Hablamos de sexo: Tu cuerpo más allá del orgasmo
La masturbación es una herramienta de conexión, exploración y placer; puede ayudarnos a conocer qué nos gusta, a entender nuestras sensaciones y hasta a mejorar nuestra relación con nuestra sexualidad.

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Vivimos tan rápido que hasta sentir se ha vuelto algo automático.
Nos levantamos pensando en asuntos pendientes, trabajo, mensajes sin contestar, responsabilidades, cuentas... estrés. Y en medio de todo eso, el cuerpo muchas veces termina convirtiéndose en algo que simplemente cargamos. Lo criticamos frente al espejo, lo agotamos, le exigimos y muchas veces hasta lo ignoramos.
Aun así, esperamos conectar con él cuando hablamos de placer. Mayo es reconocido como el Mes de la Masturbación y aunque muchas conversaciones suelen enfocarse únicamente en el acto físico, este año me encontré pensando en algo distinto: ¿de qué vale tocar tu cuerpo si estás desconectado de él?
Porque sí, muchas personas conocen el orgasmo, pero pocas realmente conocen la sensación de sentirse presentes dentro de su propio cuerpo. Y quizás ahí está una de las conversaciones más importantes que no estamos teniendo.
La masturbación es una herramienta de conexión, exploración y placer; puede ayudarnos a conocer qué nos gusta, a entender nuestras sensaciones y hasta a mejorar nuestra relación con nuestra sexualidad. Pero también puede convertirse en algo automático, rápido y completamente desconectado emocionalmente, como tantas otras cosas en nuestra vida. Vivimos en una cultura donde incluso el descanso y el placer parecen tener prisa.
Queremos “llegar” rápido, resolver rápido y desconectarnos rápido del estrés. Y muchas veces llevamos esa misma mentalidad a nuestra intimidad. Tocamos el cuerpo sin realmente habitarlo, buscamos el orgasmo sin permitirnos sentir el proceso.
Y es que el placer consciente va mucho más allá de estimular una parte del cuerpo, también tiene que ver con presencia, con sentirte segura dentro de tu propia piel, permitirte bajar el ruido mental, aunque sea por unos minutos, porque es difícil conectar con el placer cuando vives constantemente en modo supervivencia, ansiedad, con prisa o autoexigencia.
Muchas personas llegan a la intimidad cargando inseguridades, estrés, cansancio mental e incluso desconexión emocional con su propio cuerpo. Se sienten incómodas al mirarse desnudas, se critican mientras se observan en el espejo o sienten culpa por priorizar espacios de placer para sí mismas.
Y aunque pocas veces las conversaciones se centran en esto, la realidad es que la relación que temenos con nuestro cuerpo influye directamente en cómo vivimos nuestra sexualidad. Por eso, hablar de masturbación no debería limitarse únicamente a hablar de orgasmos y vibradores. También debería incluir conversaciones sobre autoestima corporal, presencia y conexión emocional, porque conocerse no es solamente saber qué te gusta físicamente; también implica aprender a escucharte, habitar tu cuerpo sin juicio y a permitirte sentir sin prisa.
A veces pensamos que el placer comienza cuando alguien nos toca, cuando usamos un vibrador o cuando llegamos al orgasmo. Pero la realidad es que muchas veces comienza mucho antes: en la forma en que nos hablamos, en cómo tratamos nuestro cuerpo y en la capacidad de sentirnos presentes dentro de él. El placer es un estilo de vida, no se limita a un acto. Reconectar con el placer también puede verse mucho más simple de lo que imaginamos. A veces comienza desacelerando, respirando, dejando el teléfono a un lado, permitiéndonos sentir sin la presión de “tener que llegar” a algo.
Porque el placer no siempre tiene que tratarse de rendimiento, rapidez o resultados, también puede ser una experiencia de presencia. Y aunque mayo nos invitó a hablar de masturbación, quizas ahora es momento de preguntarnos cómo estamos habitando nuestro cuerpo fuera de la intimidad. Si lo estamos escuchando o solo estamos sobreviviendo dentro de él; si realmente nos sentimos conectados con nosotros mismos o si llevamos tanto tiempo desconectándonos que hasta sentir se volvió automático.
Tal vez por eso, tantas personas sienten dificultad para disfrutar plenamente del placer, incluso cuando desean hacerlo. No porque su cuerpo esté “mal”, sino porque nadie nos enseñó a detenernos, a escucharnos y a relacionarnos con nuestra intimidad desde un lugar más consciente y compasivo. Porque al final, el placer no debería sentirse como otra tarea en la lista de pendientes, debería fluir y sentirse como un espacio seguro donde podamos regresar a nosotros mismos.
Porque conocerte no comienza cuando te tocas, comienza cuando finalmente te permites sentirte.
(Si deseas mejorar tu vida sexual, tu relación de pareja o descubrir más sobre tu propio placer te invito a seguirme en todas las plataformas sociales, me encuentras como @LaylaMParty. Te acompaño en tu camino hacia el bienestar sexual. Para una atención personalizada te invito a agendar una consulta sexológica conmigo. Ámate, explórate y disfrútate cada paso del camino.)

