El calor se siente desde temprano en la mañana. Los abanicos parecen trabajar horas extras, el aire acondicionado ya no enfría igual y al salir de la casa a cualquier hora es mandatorio cargar una botella de agua.

Estamos en pleno verano y para muchas familias esto representa una pausa de la rutina acelerada del año escolar. Los horarios cambian, las actividades disminuyen y de repente, aparecen más oportunidades para compartir tiempo con nuestros hijos. Ya sea entre viajes a la playa, campamentos, tardes de piscina o noches viendo películas hasta tarde, solemos enfocarnos en crear recuerdos. Sin embargo, pocas veces vemos el verano como una oportunidad para fortalecer algo igual de importante: la confianza.

Porque mientras nosotros seguimos viendo a nuestros hijos sentados en la misma mesa, durmiendo en el mismo cuarto y participando de las mismas rutinas de siempre, hay algo dentro de ellos que continúa cambiando. Están creciendo, descubriéndose y construyendo una visión de sí mismos y del mundo que los rodea. Cada día aprenden algo nuevo sobre sus emociones, observan las relaciones que tienen otras personas, forman ideas sobre su cuerpo, desarrollan su autoestima y comienzan a entender cómo quieren relacionarse con los demás.

Y hoy ese proceso ocurre en un mundo donde el acceso a la información es prácticamente inmediato. Nuestros hijos reciben información constantemente a través de las pantallas, de las redes sociales, series, videos, videojuegos, plataformas digitales o simplemente de conversaciones con amigos, información sobre relaciones, cuerpos, límites, afecto, sexualidad y/o autoestima entre otros temas. Y nos guste o no, esas conversaciones ya están ocurriendo, la verdadera pregunta es: ¿vas a formar parte de ellas?

Porque como padres, solemos convencernos de que ciertas conversaciones pueden esperar. Esperamos a que nos hagan la pregunta. Esperamos a que llegue la adolescencia para hablar de sexualidad. Esperamos a que aparezca la primera pareja para hablar de relaciones. Esperamos a que ocurra una situación incómoda para hablar de límites. Esperamos a que surja un problema para abrir un espacio de diálogo. Pero cuando muchas de estas situaciones finalmente ocurren, la realidad es que ya estamos tarde para hablarlo.

Por eso, cuando hablamos de educación sexual, creo que es importante comenzar aclarando algo: no estamos hablando de sentar a un niño frente a un libro sobre posiciones sexuales ni de tener una conversación incómoda sobre relaciones íntimas antes de tiempo. Hablar de sexualidad también es enseñar sobre el respeto, los límites, la autonomía corporal, el consentimiento, la privacidad, las emociones y las relaciones saludables. Y déjame decirte algo, la confianza que queremos que nuestros hijos tengan para acudir a nosotros cuando enfrenten dudas, presión de grupo, relaciones complicadas o situaciones que los hagan sentir incómodos no se construye en medio de la crisis; se construye mucho antes.

Se construye en las conversaciones cotidianas, cuando los escuchamos sin interrumpir, cuando validamos sus emociones, cuando respondemos a sus preguntas sin vergüenza y cuando les demostramos que pueden acercarse a nosotros sin miedo a ser juzgados o castigados.

La realidad es que la educación sexual comienza mucho antes de que nuestros hijos tengan una pareja, experimenten su primer beso o enfrenten decisiones relacionadas con su vida sexual. Comienza cuando les enseñamos que su cuerpo les pertenece, cuando les explicamos que tienen derecho a sentirse cómodos o incómodos, cuando respetamos sus límites y les enseñamos a respetar los de otras personas.

Comienza cuando dejamos de obligarlos a dar abrazos o besos que no desean dar, cuando les enseñamos que pueden decir “no” de manera respetuosa, cuando les explicamos la diferencia entre un secreto y una sorpresa, cuando les enseñamos que ninguna persona adulta debería pedirles que oculten algo que les haga sentir incómodos.

También comienza cuando respondemos sus preguntas con honestidad y de forma apropiada para su edad, en lugar de reaccionar con vergüenza, burlas o silencios incómodos. Porque cuando un niño siente que no puede preguntarle algo a sus padres, creéme buscará la respuesta en otro lugar. Y ese otro lugar muchas veces será internet, las redes sociales o personas que no necesariamente tienen la información correcta ni las mejores intenciones.

La educación sexual no es una conversación única, es una serie de conversaciones que evolucionan junto con nuestros hijos. Conversaciones sobre respeto, autoestima, consentimiento, relaciones saludables, emociones, seguridad y autocuidado. Conversaciones que les brindan herramientas para comprenderse mejor a sí mismos y relacionarse de manera más saludable con los demás.

Este verano, mientras compartimos más tiempo con nuestros hijos, quizás valga la pena hacernos una pregunta sencilla: ¿saben ellos que pueden hablar con nosotros? No si saben que los amamos o si nos preocupamos por ellos, ni si saben que trabajamos duro para darles lo mejor. Pero, ¿saben que pueden acercarse a nosotros cuando tienen una duda, cuando se sienten confundidos, cuando cometen un error

o cuando necesitan orientación sin temor a ser juzgados?

Recuerda la confianza no se construye el día que la necesitamos, se construye en los momentos cotidianos que muchas veces parecen insignificantes. Se construye cuando escuchamos más de lo que hablamos. Cuando hacemos preguntas y permanecemos presentes para escuchar las respuestas. Cuando dejamos espacio para conversaciones incómodas sin reaccionar desde el miedo o la vergüenza.

Nuestros hijos no necesitan padres perfectos. Necesitan adultos disponibles, dispuestos a acompañarlos mientras descubren quiénes son y cómo navegar el mundo que les toca vivir.

Y si algo nos regala el verano, además de tiempo libre y recuerdos en familia, es precisamente esa oportunidad: la de fortalecer la confianza, abrir espacios de conversación y recordarles a nuestros hijos que siempre tendrán un lugar seguro al que regresar cuando necesiten hablar.

Porque cuando un niño o un adolescente sabe que será escuchado, comprendido y acompañado, ya hemos dado uno de los pasos más importantes para protegerlo.

(Este contenido tiene fines educativos e informativos y no sustituye una consulta profesional. Si deseas aprender más sobre cómo acompañar a tus hijos en conversaciones relacionadas con la sexualidad, los límites, el consentimiento y las relaciones saludables, puedes encontrarme en redes sociales como @LaylaMParty. Te acompaño en tu camino hacia el bienestar sexual. Para una atención personalizada te invito a agendar una consulta sexológica conmigo. Ámate, explórate y disfrútate cada paso del camino.)