En un principio quizás no parezca tan complicado de sobrellevar. Pero, con el pasar del tiempo, puede que convivir con una persona a la que apenas vemos físicamente como consecuencia de los turnos de trabajo resulte algo difícil de tolerar. 

Un horario diurno tradicional suele ser lo ideal para muchos. Pero en un mundo laboral tan competitivo y variado como el que vivimos, esta alternativa no siempre resulta accesible. Por tal motivo, a veces los turnos ofrecidos en una propuesta de empleo no son los más agradables. 

Cuando se vive en una relación de pareja, este aspecto cobra mayor preocupación. ¿Cómo podemos lidiar con la realidad con turnos tan disímiles? ¿Hay posibilidad de que la relación prospere  o   está destinada al fracaso?   

¿Éxito posible?  

Hay que aceptar que “el que los miembros de la pareja tengan horarios de trabajo diferentes, puede representar un obstáculo, más que beneficio en la relación”, responde enfática la psicóloga Omayra Rivera Rivera. “No son muchos los beneficios, pero si  fuéramos a mencionar algunos, diría que tener horarios diferentes promueve el que la pareja se extrañe y de cierto modo (si se trabaja a estos fines)  dedique mayor calidad de tiempo a la relación”.

Ahora bien,  “es una tarea difícil, pero se puede”, aclara la doctora. También explica que “una buena relación de pareja no es aquella que nunca tiene problemas, sino aquella que puede manejar los conflictos cuando estos surgen”. 

Por otro lado, advierte que “el exceso de trabajo afecta las relaciones de pareja y más aún cuando el tiempo que se le dedica a esta no es de calidad. Se llega de mal humor, no se comunican, se pierde la intimidad y, si esto no se frena a tiempo, puede poner  fin a la relación”.

¿Cuáles son las señales que advierten que esta dinámica está afectando los lazos amorosos? “Cuando el único tema de conversación es el trabajo; cuando se discute por tonterías; cuando comenzamos a olvidar fechas importantes como los aniversarios y los cumpleaños”, enumera la psicóloga. Estos ejemplos hacen “evidente que la relación se está afectando”.

A mayor diferencia, mayor distancia

Un par de horas de diferencia quizás no provoque gran roce en la relación. Pero algo es seguro: “a mayor distancia por cuestiones de horario, mayores son los problemas que enfrenta la pareja”, revela la doctora. “Una pequeña diferencia en horarios, digamos de dos o tres horas, no es lo mismo que un horario completo de ocho horas o el que uno de los dos tenga que trabajar fines de semana o días feriados”.

A su vez, aunque hay que considerar la realidad de que “los horarios diferentes pueden convertirse en una barrera para la convivencia”, cabe señalar que “existen parejas que han sobrevivido a este embate”, menciona Rivera Rivera. “El principal problema es la falta de vivencias conjuntas, del tiempo en común para dialogar el uno con el otro”, añade. Hay que tener en cuenta que “en una relación son interminables las decisiones que se deben tomar en conjunto, y esto se dificulta o resulta casi imposible cuando la otra persona no está”. Además, “cuando uno trabaja en un horario diurno y el otro nocturno, el cansancio y el desgaste hacen que las cosas no se vean del todo objetivas, generando así  discusiones”, observa. 

¿Y cuándo hay hijos? 

Como es de suponer, las posibles dificultades no se reducen con la llegada de los hijos. Por el contrario, “el cuadro tiende a complicarse aún más”, señala la doctora. “La imposibilidad de mantener una relación de familia puede desembocar en una gran frustración.  Esto también crea un desequilibrio en las tareas, labores cotidianas y crianza de los hijos, las cuales tienden a recaer en una de las partes, generando así mayores problemas”, analiza Rivera Rivera. 

Necesario actuar

La doctora advierte que “el vacío que se crea por la ausencia de la pareja cada vez se hace más grande, por lo que es necesario establecer un plan de acción”. Si esta situación no se trabaja, “la relación pudiera llegar a su fin”. Y reitera que “esperar demasiado tiempo, pretender que un milagro surja, abre puertas a  la rutina, a sentimientos de vacío, frustración, entre otros”. Esto, a su vez,  “permite que se consideren ‘alternativas’  que pueden ir desde el aumento en el consumo de alcohol hasta la infidelidad”, expone la psicóloga. “La desilusión, la falta de proyectos comunes afecta de manera significativa la relación. Es necesario entonces hacerse consciente de ello y actuar”.

De cara a la realidad 

La psicóloga menciona varios consejos para manejar esta situación:

1. La comprensión y el diálogo se convierten en necesarios, pero no el conformismo. Exige más en tu relación dentro de las condiciones.  Ten presente que la palabra incondicional no se aplica en la relación. Si caes en la dejadez de la relación, levantarla puede ser cuesta arriba o casi imposible.

2. El que una de las partes renuncie al trabajo muchas veces no es una opción. Los problemas económicos también afectan a la pareja de igual forma.  Por tal razón, es necesario diseñar un plan para que el tiempo en que coincidan sea de calidad.

3. La comunicación en pareja, tomar decisiones en conjunto, resulta –más que importante– necesaria.

4.  Separa tiempo para compartir con tu pareja y para actividades que puedan realizar juntos.

5. Pregúntate si el trabajo es compatible con la relación y si vale la pena sacrificar la misma por ese empleo.

6. Evita llevar trabajo a la casa.

7. No descuides la intimidad física.

8. Si tu pareja está atrasada en alguna tarea, dale la mano. Así terminará más rápido y tendrán más tiempo para compartir.

9. Analiza si eres feliz con tu estilo de vida y si tu pareja también lo es. De ser negativa la respuesta, plantéate cómo puedes reestructurar tu estilo de vida y cómo tu pareja puede ser parte de ello.

10.   Aprende a administrar mejor el tiempo. Eviten realizar las tareas del hogar cuando estén juntos. Dividan las mismas de manera que puedan llevarlas a cabo en espacios diferentes y así  no invertir el tiempo común para estos fines.