Su conexión con la urología la compara con el deslumbramiento que ocurre cuando surge un amor a primera vista. “Quedé como cuando ves al hombre de tu vida”, fueron sus palabras. Fue un flechazo que la tomó por sorpresa, porque el interés de Elizabeth Perazza por la medicina iba dirigido a la nefrología. Ella quería ayudar a personas con enfermedades renales porque su padre presentó un fallo renal a los 51 años y al tiempo de un trasplante, falleció.

“Eso es lo que yo tengo en la mente, salvar la vida de todos los pacientes con enfermedades renales”, recordó la doctora en urología, en una posición importante dentro de un hospital en San Juan.

Su anhelo cambió radicalmente tras una mala experiencia en su año de residencia. La enviaron a “rotar” en el área de cirugía en un hospital en Carolina y al llegar, entró a una sala y se encontró con unos cirujanos que estaban en medio de un procedimiento, quienes le cuestionaron su presencia allí, y tras presentarse, la botaron “como un saco de papas”.

Salió de la sala, se sentó en un área cercana, hasta que otro médico la divisó, le preguntó qué hacía allí, y la invitó a acompañarlo porque no tenía estudiante-residente. Fue su primer contacto con la urología.

“Su primer caso era una circuncisión y lo asistí bien chévere, pero el próximo caso era un adulto (no recuerdo si era mujer u hombre) que le estaban haciendo una ureteroscopia, que es que pasan el tubo completito desde la vejiga hasta el riñón para evaluar el riñón por dentro, y ahí quedé como cuando ves al hombre de tu vida”, contó del momento en que internalizó que podía estudiar el riñón, pero desde otra perspectiva.

“Me acuerdo que terminó el caso y le dije con quién yo tengo que hablar, porque yo quiero ser como usted”. El urólogo de entonces quedó igualmente contento con el interés de ella por esa rama de la medicina. Esa actitud no se repitió una vez concentró su carrera en la urología, una especialidad mayormente ejercida por hombres.

“Yo recibí comentarios de compañeros de medicina que me decían, ‘Yo preferiría casarme con una troquera antes de casarme con una uróloga’. Este otro comentario que me lo hizo un urólogo, ‘Me imagino que tu marido duerme con calzoncillos de acero’. Este otro era que la diferencia más grande entre una uróloga y un urólogo es que el urólogo no se preña y no tiene que cogerse sus días por maternidad después que da a luz’”, contó la profesional, casada y madre de cuatro hijos.

La resistencia a ver a una mujer en el área de urología lo observa más entre sus pares, que entre otros profesionales de la medicina.
La resistencia a ver a una mujer en el área de urología lo observa más entre sus pares, que entre otros profesionales de la medicina.

Este tipo de comentarios la han acompañado a lo largo de su carrera profesional de más de dos décadas y se le han presentado de distintas formas, inclusive, en una entrevista de empleo, donde la primera pregunta que tuvo que responder fue si tenía planes de tener hijos. Le tocó, asimismo, llegar año tras año a una convención médica y que recibieran a su esposo como si él fuera el doctor y no ella.

Tales comentarios y actitudes sexistas, indicó, los experimenta mayormente entre sus pares varones en el campo de la urología, no así entre médicos de otras especialidades. Igualmente le ocurre entre los pacientes hombres y mujeres que se muestran inseguros al descubrir que una fémina será quien les opere.

“Un oftalmólogo, por ejemplo, cuando habla contigo y se maravilla, te admira y se queda como, cómo es posible, y tú sabes que ven a uno como si fuera un pedazo de oro de la Palestina. Sin embargo ante el grupo de urólogos, tú eres como una alfombra que ellos pueden pisar como les dé la gana. Los urólogos de este país, en Estados Unidos no”, afirmó.

-¿Es una actitud marcada solo por el machismo o porque les representas una amenaza a nivel profesional?

-La combinación. No saben tratar mujeres colegas. Ellos no saben tratar a una colega. Se sienten amenazados, probablemente se sienten frustrados, porque uno hace exactamente lo mismo que ellos, más encima de eso, carga a los muchachos y tienes que estar pendiente de la casa.

Según Perazza, actualmente en Puerto Rico hay siete urólogas ejerciendo la profesión. Una octava se mudó a Estados Unidos.

Para esta doctora, parece no haber obstáculos que no esté dispuesta a enfrentar. Se nombra fajona y lo mismo barre y mapea, que supervisa a decenas de médicos. “Pedir ayuda y que me supervisen, no me da ningún estrés y menos estrés me da hacerlo”, expresó.

Ese tesón lo nutrió con el tiempo, y a quienes deseen seguir sus pasos rompiendo el mito de que la urología es una práctica de hombres, su consejos es: “Tenemos que ser más expresivas, tenemos que dejarnos sentir”.