Su fe en Dios, sana alimentación y su amor incondicional a su familia y al prójimo han sido fundamental en la vida de Victoria Torres Mangual, conocida cariñosamente como doña Toya, quien celebró 102 años de existencia el pasado sábado 23 de agosto en su residencia en el barrio Coco Viejo de Salinas.

Rodeada del amor de sus siete hijos, Wilfredo, Mario, Nereida, Luis Ángel, Milagros, María Isabel y Moraima; nietos, biznietos y tataranietos, y elegantemente vestida de blanco, doña Toya festejó su onomástico.

Cual si fuera una princesa en su trono, la longeva salinense permaneció sentada en una silla al lado de su bizcocho de tres piso, desde donde observó y disfrutó la banda de músicos que encendió la fiesta.

Sus familares la agasajaron con música de mariachi, que en sus lapsos de claridad mental, por la condición de demencia senil que le queja, se observó disfrutar las rancheras. En entrevista con Primera Hora, María Isabel, una de las hijas que cuida a doña Victoria, nos contó cómo ha sido la vida de su progenitora.

“Mami fue una mujer muy luchadora. Ella solo pudo estudiar hasta el tercer grado, porque su padre, Pablo Torres Santiago, vino enfermo de la Segunda Guerra Mundial, donde sirvió, y ella tuvo que dejar las escuela para ayudar a su madre, Felicita Mangual, a planchar los uniformes de los soldados que practicaban en los terrenos del Campamento Santiago de Salinas; a vender comida en fiambreras, lavar ropa, fregar y recoger batatas del campo. El grado que cursó es como un 4t0 año, porque sabe escribir, sumar y restar.

Añadio que, “su vida estuvo ligada al trabajo y oficio de ama de casa porque mi padre, Agustín De Jesús Amaro, murió a los 55 años de edad por la condición Huntington (una enfermedad hereditaria que provoca el desgaste de algunas celulas nerviosas del cerebro), que también le cobró la vida a dos de mis hermanos. Hay dos vivos que están dando la batalla. Ella tuvo que terminar de criar a sus diez hijos. Es una guerrera, porque con los escasos recursos económícos que recibía, de tareas domésticas, nos alimentó y envió a la escuela”, sostuvo con orgullo María Isabel, quien compartió el secreto alimenticio de su progenitora que le ha permitido sobrepasar el siglo de vida.

“A ella le gustaba cocinar. Usaba manteca porque para ese entonces no había mucho aceite. Comía mucha verdura, pescado frito y harina”.

Doña Toya ha sido fuente de inspiración y un bálsamo de esperanza para todas las personas que la conocen y anhelan una larga vida. Es una envejeciente muy querida por sus familiares, vecinos, amigos y el pueblo que la vio crecer. La alcadesa de Salinas, Karilyn Bonilla Colón, en ocasión de sus cien años de vida le hizo un reconocimiento y entregó una proclama, donde resaltó sus cualidades y calidad humana.

“El Municipio de Salinas cuenta con hombres y mujeres que impactan y transforman la vida de todos los que tienen el privilegio de conocerles mediante un espíritu alegre y servicial. Doña Toya es una de estas personas. A sus 100 años, Toya goza de una de las mayores bendiciones, tener salud para disfrutar de la atención de sus 39 nietos, 89 biznietos y 19 tataranietos”, reza la proclama que se le confirió en aquel momento a la homenajeada.