¿Reconoces las señales del autismo?
Detectarlas a tiempo serán de mucho beneficio al niño y dará a la familia herramientas para acompañarlo de manera informada.

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Detectar a tiempo posibles señales de autismo en bebés y niños pequeños puede marcar una gran diferencia en su desarrollo. El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta principalmente la comunicación, la interacción social y el comportamiento. Aunque cada niño es único y se desarrolla a su propio ritmo, existen ciertas señales tempranas que los padres pueden observar.
En los primeros meses de vida es importante prestar atención a la respuesta del bebé a estímulos sociales. Por ejemplo, un bebé que evita el contacto visual de forma consistente, no sonríe socialmente a los 2 o 3 meses, o parece no reaccionar al escuchar la voz de sus padres podría mostrar señales de alerta.
Asimismo, la falta de balbuceo o sonidos a los 6 meses o la ausencia de gestos como señalar, saludar con la mano o extender los brazos para que lo carguen al cumplir el primer año, pueden ser indicativos de posibles dificultades.
A medida que el niño crece, entre los 12 y 24 meses, otras señales pueden hacerse más evidentes. Entre ellas se encuentran la falta de respuesta a su nombre, poco interés en interactuar con otros niños, dificultad para imitar acciones simples o un retraso notable en el desarrollo del lenguaje.
Algunos niños con autismo pueden repetir palabras sin intención comunicativa o mostrar patrones de comportamiento repetitivos, como alinear objetos o insistir en rutinas muy específicas.
También es importante observar cómo el niño juega. Un juego limitado, repetitivo o poco imaginativo puede ser otra señal. Por ejemplo, en lugar de usar un juguete de manera funcional, el niño podría enfocarse únicamente en girar una rueda o mirar fijamente una parte del objeto.
Además, algunos niños pueden mostrar sensibilidad extrema a sonidos, luces o texturas, o por el contrario parecer poco sensibles al dolor o a estímulos externos.
Ante la sospecha de autismo, el primer paso es no entrar en pánico, pero sí actuar con prontitud. Los padres deben consultar con el pediatra del niño, quien podrá realizar una evaluación inicial del desarrollo. Es importante comunicar de manera clara y específica las conductas observadas, incluyendo cuándo comenzaron y con qué frecuencia ocurren.
De ser necesario, el pediatra referirá al niño a especialistas como neurólogos pediátricos, psicólogos o patólogos del habla y lenguaje para una evaluación más profunda. Un diagnóstico temprano permite acceder a intervenciones especializadas que pueden mejorar significativamente las habilidades sociales, comunicativas y cognitivas del niño.
Existen programas de intervención temprana que ofrecen servicios de evaluación y terapia para niños desde edades muy tempranas. Aprovechar estos recursos puede marcar una diferencia importante en el desarrollo del menor.
Finalmente, es fundamental que los padres confíen en su intuición. Si algo en el desarrollo de su hijo les preocupa, es mejor buscar orientación profesional sin demora.
La detección temprana y la intervención adecuada no solo benefician al niño, sino que también brindan a la familia herramientas para acompañarlo en su crecimiento de manera informada y amorosa.
(La autora es la directora ejecutiva de Fundación Súper Hérores.)

