Llegan los meses del verano, el rojo del termómetro empieza a subir y comienza el eterno debate: ¿se dice “el calor” o “la calor”?

Según la Real Academia de la Lengua Española, la forma correcta y recomendada es “el calor”, utilizando el género masculino, pues calor es un sustantivo masculino. Así las cosas, los adjetivos que lo acompañan también deben ser masculinos: “mucho calor” o “calor extremo”.

Sin embargo, si eres de los que defiende a muerte la forma “la calor”, saca pecho porque la historia está de tu lado. Aunque en la escuela nos enseñaron que lo “correcto” y formal es decir el calor (en masculino), usar el femenino no es ningún error de ignorantes.

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Sería, por decirlo así, un viaje en el tiempo: En la época medieval era normal decir la calor, la color o la dolor. Con los siglos, las reglas cambiaron, pero el femenino se quedó en el habla de muchísimas regiones de España y Latinoamérica.

Entonces, recordemos que la gente no aprende a hablar con un diccionario en la mano, sino escuchando a sus padres y abuelos. Entonces, al ser “la calor” una forma que sobrevivió el tiempo en el ámbito familiar y colloquial, se sigue replicando de forma natural en la vida diaria al margen de las reglas de la escuela o de lo que pueda decir la Real Academia.

De otro lado, en el día a día, mucha gente usa “la calor” como una expresión dramática para denotar un calor fuera de lo normal. No es lo mismo decir “está haciendo calor” que quejarte con un “¡uf, qué fuerte está la calor!” (cuando se trata de esos fogajes insoportables que causan que se te pegue la ropa al cuerpo). Se trata de una forma intencional en algunas comunidades para referirse específicamente a un calor extremo, sofocante o insoportable.

Así que ya sabes: formalmente se dice en masculino, “el calor”. Pero, en confianza y cuando el termómetro sobrepasa los 95 grados Farenheit, ¡cada quien sufre las altas temperaturas como quiere!