Pekes inspirados en dibujos de niños
El primer peke de la artista Mildred Lorenzo fue confeccionado hace un año e inspirado en el dibujo de uno de sus nietos.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 14 años.
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Ella ha presenciado cómo hombres hechos y derechos se transforman en niños cuando tienen en sus manos uno de Los Pekes de Abuela que confecciona.
¿Y qué son los pekes? Los muñecos de trapo que elabora desde hace un año la artista puertorriqueña Mildred Lorenzo.
“Yo los pinto, yo los bordo, los coso y lo hago todito”, asegura Lorenzo, quien también pinta acuarelas, acrílicos, dibuja caricaturas, hace prendas, jabones artesanales, cruces, mosaicos de cristal y carteras y lámparas de materiales reciclados, entre otros accesorios.
El primer peke fue la interpretación que la artesana hizo del dibujo de uno de sus siete nietos. “Le pusimos ‘peke’ porque mi hija les dice a sus hijos pekes”, sostiene Lorenzo y añade que, desde entonces, “casi todos (los pekes) son inspirados en dibujos de niños”.
“Mis críticos son mis nietos y mi quality control son ellos, porque ellos son los que los halan, los tiran. Si uno de ellos lo tiró y no se rompió, pues se los puedo vender a otros niños”, comenta entre risas Lorenzo, quien es madre de cuatro hijos.
Rellenos de microfibra de algodón hipoalergénico, estos muñecos se han vendido en tiendas como Kamoli, Lollypop y Ruedo Vintage Boutique, según su creadora. También los ha vendido en ferias de artesanía. Los hay de diferentes formas, tamaños, colores, estilos y precios (desde $10 hasta $60).
“Los pekes son muñecos de trapo que tú puedes apretar y jugar (con ellos). Cada uno tiene su personalidad. Ningún peke es igual (al otro)”, afirma Lorenzo, a la vez que muestra algunas de sus creaciones, como el peke motociclista (con tatuajes y pantallas), el roquero, una jirafa, un gato y una muñeca.
Tan buena acogida han tenido los pekes, que ya se han vendido sobre mil y, para sorpresa de Lorenzo, sus “loquillos” han sido comprados para el uso de personas de diferentes edades. “Yo pensé que esto era para los nenes y terminé conquistando un universo que jamás y nunca me imaginé que iba a conquistar”, manifiesta.
“A los niños de 10 a 14 años les gustan los pekes monstruos. Son muñecos tan actuales, que no los ven como juguetes, ni ellos se ven como nenes chiquitos, sino como algo actual, por eso les gustan”, establece.
La artista comenta que las jóvenes entre las edades de 19 a 30 años y las “mujeres maduras” compran los pekes para decorar sus camas y sus muebles.
“La gente me dice que haga producción en grande (al por mayor) y yo les digo: ‘¿cómo voy a hacer producción en grande, si cada uno tiene un poquito de mí’. Si otra persona lo hace, pues pierde la esencia de que es mío”, dice.
El tiempo que le demora hacer cada pieza es distinto; algunas le pueden tomar dos horas y otras, todo un día. Por otro lado, ha confeccionado pekes por petición y de acuerdo con el gusto del cliente.
Lozano se casó por primera vez con tan sólo 19 años y a sus 24, ya tenía cuatro hijos. Tras graduarse de un bachillerato en ciencias sociales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey, Lorenzo quería estudiar arte, pero, al divorciarse, tuvo que irse a trabajar para mantener a sus retoños.
“Ya los sueños de estudiar arte y de irme afuera, todo eso había pasado a un segundo plano, porque tenía cuatro niños. Ya mi responsabilidad era otra. Mi parte artística se quedó latente, pero no se murió nunca”, acota Lorenzo.
Trabajó por varios años en puestos gerenciales dentro del Gobierno. “Yo me tuve que quedar en el Gobierno para tener los mismos días de fiesta que ellos y tener vacaciones con ellos”, recuerda.
Fueron sus creaciones artísticas las que la ayudaron a empatar la pelea. “Yo pinté camisetas para pagar matrículas. Yo hice reyes de barro para comprar libros. Yo cosía y hacía delantales, cortinas de baño para comprar los patines in-line para los cinco, porque yo también corrí patines con ellos en el Totem”, comenta.
El arte siempre ha sido fundamental en su vida, incluso, uno de los dos trabajos a tiempo parcial que tiene actualmente está estrechamente relacionado con la creación artística.
Desde hace dos años imparte talleres de arte una vez por semana en Casa La Providencia, un hogar que les brinda servicios de albergue y consejería a mujeres en rehabilitación por uso de drogas.
“Casa La Providencia, para mí, es un bálsamo porque hago lo que me gusta. Les enseño costura básica, hacen cortinas para su casa, pajamas, ropa de cama, diademas y accesorios para el cabello”, comparte.
Su otro trabajo es como manejadora de casos de equipo médico en una tienda dedicada a la venta de dichos productos.
Con el tiempo que le sobra de ambos trabajos es que, en un cuarto-taller de su residencia, confecciona sus creaciones artísticas. Además de los pekes, Lorenzo tiene dos colecciones más: Katrueka y Milcaro. La primera es de modernos cojines y la segunda, de mosaicos y pinturas.
Lorenzo concluye que su sueño es “que los pekes se vendan en tiendas de artículos para niños”.

