¿Cuán difícil puede ser para un niño o niña asumir los cambios a la vida cotidiana que ha provocado esta pandemia en sus vidas? Si bien es cierto que nos ha cambiado la vida, la niñez ha tenido un impacto directo e indirecto de esta crisis de salud a nivel mundial. El COVID-19 ha llegado a trastocar nuestras rutinas y a sumarle estresores a la vida familiar como lo es la pérdida de empleo de una o más personas del núcleo familiar y aumento en los roles particularmente en las mujeres jefas de familia. A esto se le suma la cantidad de madres y padres que trabajan remoto y que ahora están a cargo de la educación de los menores, para la cual no están académicamente capacitados/as. Por otra parte, miles de madres han tenido que decidir entre el trabajo y el cuidado de sus hijos/as ya que carecen de recursos de apoyo familiar bajo estas circunstancias pandémicas.

Todos estos cambios a la vida y estresores sumados pueden provocar ansiedad, miedo, sentimientos de aislamiento y depresión. De lo que hemos observado desde el mes de marzo hasta la actualidad son niños y niñas con altos niveles de estrés, angustia por el miedo a la enfermedad, muerte o separación de un ser querido y sentimientos de soledad pues extrañan a sus familiares, amigos/as y maestros/as.

Niveles altos de estrés en el hogar y necesidades sociales y emocionales pudieran generar conflictos en la familia y poner en un mayor riesgo de ser víctimas de maltrato en sus diversas manifestaciones, a los menores dentro del entorno familiar. La vulnerabilidad de los menores ante esta situación de pandemia es mucho mayor, ya que no frecuentan espacios seguros como lo son las escuelas y la comunidad, lo que podría imposibilitar, en ocasiones, que alguna persona pueda percibir o identificar alguna señal de maltrato o que un menor pueda levantar la voz de alerta.

A nivel mundial se ha podido observar un incremento en estadísticas de maltrato a menores durante el confinamiento. Es por lo cual, debe ser una prioridad para el estado la protección de la niñez y adolescencia ante la pandemia. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), es imprescindible el establecimiento de mensajes comunitarios adaptados a la niñez sobre las vulnerabilidades y los riesgos específicos que enfrentan en medio de esta pandemia. A su vez, debe ser una prioridad para el estado el desarrollo de campañas masivas de prevención de maltrato y el aumento de recursos de apoyo para la intervención socioemocional y la protección de los niños y niñas. Además, colaborar con las comunidades para identificar estrategias de prevención y respuesta de protección en grupos vulnerables.

La protección de la niñez es responsabilidad de todos/as y más aún bajo estas circunstancias. Para fortalecer la convivencia familiar durante esta cuarentena, las familias pueden implementar estrategias como: establecer una rutina, distribuir equitativamente las tareas en el hogar, establecer espacios de comunicación intrafamiliar con los menores, tener tiempo de calidad en familia para jugar y actividades de entretenimiento, y promover el autocuidado como una práctica imprescindible para el fortalecimiento emocional.

El llamado directo es que si están en una situación de vulnerabilidad en la cual sus capacidades protectoras o manejo de emociones se están viendo afectadas, levante la voz de alerta y pida ayuda. El mensaje para todos los gobiernos es a no separar el contexto social de la pandemia. No podemos trabajar con los asuntos de salud desligando los aspectos socioemocionales. Los seres humanos somos seres integrales y nuestras acciones deben ir dirigidas a fortalecer el bienestar integral de todos y todas.

El bienestar, la salud y la protección de los niños y las niñas debe ser nuestra prioridad.

La autora es trabajadora social y directora ejecutiva del Centro de Apoyo para Víctimas del Crimen. Para información, se puede comunicar al 787-763-3667.