El deseo de  convertirse  en madre  es  el  anhelo más grande  para  muchas  mujeres que   no  pueden   ser  biológicamente gestoras de vida.  

El proceso de   adopción  en y  fuera  de  Puerto Rico  para  algunas resulta ser   la única   alternativa para  lograrlo.  Pero  muchas  veces el proceso suele   ser  un vía crucis  emocional  que  requiere  que  el  Estado  se asegure del  bienestar del menor. 

Quienes  son madres mediante  la adopción comparten un sinnúmero  de  preocupaciones y  responsabilidades   durante  el proceso que  van  más allá  de los  compromisos de la maternidad.   Por  ejemplo, una  vez se materializa la  adopción existe  una  preocupación  común   entre los padres  adoptivos que  se resume  en:   ¿debo  decirle a mi hijo o  hija  que  es adoptado?

Esa  interrogante  retumba  en la  cabeza  de  las   madres  adoptivas  entrevistadas  por  Miércoles  de  Mujer, en especial  porque  el menor  fue  adoptado desde  bebé. La incertidumbre,  el miedo  y  las consecuencias de  comunicar  la verdad se apoderan  de los pensamientos de quienes  abrieron  su  hogar  para regalar amor  y  ofrecer un  nuevo  estilo  de vida   al  menor.

“Al  fin tengo a  mi  bebé  y  vivo la etapa más  linda  de  mi  vida porque  siempre anhelé  ser  madre, y  mi  niña  llegó después  de  tantas   cosas  que  sucedieron. Tengo   una  gran  preocupación   y  es cuándo   debo  decirle a  mi  bebé  que  ella fue  adoptada y  cómo  se  lo  voy a  decir. Lo  único que  tengo  claro  es decirle la  verdad desde pequeña; no  quiero  esperar que  sea  grande. No sé cómo lo  voy  hacer”, menciona  Liz  Rodríguez, (nombre ficticio para  proteger su  identidad), madre hace seis  meses de  una  bebé  que   adoptó   en Estados  Unidos.

“Claro que  me da cierto  temor  la  idea  de  saber que  ella  reaccione  mal”, menciona la  madre primeriza.

Rodríguez, quien  perdió  un bebé  y se sometió a  fecundaciones  in  vitro  infructuosas,   sabe que,  según  la  niña crezca,  las  interrogantes  llegarán,  empezando por  el físico, ya  que  no  guardan ningún parecido.

 No  obstante,  señala  que  además  de  ayudar a  formar y   encaminar a  su  hija, desea  que la  niña viva  con la tranquilidad de que  conozca sus  orígenes,  como  parte  del  compromiso que  tiene  para  que    goce  de  un perfecto estado  de  salud  emocional.    

La  misma  interrogante  ronda  en la cabeza de  Stephanie  Santiago, que  hace cinco  meses  concretó legalmente  el proceso  de  adopción de  una  niña en Puerto Rico. 

 La   menor  está   con ella y  su  esposo desde  los  dos  días   de  nacida. Ahora  en mayo la  niña cumplirá tres  años. La  historia  de  Santiago  para   convertirse en madre puede  ser   considerada  asombrosa  dado que biológicamente todas   las gestiones para experimentar la  maternidad fallaron. 

Santiago se realizó  en  cinco  años varios procesos  de  inseminación artificial,  cuatro procedimientos de  fecundación in vitro -uno  de estos gemelos-  y  una subrogación gestacional;  ninguno se dio.

Luego de  estos procesos fue  diagnosticada con  endometriosis estadio cuatro,  pólipos uterinos, cáncer  cervical y  su  esposo fue declarado estéril. Ante este panorama incompatible con la maternidad biológica, Santiago dio por   terminado la  búsqueda de  un bebé biológico  sin  descartar  la adopción, aunque no  era   un prioridad hace  tres  años.  Su  esposo   y  ella  lo habían hablado, pero  ante  lo  experimentado en los  primeros  cinco   años  de  matrimonio, decidieron darse una pausa a  sus  deseos  de  ser padres.

