¿El agua mineral afecta los riñones? Lo que debes saber
El verdadero riesgo no está donde muchos creen.

PUBLICIDAD
La hidratación es uno de los pilares del buen funcionamiento renal, pero alrededor del agua mineral persisten dudas frecuentes: ¿puede dañar los riñones?, ¿es mejor evitarla?, ¿qué bebidas sí representan un riesgo real? La evidencia científica disponible ofrece respuestas claras y matizadas.
Agua mineral: segura para personas sanas
Los estudios actuales coinciden en que el consumo habitual de agua mineral —con o sin gas— no provoca daño renal en personas con riñones sanos. De hecho, en determinados contextos clínicos, puede tener efectos protectores.
Especialistas señalan que el impacto del agua depende de tres factores clave:
El tipo de agua.
Su composición mineral.
Relacionadas
La condición médica específica de cada persona.
En pacientes con antecedentes de cálculos renales, por ejemplo, ciertos tipos de agua pueden incluso contribuir a la prevención de nuevas formaciones.
El caso del agua sulfurosa de Varna
Según se desprende de varios medios especializados en temas de salud, investigaciones realizadas en Bulgaria analizaron el efecto del agua mineral sulfurosa de Varna sobre la función renal.
Los resultados fueron positivos: se observaron mejoras en marcadores como la creatinina y la tasa de filtración glomerular (eGFR), indicadores utilizados para evaluar el rendimiento del riñón.
Los autores concluyeron que este tipo de agua no solo no deteriora la función renal, sino que puede asociarse a parámetros de mejoría en contextos específicos.
Bicarbonato y prevención de cálculos
Otro ensayo clínico comparó el consumo de agua mineral rica en bicarbonato frente al agua común en pacientes con antecedentes de cálculos de oxalato cálcico, uno de los tipos más frecuentes.
Los hallazgos fueron relevantes:
Mayor presencia de inhibidores naturales: El agua bicarbonatada aumentó niveles de magnesio y citrato en la orina, sustancias que ayudan a impedir la formación de piedras.
Alcalinización moderada de la orina: Este efecto puede ser beneficioso en ciertos tipos de litiasis.
Reducción de sobresaturación: Estudios doble ciego confirmaron que disminuye la sobresaturación de oxalato cálcico y puede ser útil para prevenir cálculos de ácido úrico.
Además, investigaciones experimentales con agua de mar profunda equilibrada en minerales han mostrado potencial para reparar lesiones renales gracias a su balance de calcio y magnesio, aunque estos resultados provienen de modelos controlados.
El verdadero riesgo: refrescos tipo cola
Uno de los errores más comunes es equiparar el agua con gas con las bebidas carbonatadas azucaradas. La evidencia epidemiológica distingue claramente entre ambas.
Estudios han encontrado que consumir dos o más refrescos tipo cola al día se asocia con un aumento significativo del riesgo de enfermedad renal crónica —hasta 2.3 veces mayor—. Sin embargo, el problema no radica en el gas, sino en componentes como el ácido fosfórico y los azúcares añadidos.
El agua mineral carbonatada, a diferencia de los refrescos, no contiene estos aditivos, por lo que no se le puede atribuir el mismo riesgo.
Lo que deben considerar personas con enfermedad renal
Aunque el agua mineral es segura en la mayoría de los casos, existen matices importantes:\
Las aguas extremadamente alcalinas y muy ricas en bicarbonato pueden ser útiles para prevenir ciertos cálculos, pero en algunos perfiles clínicos podrían favorecer la formación de otros tipos, como los de fosfato cálcico.
La composición mineral varía según la región y la marca. Revisar el residuo seco y el contenido de sodio es especialmente relevante para personas con enfermedad renal avanzada o restricciones de sal.
Hidratación personalizada
En personas con función renal normal, el consumo regular de agua mineral no está vinculado a daño renal y puede ser una herramienta útil en la prevención de cálculos. No obstante, la recomendación general es adaptar el tipo de agua al perfil clínico individual y consultar con un profesional de salud en caso de enfermedad renal diagnosticada.
Más allá de mitos, la ciencia apunta a un mensaje claro: no todas las bebidas son iguales, y el gas no es el enemigo. La clave está en la composición y en la cantidad consumida.


