trabajadores brasileños a convertirse en un símbolo nacional. El fenómeno dio un giro inesperado cuando los surfistas comenzaron a preferirlas, convirtiéndose en pieza fundamental de la moda californiana y abriendo un nuevo espacio y mercado al calzado casual.
Poco después debutaban incluso sobre la pasarela de Jean Paul Gaultier, demostrando que el lujo también podía mirar hacia un calzado tan humilde y darle un nuevo aire.
Del surf californiano al armario de las celebridades
Si Brasil las convirtió en un icono, Hollywood terminó por hacerlas universales. Durante los años noventa y los primeros dos mil era habitual ver a actrices como Jennifer Aniston, Cameron Diaz o Kate Moss caminando por Los Ángeles con unas sencillas chanclas negras combinadas con mahones y camisetas blancas.
Más tarde llegaron las hermanas Mary-Kate y Ashley Olsen, que las incorporaron a un minimalismo mucho más sofisticado. Su firma, The Row, reinterpretó la clásica chancla de goma en versiones de piel italiana que rápidamente se agotaron y contribuyeron a cambiar para siempre la percepción de este calzado.
Desde entonces, rostros como Zoë Kravitz, Jennifer Lawrence, Kendall Jenner, Dua Lipa o Jennifer López las han incorporado con frecuencia a sus estilismos urbanos, consolidando una imagen que hace apenas una década parecía impensable.
Durante mucho tiempo existió una frontera clara entre las chanclas y la moda de lujo. Ese límite comenzó a difuminarse cuando firmas como The Row, Bottega Veneta, Miu Miu, Chloé, Toteme o Alaïa empezaron a presentar versiones realizadas en cuero o con acabados artesanales.
La tendencia ha continuado creciendo hasta el punto de que las chanclas de dedo ya no se consideran un calzado vacacional, sino una pieza más del vestuario. British Vogue atribuye buena parte de este cambio precisamente a The Row, que consiguió convertir un diseño básico en un objeto de deseo dentro del lujo silencioso.
El fenómeno ha llegado incluso a marcas históricas como Havaianas, que continúa experimentando con nuevos diseños y colaboraciones para acercarse al universo de la moda sin renunciar a su ADN brasileño.
Pocas piezas generan un debate tan intenso. Mientras algunos estilistas consideran que unas chanclas negras minimalistas funcionan perfectamente con un traje de lino o un vestido largo, otros siguen viéndolas incompatibles con determinados espacios urbanos o profesionales.
El debate ha llegado incluso a las redacciones de moda. En los últimos meses varios medios especializados han analizado si este calzado puede considerarse apropiado para acudir a la oficina o a un restaurante elegante, un síntoma de hasta qué punto ha cambiado su percepción social. Igual que ocurrió en su día con los tenis o mahones, las chanclas parecen estar recorriendo el camino que lleva de la informalidad al armario cotidiano.
Mucho más que un básico de vacaciones
Su éxito actual también responde a un cambio de prioridades. Después de años dominados por prendas muy estructuradas, la moda ha recuperado el gusto por la comodidad, los tejidos naturales y las siluetas relajadas. Las chanclas de dedo encajan en esa nueva forma de vestir.
Hoy aparecen junto a pantalones amplios de lino, vestidos camiseros, conjuntos de punto o incluso sastrería ligera. El secreto está en el contraste: una pieza extremadamente sencilla combinada con prendas mucho más refinadas.
Las propuestas para este verano incluyen desde los modelos clásicos de goma hasta versiones de cuero trenzado, acabados metalizados, rafia, ante o pequeñas cuñas, demostrando que un diseño con miles de años de historia sigue siendo capaz de reinventarse.
Han sobrevivido a imperios, revoluciones textiles y cambios de tendencias porque nunca han dejado de cumplir su función original: ofrecer comodidad con la máxima sencillez. Lo que ha cambiado no es el calzado, sino la forma de mirarlo.

