Hablamos de sexo: Orgasmo femenino, una conversación difícil
“Durante años hemos escuchado que el orgasmo femenino es más difícil, que las mujeres tardamos más o que nuestros cuerpos son simplemente más complicados”.

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Hace unas semanas tuve muchas conversaciones sobre el orgasmo femenino, pues el 8 de agosto se celebró el Día Internacional del Orgasmo Femenino. Y entre conversación y conversación me di cuenta de que todavía había muchas personas que ni siquiera sabían que el orgasmo tenía una fecha en el calendario. Pero más que hablar de la celebración, me parece interesante preguntarnos por qué, 25 años después de que comenzaran a surgir este tipo de iniciativas, todavía necesitamos crear espacios específicamente para hablar del placer de las mujeres.
Te cuento un poquito de historia, porque aunque pudiera parecer una ocurrencia, detrás de la iniciativa había una conversación mucho más seria. En 2001, un concejal de Brasil propuso crear un Día del Orgasmo luego de conocer los resultados de una investigación realizada por estudiantes de la Universidad Federal de Piauí, que señalaba que el 28% de las mujeres de la región tenía dificultades para alcanzar el orgasmo. Para Arimatéia Dantas aquello era más que una simple curiosidad: quería abrir la conversación, romper prejuicios y ayudar a las personas a vivir mejor. Incluso llegó a describirlo como una cuestión de salud pública.
Han pasado 25 años desde aquella iniciativa y podríamos pensar que mucho ha cambiado. Hablamos más de sexualidad, tenemos mayor acceso a información y conocemos mucho más sobre el placer femenino. Sin embargo, la brecha orgásmica sigue existiendo. Un estudio publicado en Archives of Sexual Behavior, con más de 52,000 adultos, encontró que el 95% de los hombres heterosexuales reportó alcanzar el orgasmo usualmente o siempre durante sus encuentros sexuales, frente al 65% de las mujeres heterosexuales. Una diferencia que nos obliga a preguntarnos: ¿por qué todavía existe una distancia tan grande entre el placer de hombres y mujeres?
Durante años hemos escuchado que el orgasmo femenino es más difícil, que las mujeres tardamos más o que nuestros cuerpos son simplemente más complicados. Pero hay otro dato de ese mismo estudio que me parece fascinante: entre las mujeres lesbianas, el 86% reportó alcanzar el orgasmo usualmente o siempre. El cuerpo sigue siendo femenino, pero el contexto sexual cambia. Aunque son muchos los factores que pueden influir en nuestra capacidad para alcanzar un orgasmo, este dato nos invita a cuestionar la idea de que el problema está simplemente en que el cuerpo de la mujer es “difícil”. Quizás tenemos que mirar también qué estamos haciendo —o dejando de hacer— durante nuestros encuentros sexuales.
Cuando miramos qué sucede durante esos encuentros comenzamos a encontrar algunas pistas. El mismo estudio encontró que las mujeres que alcanzaban orgasmos con mayor frecuencia también reportaban prácticas como recibir sexo oral, mayor duración de los encuentros, estimulación genital y una mejor comunicación sobre lo que querían sexualmente. Esto importa porque durante mucho tiempo hemos construido nuestra idea del sexo alrededor de la penetración, dejando todo lo demás bajo la categoría de “juego previo”, como si fuera la antesala de lo que realmente cuenta. Pero para muchas mujeres, precisamente esa estimulación que tratamos como secundaria es una parte fundamental de su placer.
Y aquí tenemos que hablar del clítoris. Aunque muchas veces se reduce a esa pequeña parte que podemos ver externamente, en realidad es una estructura mucho más extensa, cuya función conocida está directamente relacionada con el placer. Para muchas mujeres, su estimulación es fundamental para alcanzar el orgasmo y la penetración vaginal por sí sola no siempre proporciona la estimulación necesaria. Incluso nuestro conocimiento sobre la anatomía y la inervación del clítoris continúa evolucionando. Resulta curioso que durante tanto tiempo hayamos descrito el orgasmo femenino como “complicado” cuando todavía seguimos aprendiendo sobre la anatomía que participa en él. Quizás durante demasiado tiempo hemos intentado entender el placer femenino utilizando un mapa sexual que no fue diseñado pensando en él.
Pero, ¿qué ocurre realmente en nuestro cuerpo cuando tenemos un orgasmo? Mucho más de lo que sucede entre nuestras piernas: Se producen contracciones rítmicas en la zona pélvica, nuestro cerebro libera sustancias relacionadas con sensaciones de placer, bienestar y relajación, y aumentan temporalmente el ritmo cardíaco y la respiración. Aunque solemos pensar en el orgasmo como unos segundos de placer, en realidad es una respuesta en la que participa todo nuestro cuerpo.
Y aunque hasta ahora hemos hablado específicamente del orgasmo femenino, sus efectos en nuestro bienestar no son exclusivos de las mujeres. Hay investigaciones que han encontrado que puede aumentar temporalmente nuestra tolerancia al dolor, mientras otras lo han relacionado con una mejor experiencia de sueño y relajación. Pero tampoco quiero que convirtamos el orgasmo en una receta médica o en otra tarea que tenemos que cumplir para estar saludables. El placer no necesita una lista de beneficios para tener valor.
Quizás por eso aquella idea de hablar del orgasmo como un asunto de salud pública no era tan descabellada. Cuando hablamos de salud sexual no estamos hablando solamente de prevenir embarazos o infecciones de transmisión sexual. La propia Organización Mundial de la Salud incluye dentro de su definición el bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con nuestra sexualidad, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales seguras y placenteras. El placer también forma parte de una sexualidad saludable.
Entonces, ¿por qué todavía tenemos que hablar del orgasmo femenino? Porque 25 años después seguimos viendo una brecha, seguimos escuchando que el cuerpo de la mujer es “complicado” y seguimos tratando su placer como algo secundario. No se trata de convertir el orgasmo en la meta de cada encuentro sexual ni de añadir una presión más a nuestra sexualidad. Se trata de conocer nuestros cuerpos, cuestionar lo que hemos aprendido y reconocer que el placer de las mujeres también merece espacio, atención y conversación. Quizás el verdadero problema nunca fue que el orgasmo femenino fuera demasiado difícil, sino que durante demasiado tiempo nos acostumbramos a que no fuera una prioridad.
(Este contenido tiene fines educativos e informativos y no sustituye una consulta profesional. Si deseas aprender más sobre cómo acompañar a tus hijos en conversaciones relacionadas con la sexualidad, los límites, el consentimiento y las relaciones saludables, puedes encontrarme en redes sociales como @LaylaMParty. Te acompaño en tu camino hacia el bienestar sexual. Para una atención personalizada te invito a agendar una consulta sexológica conmigo. Ámate, explórate y disfrútate cada paso del camino.)


