“Te adopté”: Ante la disyuntiva de decirles o callar
Las madres y los padres adoptivos experimentan la disyuntiva de cuándo es la mejor edad para hablarles a sus hijos de la adopción

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 10 años.
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El deseo de convertirse en madre es el anhelo más grande para muchas mujeres que no pueden ser biológicamente gestoras de vida.
El proceso de adopción en y fuera de Puerto Rico para algunas resulta ser la única alternativa para lograrlo. Pero muchas veces el proceso suele ser un vía crucis emocional que requiere que el Estado se asegure del bienestar del menor.
Quienes son madres mediante la adopción comparten un sinnúmero de preocupaciones y responsabilidades durante el proceso que van más allá de los compromisos de la maternidad. Por ejemplo, una vez se materializa la adopción existe una preocupación común entre los padres adoptivos que se resume en: ¿debo decirle a mi hijo o hija que es adoptado?
Esa interrogante retumba en la cabeza de las madres adoptivas entrevistadas por Miércoles de Mujer, en especial porque el menor fue adoptado desde bebé. La incertidumbre, el miedo y las consecuencias de comunicar la verdad se apoderan de los pensamientos de quienes abrieron su hogar para regalar amor y ofrecer un nuevo estilo de vida al menor.
“Al fin tengo a mi bebé y vivo la etapa más linda de mi vida porque siempre anhelé ser madre, y mi niña llegó después de tantas cosas que sucedieron. Tengo una gran preocupación y es cuándo debo decirle a mi bebé que ella fue adoptada y cómo se lo voy a decir. Lo único que tengo claro es decirle la verdad desde pequeña; no quiero esperar que sea grande. No sé cómo lo voy hacer”, menciona Liz Rodríguez, (nombre ficticio para proteger su identidad), madre hace seis meses de una bebé que adoptó en Estados Unidos.
“Claro que me da cierto temor la idea de saber que ella reaccione mal”, menciona la madre primeriza.
Rodríguez, quien perdió un bebé y se sometió a fecundaciones in vitro infructuosas, sabe que, según la niña crezca, las interrogantes llegarán, empezando por el físico, ya que no guardan ningún parecido.
No obstante, señala que además de ayudar a formar y encaminar a su hija, desea que la niña viva con la tranquilidad de que conozca sus orígenes, como parte del compromiso que tiene para que goce de un perfecto estado de salud emocional.
La misma interrogante ronda en la cabeza de Stephanie Santiago, que hace cinco meses concretó legalmente el proceso de adopción de una niña en Puerto Rico.
La menor está con ella y su esposo desde los dos días de nacida. Ahora en mayo la niña cumplirá tres años. La historia de Santiago para convertirse en madre puede ser considerada asombrosa dado que biológicamente todas las gestiones para experimentar la maternidad fallaron.
Santiago se realizó en cinco años varios procesos de inseminación artificial, cuatro procedimientos de fecundación in vitro -uno de estos gemelos- y una subrogación gestacional; ninguno se dio.
Luego de estos procesos fue diagnosticada con endometriosis estadio cuatro, pólipos uterinos, cáncer cervical y su esposo fue declarado estéril. Ante este panorama incompatible con la maternidad biológica, Santiago dio por terminado la búsqueda de un bebé biológico sin descartar la adopción, aunque no era un prioridad hace tres años. Su esposo y ella lo habían hablado, pero ante lo experimentado en los primeros cinco años de matrimonio, decidieron darse una pausa a sus deseos de ser padres.
Fue en medio de esa pausa que llegó su chica. Santiago es enfermera del área neonatología de un hospital en Cayey. Su bebé, hija biológica de una mujer adicta, nació con el síndrome de abstinencia neonatal, (un bebé de mamá adicta que está rompiendo en frío) bajo la custodia del Departamento de la Familia. Santiago fue la que recibió a la niña en la unidad de intensivo. Desde entonces, no se ha separado de la menor quien goza de una vida estable y recibiendo terapias para algunos rezagos que presenta en el habla.
Su niña tiene otros hermanos, todos han sido removidos por el Departamento de La Familia y Santiago ha procurado que la niña los conozca aunque todavía no tenga conciencia de que son familia. Igual acepta que la preocupación del día en que le toque comunicar a su hija que existe una madre biológica es algo que ha pensado en muchas ocasiones.
“Ella tiene el derecho a saber que papito Dios no la puso en mi vientre, pero sí en mi corazón y vida. Espero decirle que fue adoptada en la medida que vaya entendiendo. Igual quiero que entienda que su madre biológica no podía criarla porque estaba enferma, y no por otra cosa”, revela la enfermera.
Vital comunicarlo
Para la psicóloga clínica Tainari Dávila, la preocupación de ambas madres es muy genuina y se repite en otros padres que muestran incertidumbre ante la reacción de su hijo o hija.
El deseo que ambas madres expresan, de comunicarlo a temprana edad, es recomendado por algunos profesionales de la salud y conducta humana, según explica la psicóloga.
“Es bien importante que desde el momento que se inicia ese proceso de adopción se sepa que se tiene que comunicar esa información porque es un derecho que tenemos todos los humanos que nos ayudan a formar nuestra identidad”, sostiene Dávila.
La psicóloga clínica aclara que sobre a qué edad se debe brindar la información existen versiones encontradas en la rama psicológica.
“Hay expertos que dicen que se debe empezar a hablar de la adopción desde que son muy pequeños, aunque no entiendan la definición para que sea normal el día que se le comunique. Otros dicen que debe ser entre los cinco a seis años. Pero todos coinciden que debe ser antes de la adolescencia porque es un periodo que se caracteriza por la búsqueda de identidad y debe conocer la verdad desde ante de eso”, indica.
Asimismo estipula que hay otros expertos que recomiendan que sea cuando el niño o la niña “comienzan a preguntar sobres sus orígenes”.
De darse esta etapa, Dávila sugiere que una apertura a este diálogo es cuando el menor pregunta de dónde salen los bebés.
Lo que sí sugiere la psicóloga es que la información se brinde de manera paulatina. Lo primero sería comunicar la adopción y en la medida que el menor entienda se comunique el contexto de si fue una entrega voluntaria, una remoción del Departamento de la Familia o la manera en que se dio el proceso.
Otra de las recomendaciones que hace Dávila es que la información sea brindada por ambos padres, en caso de que la adopción sea de madre y padre y que se evite la intervención de un tercero.
“Todos los niños son distintos y van a reaccionar de manera distinta. Habrá algunos que desean buscar los padres biológicos y mamá y papá deben ayudarlos. Hay otros que se pueden sentir tristes y es natural que los menores hagan preguntas y se les respondan. Entender que el hecho de que el menor quiera buscar a sus padres biológicos no los va a desplazar”, concluye la psicóloga.