Fue  en medio de  esa  pausa  que  llegó su  chica. Santiago  es  enfermera  del  área  neonatología   de un  hospital   en Cayey. Su  bebé,   hija biológica   de  una  mujer  adicta,  nació  con el  síndrome  de  abstinencia neonatal, (un bebé de  mamá  adicta  que  está rompiendo en frío) bajo  la  custodia  del Departamento  de la   Familia. Santiago  fue la que  recibió  a   la  niña en la  unidad  de  intensivo. Desde  entonces,  no  se ha  separado de  la  menor quien goza  de  una  vida  estable y  recibiendo terapias para  algunos   rezagos   que  presenta  en el habla. 

Su niña  tiene   otros   hermanos, todos  han sido  removidos por  el Departamento  de La  Familia y Santiago ha  procurado que  la niña  los  conozca aunque  todavía  no tenga conciencia  de  que  son  familia.  Igual   acepta  que la preocupación del día   en que  le toque  comunicar  a  su  hija  que  existe  una  madre   biológica  es  algo que  ha  pensado en muchas ocasiones. 

“Ella  tiene  el derecho  a  saber que papito   Dios no la puso en mi  vientre, pero sí  en mi  corazón y  vida. Espero  decirle que  fue  adoptada en la  medida  que  vaya  entendiendo. Igual quiero que  entienda  que su  madre  biológica  no  podía  criarla porque  estaba  enferma, y no  por  otra cosa”,  revela la  enfermera. 

Vital comunicarlo

Para  la  psicóloga  clínica Tainari  Dávila, la  preocupación  de  ambas  madres  es  muy  genuina y  se repite  en otros  padres que  muestran  incertidumbre ante la  reacción de  su hijo o  hija.   

El  deseo que  ambas madres expresan, de comunicarlo a temprana edad,  es recomendado  por  algunos profesionales  de  la  salud  y  conducta  humana,  según explica la psicóloga. 

“Es  bien  importante   que desde  el  momento  que  se  inicia  ese  proceso  de  adopción se sepa  que  se  tiene  que  comunicar  esa  información porque  es  un derecho  que  tenemos  todos  los  humanos que  nos  ayudan a  formar  nuestra  identidad”,  sostiene Dávila.

La  psicóloga clínica aclara   que  sobre a  qué  edad  se  debe  brindar  la información existen versiones  encontradas  en la rama psicológica. 

“Hay  expertos  que  dicen que  se  debe  empezar  a  hablar  de la  adopción  desde  que  son  muy pequeños, aunque  no  entiendan la definición  para  que  sea  normal  el día  que se  le  comunique. Otros  dicen que  debe  ser  entre  los  cinco a  seis  años. Pero todos  coinciden que debe ser  antes de la  adolescencia  porque  es un periodo  que se  caracteriza  por  la búsqueda de  identidad  y  debe  conocer  la  verdad  desde ante  de eso”, indica. 

Asimismo  estipula que  hay  otros  expertos  que  recomiendan que  sea cuando el niño  o la  niña “comienzan a  preguntar  sobres  sus  orígenes”.

De   darse esta etapa,  Dávila sugiere  que una apertura  a  este  diálogo  es  cuando el menor  pregunta de  dónde  salen  los bebés.

Lo que  sí  sugiere  la  psicóloga  es  que la información  se  brinde  de   manera  paulatina. Lo primero   sería comunicar  la adopción y en la  medida  que  el menor  entienda  se  comunique  el contexto  de  si  fue  una  entrega  voluntaria, una  remoción del Departamento  de  la  Familia  o la  manera   en que  se dio  el  proceso. 

Otra  de las  recomendaciones  que  hace  Dávila  es que la  información  sea brindada  por  ambos  padres, en caso  de que  la  adopción  sea de madre  y padre  y que  se   evite  la intervención  de un tercero. 

“Todos los  niños son  distintos y  van  a reaccionar  de  manera distinta.  Habrá algunos  que  desean buscar los  padres biológicos y  mamá  y papá deben  ayudarlos.  Hay  otros  que  se  pueden  sentir  tristes  y es natural que  los  menores  hagan  preguntas y  se les  respondan. Entender  que  el hecho de que  el menor  quiera  buscar a sus  padres biológicos no los va a  desplazar”, concluye  la  psicóloga.