Por Ivonne Y. Rodríguez Ramos / Para Primera Hora

Una de las etapas más difíciles, y retantes, para los padres es el entrenamiento para lograr que los niños vayan solitos al baño. Es importante que sepan que esta etapa inicia entre los 2 y 3 años de edad, según la escala del desarrollo del menor.

Para ese entonces, el niño debe sentir la necesidad de ir, ser capaz de entender qué significa esta sensación y, a su vez, poder comunicar verbalmente que necesita ayuda para llegar al baño y hacer su necesidad. El esperar que el niño esté verdaderamente listo hará que la experiencia sea más fácil, rápida y placentera.

El pequeño puede aprender con más facilidad ir al baño a orinar, pero ir a defecar puede ser más lento y traumático. Durante el día el entrenamiento puede ser uno fácil, pero hay que tener presente que es normal que en las noches el niño se orine en la cama, común hasta los 5 años.

Cada niño es distinto, así que hay que evitar compararlo con otros pensando que existe un comportamiento normal en este proceso.

Si ya están dando los primeros pasos de esta etapa, ayúdalo a explorar el inodoro e identifica estrategias que le permitan llegar al baño a hacer sus necesidades.

En este proceso es necesario la consistencia y rutina que los padres establezcan. En muchos casos, cuando la salud del pequeño y otras consideraciones importantes no están en riesgo, puedes darte cuenta de que la mayor solución es simplemente esperar hasta que el niño madure.

Para los padres puede ser incómodo cuando se da el atraso en el control de esfínteres (músculo en forma de anillo que conecta determinados conductos del cuerpo), especialmente cuando los niños presentan un comportamiento perturbador, como lo es ensuciar las paredes o armario de forma secreta con la excreta. Además, para niños especiales puede ser muy molestoso manejar los cólicos que se presentan. En muchos casos le cogen miedo y aguantan las ganas de ir al baño.

Esto pudiera traer otras consecuencias de salud. El ocultarse o jugar con la excreta y la resistencia de recibir entrenamiento para ir al baño es una parte común de la infancia temprana que pronto pasará. Es necesario que los padres mantengan la calma y sean pacientes.

En este proceso, papá y mamá pueden ir con un terapeuta ocupacional, cuyo rol es potenciar la autonomía del niño en las actividades de la vida diaria, como también en la escuela. Referente al entrenamiento al baño, este profesional debe hacer una valoración global, es decir el desempeño ocupacional del niño en todas las áreas.

Es importante, además, valorar la movilidad funcional, el acceso a la comunicación y la alimentación. Igualmente, este profesional identificará los aspectos de índole sensoriales, de percepción, cognitivos y motores que dificulten y/o faciliten el desempeño en las diferentes áreas en las que participa el niño.

A partir de ahí se creará un plan de intervenciones para mejorar la participación del niño en sus actividades básicas de la vida diaria como lo es ir al baño. Este plan puede incluir uso de productos, materiales, equipos de apoyo y su entrenamiento correspondiente. También, herramientas y estrategias de manejo para el hogar, que facilitarán al padre establecer una rutina de forma consistente y ayudar al niño en el entrenamiento al baño.

Es importante descartar cualquier asunto de índole médico que pudiera estar interfiriendo con el entrenamiento al baño. En este caso, el terapeuta ocupacional podrá hacer el referido médico que entienda necesario.

(La autora es terapeuta ocupacional. Para más información puede escribir al CPTOPR a: [email protected])