Ser disciplinada, haberse mantenido activa trabajando por más de medio siglo, caminar, llevar una dieta balanceada sin ingerir bebidas alcohólicas ni fumar es lo que ha contribuido a que Antonia Bey Colón, a sus 103 años de edad, goce de buena salud y claridad mental.

Y es que doña Toñi, como cariñosamente se le conoce, no fue una mujer sedentaria ni le gustaron los excesos, por el contrario siempre cuidó su alimentación y peso.

“No como nada con grasa, ni frituras. Me gusta la comida saludable y procuro mantenerme en el mismo peso. He llevado un régimen para hacer las cosas: me acuesto, me levanto, leo el periódico, me baño y cenó... siempre a la misma hora”, manifestó.

La carismática longeva nació el 2 de diciembre de 1922, es la segunda de siete hermanos y sus padres fueron Cristóbal Bey y Josefa Colón, con quienes vivió en Puerta de Tierra.

A sus cinco años de edad, tras el paso por Puerto Rico del huracán San Felipe el 6 de septiembre de 1928, se trasladó al municipio de Cayey, a casa de su madrina Juaca, quien terminó de criarla. Fue en la “ciudad de los toritos” donde estudió y conoció asu gran amor.

“Estudié en la escuela elemental Luis Muñoz Rivera y en la superior Benjamín Harrison, donde me gradué de secretaria. En Cayey conocí al sargento Armando Ostolaza, un militar que media 6’3”. Aunque soy bajita lo escogí alto, porque no me gustan los hombres enanos”, expuso con cierta picardía.

Antonia Bey Colón junto a sus hijos Carmen Mercedes, Jorge  Armando  y Margarita Ostolaza (sentada).
Antonia Bey Colón junto a sus hijos Carmen Mercedes, Jorge Armando y Margarita Ostolaza (sentada). (Suministrada)

Añadió que, “fue mi único novio y con él me casé en el 1942, un día de la patrona de Cayey. Estaba ‘pelao’, no tenía dinero, pero tuvo un golpe de suerte; jugó en las picas de la plaza pública, donde se estaban celebrando las fiestas y ganó mucho dinero. Con eso nos fuimos de luna de miel a Treasure Island Hotel de Cidra, lugar que todavia existe”, recordó.

Toñi recuerda que cuando se casaron les vaticinaron que el matrimonio no duraría por la diferencia de edades.

“Yo tenía 19 y mi esposo 40 años, por eso un amigo en común dijo que no duraríamos mucho tiempo. Se equivocó. Fuimos felices y estuvimos casados 50 años. Procreamos tres hijos maravillosos, todos profesionales, porque se dedicaron a estudiar: Carmen Mercedes (terapista ocupacional), Margarita Ostolaza (profesora univesitaria y exsenadora) y Jorge Armando Ostolaza (ginecólogo)”, dijo con evidente orgullo.

A doña Toñi le fascinaba el baile, pero su esposo no sabía bailar así que ella le enseñó para poder disfrutar en las fiestas de Cayey.

“Aprendió a bailar conmigo y después no parabamos. Íbamos a todos partes. Ganamos varios concursos de baile en el Club de Leones de Cayey”.

Además del baile y la música, a la centenaria le gustaba hacer chistes porque siempre tuvo buen sentido del humor.

“Me encanta hacer chistes, eso lo aprendí de mi hermano menor, que era muy chistoso, y mi hijo Jorge, que en todas las fiestas nos hace reír. Lo heredó de él. Yo tengo escrita una libreta completa de chistes. El chiste hay que leerlo varias veces para que no se olvide y cuando se hace, una se tiene que reír para contagiar a los demás”, sostuvo.

En el 1966, Antonia Bey se mudó a la urbanización Reparto Metropolitano de Río Piedras con su familía. Fue feliz con su esposo hasta su fallecimiento en el 1989. No volvió a casarse. Se dedicó a trabajar y cuidar a sus hijos.

Fue una gran cocinera

“Mi madre cocinaba riquísimo, eso lo heredó de mi abuela. Hacía un arroz con pollo y una gallinita rellena deliciosa. El postre favorito de todos era dulce de coco con piña, le quedaba sabroso”, aseguró su hija Margarita, acompañada por su hermana Carmen Mercedes, quien tras reconocer también la buena mano para la cocina de su progenitora dijo que el plato favorito de uno de sus hijos era chuleta a la jardinera.

Bey Colón fue una mujer muy luchadora, rindió 30 años de servicio público trabajando como secretaria y en el área de compra de pediatría en el Hospital Universitario. Como el lugar de trabajo no era distante de su casa llegaba caminando.

“Las piernas hay que ejercitarlas, no se puede utilizar carro para todo”, acotó.

Después de su retiro hizo 30 años más de labor voluntaria en el Hospital de Veteranos, donde conoció a sus dos grandes amigas, viudas de veteranos como ella, Margarita Stingson e Hilda Spencer.

“Con ellas viaje por toda Europa y China”, afirmó.

“Les cocinaba. Como yo no guío me venían a buscar y nos íbamos de paseo. No nos perdíamos ni un solo concierto, ni obras de teatro que se presentaran en el Centro de Bellas Artes de Santurce. También frecuentabamos mucho Plaza Las Américas para noveleriar. Fueron unos años muy alegres y bonitos. Ellas murieron y las extraño mucho”, lamentó.

Celebró sus 103 años

“Mi hija Margarita me celebró el cumpleaños en su casa, el 2 de diciembre. Estaba bien contenta, porque me acompañaron mis hijos, nietos y bisnietos. Antes no me gustaba que me celebraran los cumpleaños porque pensaba que después me moría... Ahora le cogí el gustito y me los vienen celebrando desde que cumplí los 90”.

Doña Antonia Bey Colón goza de buena salud. Camina, habla, escucha bien y lee sin usar espejuelos. Ve mucha televisión y está pendiente de la política y del mundo del entretenimiento, porque le encanta la farándula. Tiene una hermosa residencia donde es atendida por sus empleadas y sus tres hijos que siempre están pendientes de ella; la consienten, la llevan de paseo y a cenar.

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Antonia Bey Colón, de pie sus hijos de izq a derecha, Carmen Mercedes, Jorge Armando, y Margarita Ostolaza , sentada.